Sábado, 27 de Febrero de 2021

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"La vacuna no llegará a tiempo a todo el mundo": la colisión por las patentes sacude la desigualdad norte-sur

Un estudio del Centro de Innovación de DUKE, en EEUU afirma que en los países de bajos ingresos la vacuna no llegará hasta el año 2024; un fuerte contraste con los países ricos que o ya han empezado a vacunar o lo harán a lo largo del año 2021

Esta desproporción entre países acentúa las ya conocidas desigualdades norte-sur, tanto que India o Sudáfrica ya han pedido a a la Organización Mundial del Comercio (OMC) que suspenda los derechos de propiedad intelectual, tecnología y demás sobre las patentes de COVID-19 para así trazar una mejor distribución

Un estudio que lleva la firma del Centro de Innovación de DUKE en EEUU calcula que las mayoría de las personas que viven en los países con bajos ingresos tendrán que esperar hasta 2024 para vacunarse. Mientras aquí, el año que está a punto de empezar será el de la vacunación masiva. Por su parte, en los países en vías de desarrollo 2021 seguirá siendo un año de pandemia, porque solo una de cada diez personas tendrá acceso a la vacuna. Esas son las estimaciones que barajan en estos momentos en Amnistía Internacional. Esta brecha, que ya es una realidad, es la consecuencia de que las naciones ricas - que representan apenas el 14% de la población mundial- hayan comprado hasta el 53% de las vacunas que parecen ser más eficientes.

India o Sudáfrica ya han elevado una petición a la OMC para que se suspendan los derechos sobre patentes de COVID-19 y así intentar que el reparto del desarrollo sea más equitativo. Esto es, liberar las patentes para que haya un acceso más igualitario a medicamentos y por supuesto vacunas. En este tramo de 'Hora 25' hablamos con Irene Bernal, investigadora de Acceso a Medicamentos de Salud por derecho, una fundación que trabaja defendiendo el derecho a la salud y que está especializada en el acceso universal a los medicamentos. También con Massimo Cermelli, profesor de Economía de Deusto Business School y Miriam Alía-Prieto, responsable de Vacunación y Respuesta a Epidemias de Médicos sin Fronteras.

Derecho a la salud y acceso a las medicinas 

Irene Bernal considera que "va a ser muy difícil que llegue la vacuna a tiempo a todo el mundo" precisamente por no liberar patentes de vacunas contra el COVID. Bernal asegura que no se trata de "cocinar una tarta, sino cocinar muchas" para que la vacuna llegue a todo el mundo en tiempo y forma.  

Hemos hecho un acaparamiento de vacunas por parte de los países ricos. La vacunación para la población española está asegurada. Las capacidades de producción de las compañías son limitadas y en una situación como la de ahora, todavía más. Va a ser muy difícil que llegue la vacuna a tiempo a todo el mundo. 

La exención que han propuesto India y Sudáfrica es que la producción, manufactura, suministro y demás sea compartido. Que la producción a gran escala sea mucho mayor y que no solo sean unas pocas las que produzcan. 

Aquí no se trata de hablar de una tarta, sino de cocinar muchas tartas. Al final tiene que llegar a todo el mundo. Estamos intentando facilitar que llegue. En algunos casos la distribución puede ser compleja, o nos protegemos todos o no vamos a proteger a nadie. 

A lo largo de esta semana veremos cómo derivan las conversaciones. Hay una cuestión sencilla. Asumir la voluntad política de que durante un periodo se suspendan las patentes de forma voluntaria lo que puede traer consigo es generar un marco político en los países en el que las transferencias no sean exclusivas o no estén basadas en la exclusividad. 

La COVID-19 si nos ha dejado algo es un esfuerzo financiero muy importante por parte de los estados. Algunos han apostado por encontrar soluciones inmediatas a esto que después se ha transferido con éxito a las compañías. Pero también han participado organismos públicos, que han contribuido a que las cosas funcionen. Si estamos en el punto en el que estamos es por la colaboración de una gran cantidad de actores. A veces me cuesta ver el riesgo, ese que nos trasladan las compañías. Además hemos garantizado la compra por anticipado. 

Hemos enviado cartas al Gobierno, pero no ha habido respuesta. No hemos tenido suerte. Ahora tenemos una oportunidad encima de la mesa para hacer frente a esta desigualdad. Esperemos que esto suponga una reacción. Es importante que ahora se dé un paso al frente. Entre todas las partes se puede llegar a una conclusión. 

La liberación de patentes

Por su parte, Massimo Cermelli defiende que es precisamente mediante las patentas con las que se consigue la inversión necesaria para desarrollar una vacuna porque se ha demostrado que "si se concentran los recursos en un determinado sector podemos conseguir cosas casi milagrosas". 

Una patente promociona la innovación. Si no hubiera patentes es como si en una clase no pusiéramos notas. Las patentes permiten que la inversión llegue donde tiene que llegar y sobre todo que las farmacéuticas tengan un incentivo. Las empresas que invierten a veces pierden dinero, es decir, un riesgo que asumes hoy igual se transforma en rentabilidad en el futuro. 

El tema es que si ahora mismo decimos que vamos a suspender las patentes, si tuviéramos que enfrentarnos a una nueva enfermedad lo que veríamos es que las empresas están desincentivadas. Las empresas no tendrían incentivo. Es antieconómico, rompe los esquemas de incentivos. Si somos capaces de concentrar los recursos en un determinado sector, podemos conseguir cosas casi milagrosas. Para poder hacer estas inversiones, necesitamos incentivos. Esos incentivos se hacen a través de patentes. No se trata de explotación, sino respetar los derechos de quienes han invertido. 

Las enfermedades que permanecen

Lo cierto es que hay muchas enfermedades con cura que todavía generan importantes estragos entre la población de países con rentas bajas o medias porque solo hay unos pocos laboratorios que producen una vacuna. "Hay niños que han fallecido porque no tenían acceso a una vacuna al tener que pagar precios imposibles", asegura Miriam Alía Prieto, de Médicos Sin Fronteras. 

Algunas enfermedades que son comunes a todos los países, hemos sido testigos que muchos niños han fallecido porque no tenían acceso a una vacuna porque mantenían unos precios imposibles de pagar ya que había solo dos laboratorios que los producían. La tuberculosis resistente por ejemplo no llega a los países con mayor prevalencia porque son muy caros. Y también tenemos el tratamiento histórico del VIH con laboratorios que bloqueaban la producción de genéricos y no permitían la llegada a países del África Subsahariana. En países con ingresos medios están en un limbo muy complicado. 

Nosotros de momento no tenemos acceso a las vacunas más avanzadas a precios que podamos pagar las ONG. No hay ninguna garantía de que podamos acceder a estas vacunas. 

La epidemia se ha desarrollado de forma diferente en diferentes países. Es arriesgado decir dónde va a ser más necesario, pero en zonas como Sudáfrica o India con rentas medias será complicado. Hay 60 millones de refugiados internos que no están en la lista de población prioritaria y son poblaciones que nos preocupan porque no hay garantía de que les llegue la vacuna

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