Domingo, 17 de Enero de 2021

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El fenómeno Maradona no hay que entenderlo, hay que vivirlo

Se le pintó, se le cantó, seguro que desde ayer llevan tarareando la canción de Calamaro, y se le escribió, pero quizás nadie como Eduardo Galeano

Cadena SER

Queda poco por decir sobre la figura de Diego Armando Maradona, alguien tocado por una especie de gracia que lo convirtió en un ícono como hay pocos en la historia. El por qué no es tan sencillo. ¿Cómo se explica esa facilidad para arrastrar a las masas, para dejar huella allí por dónde pasaba? Porque realmente a lo largo de su vida, demasiado corta, escenificó también las peores miserias del ser humano. Pero da igual, a Maradona se le perdonó todo, quizás porque nos permitió pensar que incluso Dios tenía defectos.

Estas últimas horas he escuchado tantos elogios como a gente arrugar la nariz por todo lo que se decía sobre Maradona, el fenómeno Maradona no hay que entenderlo, hay que vivirlo y compartirlo. Hay muy pocas personas capaces de hacer feliz a tanta gente. Uno puede ser el mejor jugador del mundo, pero serlo y compartirlo, eso, no lo hace cualquiera.

Maradona lo hizo y ese fue también su pecado. llegó tan arriba, le querían tanto, que nunca pudo alejarse de la gente, esa gente, esa fama que le sacó de la miseria de un barrio de Buenos Aires pero que también le llevó a los infiernos, porque Maradona puso mucho de su parte para morir tan joven.

Todos tenemos nuestro momento Maradona, todos nos hemos quedado pegados al televisor al verle jugar o al ver como conseguía enloquecer a sus seguidores, en Argentina, por supuesto, pero también en Nápoles o en Sinaloa, descubrí hace poco una serie documental sobre su paso como entrenador por esta localidad mexicana, y me di cuenta que no había perdido su aura.

Maradona sacó lo mejor de los narradores futbolísticos. Se le pintó, se le cantó, seguro que desde ayer llevan tarareando la canción de Calamaro, y se le escribió, pero quizás nadie como Eduardo Galeano: “Maradona se convirtió en una suerte de Dios sucio, el más humano de los dioses. Eso quizás explica la veneración universal que el conquistó, más que ningún otro jugador. Un Dios sucio que se nos parece: mujeriego, parlanchín, tragón, irresponsable, fanfarrón"

Y es que Maradona se parecía tanto a la gente.

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