Lunes, 25 de Enero de 2021

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¿Por qué nos vuelven locos los flamencos rosas?

Javier Polo dirige el documental 'The mystery of the Pink Flamingo', una reflexión sobre la cultura pop y la tendencia kitsch, además de la búsqueda de nuestra propia identidad

Fotograma del documental 'The mystery of the Pink Flamingo'

Fotograma del documental 'The mystery of the Pink Flamingo' / Japonica Films

Probablemente el título de este falso documental nos recuerde, irremediablemente, a la excéntrica ‘Pink Flamingos’, esa creación de John Waters estrenada en 1972 y convertida hoy en día en toda una obra de culto. Y, aunque Javier Polo no sigue la estela del cineasta estadounidense como tal, sí que bebe de sus conocimientos y testimonios (de hecho, Waters es uno de sus entrevistados estrella) para armar este misterio que le obsesiona: ¿por qué el flamenco se ha convertido en un icono kitsch? 

“Es un poco autobiográfico. Allá por 2015 fue cuando empecé a poner el foco en los flamencos y era como cuando te das un golpe en el pie y todos los golpes van ahí. Al final es como que la vida se ríe de uno mismo y a mí me gusta ver eso desde otro punto de vista”, señala Polo sobre la decisión de llevar a cabo esta historia como un híbrido entre documental y ficción. Para ello, cuenta con el musicólogo Rigo Pex, que da vida al protagonista sobre el que el valenciano vuelca su obsesión: un técnico de sonido que siempre viste de negro y que encuentra su verdadera identidad a través de todos los personajes con los que se cruza en su búsqueda del flamenco.

Porque, en realidad, ‘The mystery of the Pink Flamingo’, que llega el viernes 20 de noviembre a Madrid tras su paso por los cines de Valencia, va mucho más allá del querer conocer este animal tan estético y curioso. Sí, en la superficie encontramos una reflexión sobre el mundo mainstream, la cultura pop de los últimos años y la tendencia kitsch (estilo artístico vulgar y pretencioso, de mal gusto); pero si escarbamos un poco encontramos que también es una reflexión sobre por qué necesitamos agarrarnos a iconos para conseguir encontrar nuestra propia identidad. “Hay un claro debate en el propio documental sobre lo superficial y lo profundo, y hay ejemplos muy claros. Por un lado tenemos a la Pink Lady, cuyo universo rosa es un producto y, aunque sea válido en el sentido comercial, no tiene trasfondo; y por otro lado encontramos personajes como Eduardo Casanova que han tenido conflictos internos y que nos cuentan sus procesos creativos y sensibilidades. Es decir, la película muestra los dos lados del flamenco en ese sentido”. 

Lo cierto es que es innegable su relación con lo kitsch y el mundo de la decoración en general pero, como toda tendencia, el flamenco también se ha ganado a sus haters. En los últimos años es notable que cuando aparece una moda, rápidamente aparece otra consistente en odiarla, hasta el punto de no saber cuál de las dos llega a ser más generalizada. En el film, Javier Polo lo ejemplifica a través del humor y una camiseta en la que se puede leer “I hate flamingos”, y es que como él mismo nos explica en entrevista: “¿Qué haríamos sin los haters? El flamenco se ha ganado a muchos porque está hasta en la sopa. Yo mismo tengo una relación de amor-odio con ellos, así que había que dar un espacio a ese sentimiento que, además, nutre ese debate entre lo superficial y lo profundo”. 

Un debate enriquecido por testimonios de otros personajes como Allee Willis, exitosa compositora de temas tan míticos como ‘September’ de Earth, Wind & Fire; y por una estética visual colorida y llamativa diseñada junto al director de fotografía y hermano del director, Guillermo Polo, con el que decidió la paleta de colores a utilizar y el estilo de rodaje de las entrevistas: “Es bastante innovador. Usamos tres cámaras, pero dos de ellas las borramos en postproducción porque están entre los dos personajes.”. En relación al color, explica Javier que, evidentemente, han subido los rosas en etalonaje, un color que define al documental y emerge como hilo conductor visual del mismo. Un color que, además, va intrínsecamente ligado a la definición de kitsch. “Utilizar el rosa para contar historias grotescas, que teóricamente está muy asociado a lo femenino y que es un color que trae calma y paz, genera controversia y un debate necesario sobre lo que tenemos que entender como bueno o malo y cómo la sociedad nos empuja a clasificarlo de esa manera”, concluye el valenciano.

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