Jueves, 21 de Enero de 2021

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Irene Escolar, en defensa del oficio y las mujeres silenciadas

La actriz protagoniza, junto a Oriol Pla, 'Dime quién soy', la adaptación televisiva de la novela de Julia Navarro que estrena Movistar

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¿Qué tenían estos personajes para que os interesara participar en esta serie? No sois actores de elegir cualquier proyecto…

-Risas- Yo creo que la envergadura de todo. La calidad de producción, lo que te ofrece Movistar, el entusiasmo del productor y la novela de Julia Navarro por supuesto. En mi caso, pues el recorrido súper rico e interesante que vive este personaje por tantos países de Europa en un periodo histórico muy determinado. Todo el crecimiento que hace, la búsqueda de su propia identidad y de la libertad hacía de este personaje algo muy estimulante, muy rico de hacer, era un reto para mí. Y sobre todo, estar sostenida por Eduard Cortés y por un montón de actores de muchos países que han dado mucha riqueza a la serie, ha sido un gran partido de tenis.

Además de la novela, ¿cómo ha sido tu propio proceso de investigación y documentación? Imagino que, entre otras, las sufragistas, Clara Campoamor, Las Sinsombrero… La serie empieza en una época política muy importante

Empezamos en los años 30 y llegamos hasta la caída del Muro de Berlín. Para los primeros capítulos y para entender un poco, sí que me leí un libro muy interesante de la mujer de Rafael Alberti, que la descubrí en ese documental estupendo de Las Sinsombrero. Tenía una vida que en muchas cosas me recordaba a la vida de Amelia Garayoa y me sentí muy identificada y también muy sorprendida por la potencia oculta y tan poco posible de verse. Estamos ante mujeres con un talento enorme, poetisas, escultoras, filósofas, grandes intelectuales, que no tenían voz de ningún tipo. No deja de ser Amelia una mujer que abandona todo, que abandona a lo que supuestamente está predestinada para buscar su propio camino. Eso es un gran acto de valentía y más en ese momento. Me parecía una suerte poder meterme en ese lugar, en esa piel.

En tu caso Oriol, ¿qué te daba el personaje? Tiene esa parte de espía, esa contradicción con el aire canallita francés. Se nota que te lo has pasado bien

Había una parte también de trabajar con Irene, porque la admiro un montón y tenía muchas ganas de compartir esa parte creativa con ella, construirlo en equipo. De este personaje, a mí me encanta el reto de las capas, de descubrir las diferentes partes, de entrar como alguien muy luminoso pero luego jugar con las diferentes caras que tiene cualquier ser humano. Eso hace que te puedas acercar y alejar del espectador, que te quiera y te odie y acabe aceptándote tal y como eres. Ese reto me encantaba.

Las series abarca muchas décadas. Desde los años 30 con ese feminismo frente a unos políticos que no querían a las mujeres en política, con lo que sus intereses nunca podían estar representados, y la extrema derecha, ¿cómo se lee en la actualidad con la mirada de 2020?

Siempre hay algo de intentar, cuando haces esa época, de buscar más información. Leí mucho sobre la experiencia en los gulags, el libro de Stefan Zweig sobre el siglo XX, como abarca tantas décadas, quería buscar relatos humanos de lo que fue ese momento. Lo que creo que es difícil es encarnar lo que fue en aquel momento muchas de estas cosas que tuvieron que vivir. Y la única forma de entender eso es reflexionando cómo tú vives este momento. Hay mucha disparidad en muchas cosas, evidentemente, porque ha cambiado todo mucho, la tecnología ha determinado a peor nuestro comportamiento social. Es difícil encontrar una comparación, a mí me costaba encontrar eso porque hemos cambiado mucho como sociedad. Yo lo hice a través de esta documentación y estos libros. Uno de ellos, que me recomendó Julia Navarro, se llama ‘Mujeres en la nieve’ y son relatos de mujeres que pasaron por estos campos de concentración en la Unión Soviética, sobrevivieron y narran sus experiencia vitales en estos lugares. También el libro ‘El hombre en busca de sentido’, de Viktor Frankl, sobre un psicólogo que le meten en un campo de concentración nazi y luego escribe un libro sobre esto, sobre su experiencia como psiquiatra en esto. Hay que buscar la esencia, con el miedo podemos conectar, qué es el miedo, qué es el miedo a perder, a que todo se tambalee.. No tiene nada que ver con vivir una guerra, pero ahora con la pandemia sí tiene que ver con una pérdida de nuestra libertad de alguna manera, un desconcierto total, un miedo a no saber qué va a ocurrir. En este sentido, hay ciertos paralelismos, y uno fundamental, que también marca el siglo XX, es el miedo. El miedo a lo desconocido, el miedo a unos poderes que controlan nuestra existencia y la fragilidad como seres humanos dentro de todo eso.

Hablabas de los cambios de la tecnología, ahora inexplicablemente las redes sociales se han conectado con el oficio de actor, e incluso lo determinan en algunos casos, vosotros que sois actores casi de método, con formación teatral… ¿sentís que vuestra generación le ha perdido el respeto al oficio de actor?

Oriol Pla: Yo sí lo creo -suspira- Yo empecé haciendo teatro de calle con mi familia cuando tenías 6 años y he conocido a muchos payasos, a mucha gente del circo y de la danza. El circo es evidente, o trabajas o te caes. Y si te caes, te partes. Y el payaso solo puede serlo el que ha sido trapecista y ya no puede serlo porque está lesionado o tiene 70 años, le da igual todo, y conecta con lo más vivencial, con los niños con esta tecla que nos toca a todos… Eso es una cuestión de oficio, de artesanía, de paciencia, de cariño. Hay una entrevista de Pedro Casablanc en la que decía que antes para ser actor había que leer, y ahora parece que no es necesario.

Irene Escolar: Esa puntualización del parece, sigue siendo necesario. La mayoría queremos ir a ver historias en las que hay alma y recorrido intelectual en las personas que las están interpretando. Y eso tiene que seguir estando presente. Quiero pensar que las cosas están como confusas, pero que en el fondo todos sabemos que hay mucho trabajo detrás del talento…

Oriol Pla: El talento por sí solo no es nada, hay que actuar

Irene Escolar: Claro, por sí solo no es nada. Detrás de las grandes interpretaciones hay mucho trabajo, y eso es bastante evidente, pero vivimos, a este nivel, en una sociedad muy artificial y muy absurda, pero yo pienso que todo siempre cae por su propio peso.

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