Viernes, 04 de Diciembre de 2020

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Adagio para instrumentos de viento en tiempos de covid

Los largos meses de pandemia que llevamos, nos han enseñado mucho sobre el comportamiento de las gotículas y los aerosoles que quedan suspendidos en el aire

¿Cómo se protegen de la COVID en conservatorios y escuelas de música?

Sabemos que cuando hablamos alto o cantamos se multiplican las partículas exhaladas y por tanto aumenta el riesgo de contagio, sobre todo en espacios interiores mal ventilados. También se han realizado algunas investigaciones sobre el comportamiento de los aerosoles con instrumentos de viento y el nivel de riesgo que supone para los integrantes de orquestas, profesores y alumnos de música. Conocemos las medidas de prevención que se aplican en colegios, institutos y universidades. 

Un día en el Conservatorio Superior de Música de Valencia, Joaquín Rodrigo

La obra musical Batle Suite fue escrita iniciada la Guerra de los Treinta años, en torno a 1620 e impresa poco después. Su compositor, el organista alemán Samuel Sheidt, difícilmente pudo adivinar que cuatrocientos años después, en una tarde lluviosa de octubre, cinco jóvenes de Llíria, Albal y Valencia estarían interpretando el tercer movimiento, “Canzon Bergamasque”, en una clase de música de cámara.”

A la entrada del aula hay una mesa. Y sobre la mesa gel hidroalcohólico, dos pulverizadores, una caja de pañuelos de papel, una bayeta azul y en la pared un recordatorio de que los últimos minutos de clase han de ser reservado para la desinfección. Carmen Mayo, catedrática de música de cámara: “Tenemos que acabar la clase diez minutos antes para ventilar el aula y cuando terminan, tienen que limpiar sus atriles. Y aquí delante tengo un “paraban” de plástico que nos separa un poco porque ahora hay esa preocupación con los instrumentos de viento y los aerosoles”.

La pantalla de plástico transparente que hay delante de la mesa de la profesora tiene una altura de dos metros. Hay tres ventanales abiertos. Las trompetas, el trombón, la tuba y la trompa están arrimados a las paredes y mantienen entre sí la distancia máxima posible. Gloria, estudiante de trombón dice que "en la música siempre nos han dicho, que cuanto más cerca mejor. Vas a banda y todos estamos juntos, en cámara estábamos todos en el centro, todos pegados porque con el ojo tienes que ver al de al lado. Ahora todo eso se ha perdido. Desde el momento que se puede ir al bar porque la economía tiene que seguir, todo tiene que seguir. Nosotros necesitamos estar aquí. El miedo está, pero no puedes dejar de hacer tu vida. Yo, dentro de lo que cabe, doy gracias de poder venir al centro”.

“El principio de septiembre fue muy caótico porque habían estado seis meses que no se habían visto y vinieron todos con unas ansias de verse” / Severino Donate

Al pie de cada alumno hay una papelera de plástico. Es de uso obligatorio para instrumentos de viento metal. La saliva y la humedad condensada debe ser evacuada en una bolsa. Vicente López, estudiante de tuba de primer año: “De normal, echábamos el agua al suelo y ya está. Ahora hemos aprendido a echar la saliva y la condensación del instrumento en una papelera, que siempre es más limpio que la costumbre de echarlo siempre al suelo”.

"Tenemos dos negacionistas que se niegan a ponerse las mascarillas"

En el edificio del Conservatorio Superior de Música de Valencia conviven 700 alumnos, 140 profesores y personal administrativo entre ocho y media de la mañana y nueve de la noche. La institución nació hace más de 140 años. En sus orígenes los alumnos estaban separados por sexo. El nombramiento de una mujer como profesora de solfeo, causó tal revuelo, que se redactó un nuevo reglamento donde se especificaba que era imprescindible ser hombre para formar parte del personal docente. Hoy lo dirige María Dolores Tomás Calatayud, primera catedrática de flauta en España: “El principio de septiembre fue muy caótico porque habían estado seis meses que no se habían visto y vinieron todos con unas ansias de verse”.  Pero vamos aprendiendo y ahora está todo un poco más calmado. Pero siempre hay profesores y alumnos que no están conformes. ¿Y por qué no habéis hecho esto y por que no habéis puesto esto? Llegamos a donde llegamos. – Pues yo no voy a ir… - Pues bueno, ponte un buzo, yo que quieres que te diga, esto es lo que hay. Luego, la utilización de las mascarillas, tenemos dos negacionistas que se niegan a ponerse las mascarillas. Y yo lo respeto, pero no pueden entrar en clase".

Inmaculada Sánchez, directora del Instituto Superior de Enseñanzas artísticas de la Comunidad de Valencia. “No hay certezas. Y como no las hay, entiendo la angustia, la desazón que tienen los equipos directivos o el profesorado. Ahora, cuando venga el frío, si tenemos que tener las ventanas abiertas y se enciende la calefacción, ¿qué es lo que va a pasar? Es que la partículas del virus se quedan en suspensión y entonces que si los filtros EPA , los extractores… Y tu dices, fantástico en un informe. Pero claro, eso trasladado a un centro tiene que estar muy clarito lo que se puede hacer y lo que no”.

Productos desinfectantes, ventanas abiertas, tres mamparas de plástico transparente entre alumnos

Accedemos a un aula donde un cuarteto de saxofones trabaja sobre una obra de Claude Debussy compuesta originalmente para instrumentos de cuerda. La escenografía se repite: productos desinfectantes, ventanas abiertas, tres mamparas de plástico transparente entre alumnas y la profesora detrás de la mesa.

Cristina Aguilera, violonchelo en el quinteto Casulana y catedrática de música de cámara: “En todas las clases de música, pero en concreto en música de cámara, se requiere mucho del contacto visual y emocional. Tienes que tener un acercamiento muy directo. A veces lo consigues con la palabras, a veces con tu instrumento. Y otras muchas veces, físicamente porque a veces necesitas acercarte a esa persona para suscitarle. Y ahora eso no lo tenemos. Para mí no hay nada peor que tener que dar clase de música y de cámara detrás de una mesa. Es estar en una pequeña cárcel. “

Elvira Romaguera, saxo alto, tercer curso: "Estamos cada uno en una punta del aula con una mampara en medio. Muchas veces en los pianos no te escucha bien, tienes que volver a repetir, no nos entendemos , lleva mascarilla, no ves realmente qué quiere expresar… Ensayar también es muy difícil”.

Productos desinfectantes, ventanas abiertas, tres mamparas de plástico transparente entre alumnos son la imagen constante en cada aula / Severino Donate

El tiempo asignado en las cabinas de ensayo se ha limitado, por no tener espacio suficiente y por el tiempo necesario para airearlas, limpiarlas. Los prestamos de instrumentos del conservatorio, cuenta Gema Plaza, saxo barítono, se han restringido por los riesgos que conlleva ser compartidos por distintos alumnos.

Alma Gonzalez, saxofón soprano: “Estamos enseñándonos a aprovechar el tiempo, exprimir al máximo las horas con el profesor de instrumento. Que tienes menos rato de clases, pues intentas quedarte con lo máximo que puedes, ir almacenando mucha información y luego en casa echar muchas horas”.

El problema de dividir la banda en dos

Ensayo de la banda del conservatorio. Sobre los atriles las partituras de la obra Aurora, compuesta durante el estado de alarma de la pasada primavera por el estudiante de composición, Jesús Orón. Hay paneles de separación repartidos por toda la sala de ensayo para evitar los aerosoles que puedan desprender los instrumentos. Dirige el ensayo, Jesús Cantos, catedrático de dirección de orquesta: “Es una banda numerosa, somos por lo menos 70. En esa clase sólo podíamos estar 30 personas por lo que ha habido que partir la banda en dos. El problema de dividir en dos bandas más pequeñas es que no todos los instrumentos están equilibrados. Por ejemplo, hacen falta tres trompetas y solamente hay una , tres trombones y solamente hay uno. Los otros vienen en el otro turno y nos causa ese malestar. Pero por otra parte creo que hay que sacar cosas buenas de todo lo que pueda venir mal. Esto obliga a que cada uno de los que estamos aquí active más sus sentidos y busque a otras personas que están más lejos", explica

Máster de canto de la catedrática Gloria Fabuel: “El alumno está un poco más distante de mí de lo habitual. Me cuesta no acercarme al alumno, lo intento. Luego, aquí en el conservatorio tenemos la suerte de tener un edificio con unos ventanales enormes. En esta aula hay tres y los tenemos siempre abiertos. Ahora veremos cuando llegue el invierno, pero estamos prácticamente como si fuera al aire libre.” Recibe clases la soprano Carmina Sánchez, especializada en música antigua: “Es verdad que ella, antes del COVID, siempre te ayudaba con la posición de la mandíbula, corrigiendo la posición de la boca y está tocando. Pero eso ahora no lo puede hacer y lo explica más con las palabras y está siendo más difícil dar clase” Y añade Gloria Fabuel: “Cuando mi alumno está cantando, trato de acompañarle al piano, pero yo no soy pianista ni profesora de repertorio, yo soy profesora de canto. Mi instrumento es la voz y yo tengo que poder hacerle los ejemplos. No creo que se pueda dar clase de canto con mascarilla, sinceramente. De esta manera nos vamos arreglando. Y de hecho no hemos tenido ningún caso y ningún problema.”

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