Miércoles, 02 de Diciembre de 2020

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Reinserción social

Ángeles Pérez, toda una vida acogiendo a presos

Comenzó su andadura hace más de 40 años. Hoy es la presidenta y el alma de APROMAR (Asociación Pro Recuperación de Marginados)

Su nombre es Ángelez Pérez. Nacida en Sorihuela del Guadalimar, un pequeño pueblo de Jaén hace casi 80 años, en el seno de una familia humilde de agricultores. Comenzó a trabajar como costurera con apenas quince años pero sus inquietudes y su gran corazón la llevaron por un camino que nunca imaginó. Hoy lleva cuatro décadas dando un hogar y esperanza de futuro a presos que se encuentran de permiso o a aquellos que ya han cumplido condena, han salido de la cárcel y no tienen adónde ir.

Todo comenzó hace cuarenta años: “Quiero vivir un voluntariado de verdad, hacer algo que me llene”, se dijo. Ángeles empezó ayudando en la Parroquia Nuestra Señora de la Estrella (Madrid). Un día el párroco pidió voluntarios para ir a las cárceles y ella se ofreció. El primer centro que visitó fue el reformatorio de jóvenes de Carabanchel y, nada más pisarlo, se dio cuenta de que su sitio estaba allí. Le destrozó la incapacidad de comprender el sufrimiento de aquellos chicos y decidió ayudarlos. Eran años muy duros en los que miles de jóvenes cayeron en el abismo de la droga, en los años ochenta la heroína causaba estragos y sacudió la vida de toda una generación. Tres años después creó su asociación, APROMAR (Asociación Pro Recuperación de Marginados), que desde entonces no ha dejado de crecer.

“Ojalá Dios quiera darme mucha vida y mucha energía para seguir con este proyecto”, explica. Según datos de Instituciones Penitenciarias, en España hay actualmente alrededor de 50.000 presos y, en términos generales, el 31% volverá a delinquir cuando salga en libertad. Aunque las condenas deben estar orientadas a la reeducación y a la rehabilitación no siempre son efectivas. Las terapias que los reclusos reciben en los centros penitenciarios son muy genéricas, poco individualizadas y escasas. La falta de recursos y la masificación dificultan también el éxito de muchos programas. La reinserción social es el motor de lucha de Ángeles, dar esperanza y una oportunidad a todos los expresidiarios que quieran empezar un nuevo camino. Desde que la asociación nació ha dado apoyo a miles de personas. Su labor tiene lugar “durante y después del cumplimiento de la pena, añadiendo la acogida en las casas como elemento de reinserción”. Cuenta con seis pisos de acogida propiedad del IVIMA (Instituto de la Vivienda de Madrid) además de un almacén y algunos vehículos para el transporte de alimentos y mercancías. “Hay que trabajar dentro y fuera. Una vez que han salido, no puedes dejarles desamparados. Muchos no tienen nada y descarrilan, delinquen de nuevo”, afirma.

Los comienzos de APROMAR fueron muy difíciles pero, afortunadamente, nunca estuvo sola, siempre contó con el apoyo de su familia (su marido, Fernando, es el secretario de la asociación) y con el de un equipo de trabajadores y voluntarios que luchan con el mismo coraje que ella. Ángeles Guerrero lo advierte: “Sin la experiencia del sentir, del dolor, es imposible ayudar.” La reinserción es una de las asignaturas pendientes de nuestra sociedad, cerramos los ojos para no verla. Por eso ella siempre intenta hacerte partícipe del sufrimiento de aquellos que se han arrepentido de cometer un delito, o un asesinato, y del largo y tortuoso camino que tienen que emprender tras ese arrepentimiento. Las personas que asoman por sus historias te dejan sin aliento, te retuercen el corazón: “Salen de prisión y no tienen adónde ir, no tienen trabajo, no tienen familia ni amigos. No tienen nada y merecen una oportunidad.” Lo tiene muy claro: “Me parto la cara por ellos”.

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