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'La señora Dalloway', la mujer que Virginia Woolf se negó a ser

Leer y seguir los vericuetos de Clarissa Dalloway el día que organiza una fiesta es un placer absoluto desde la primera línea

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Virginia Woolf nació en Londres el 25 de enero de 1882 y murió el 28 de marzo de 1941, ahogada en el río Ouse, al que se lanzó con los bolsillos llenos de piedras. Al fallecer su padre, el conocido hombre de letras sir Leslie Stephen, Virginia y su hermana Vanessa abandonaron el elegante barrio de Kensington y se trasladaron al bohemio Bloomsbury, que dio nombre al brillante grupo literario formado alrededor de las hermanas Stephen.

En 1912, Virginia se casó con Leonard Woolf; años después, fundaron y dirigieron juntos la editorial Hogarth Press. Considerada como una de las autoras más revolucionarias e imprescindibles del siglo XX, entre sus obras más importantes cabe destacar 'Al faro', 'Orlando' o 'Las olas'.

'La Señora Dalloway', su cuarta novela, se publicó el 14 de mayo de 1925 en Hogarth Press. Es una novela asombrosa, difícil e inteligente. Leerla y seguir los vericuetos de Clarissa Dalloway el día que organiza una fiesta es un placer absoluto desde la primera línea.

El complejo mundo interior del ser humano

'La señora Dalloway' es el fruto de un proyecto ambicioso, una novela en donde Virginia Woolf explora el comportamiento del ser humano y su complejo mundo interior. James Joyce publicó 'Ulises' en 1922, novela que relata un solo día en la vida de un hombre ordinario, en Dublín. Woolf hace lo mismo en 1925, pero elige a una mujer, como protagonista, y la sitúa en Londres.

Clarissa Dalloway ya había aparecido como personaje en su primera novela de 1915, y luego aparecerá también en una colección de cuentos publicada en 1923 'Mrs. Dalloway en Bond Street'. Es, por lo tanto, un personaje recurrente en su obra y en esta novela tiene pinceladas suyas: ella también sufre de dolores de cabeza, tiene la misma edad de la autora cuando escribe la novela o la relación con los maridos es muy parecida.

Entre los aspectos técnicos de la novela está el llamado "flujo de conciencia": la manera de explicar de Virginia Woolf lo que ocurre por las mentes de sus personajes, aunque siempre como narradora omnisciente, es decir, no como un monólogo interior. La influencia de Freud, que provocó un rechazo del realismo objetivo, descriptivo y externo tan propio de la literatura del siglo XIX, y un desvío hacia la introspección, el darle la vuelta al alma de dentro para fuera, fue determinante en la búsqueda de Virginia Woolf de una voz propia.

Virginia Woolf revolucionó el arte narrativo de su tiempo

Como señala Mario Vargas Llosa 'La señora Dalloway' fue la primera de las tres grandes novelas con las que Virginia Woolf revolucionaría el arte narrativo de su tiempo, creando un lenguaje capaz de fingir persuasivamente la subjetividad humana, los meandros y ritmos escurridizos de la conciencia. Su hazaña no es menor que las similares de Proust y de Joyce, a las que complementa y enriquece con un matiz particular: el de la sensibilidad femenina.

En 'La señora Dalloway' la realidad ha sido reinventada desde una perspectiva en la que se expresan no exclusiva pero sí principalmente la idiosincrasia y la condición de la mujer. Y son, por eso, las experiencias femeninas de la historia las que más vívidamente perduran en el recuerdo del lector, por la verdad esencial que parece animarlas.

"A veces, en las obras maestras que inauguran una nueva época en la manera de narrar, la forma descuella de tal modo sobre los personajes y la anécdota que la vida parece congelarse, evaporarse de la novela, y desaparecer devorada por las palabras y el orden o desorden de la narración. En 'La señora Dalloway' no sucede nada de eso: el equilibrio entre la manera y la materia del relato es absoluto y nunca tiene el lector la sensación de estar asistiendo a lo que también es el libro, un audaz experimento; únicamente, al delicado e incierto tramado de ocurrencias que protagonizan un puñado de seres humanos en una cálida jornada de verano, por las calles, parques y viviendas del centro de Londres. La vida está siempre allí, en cada línea, en cada sílaba del libro, desbordante de gracia y de finura, prodigiosa e inconmensurable, rica y diversa en todos sus instantes y posturas".

La maestría de Woolf al alternar el estilo indirecto libre y el monólogo interior

"El repliegue en lo subjetivo es uno de los rasgos del narrador; otro es desaparecer en las conciencias de los personajes, transubstanciarse con ellas. Se trata de un narrador excepcionalmente discreto y traslaticio, que evita hacerse notar y que está saltando con frecuencia —pero siempre, tomando las mayores precauciones para no delatarse— de una a otra intimidad.

Cuando existe, la distancia entre el narrador y el personaje es mínima y constantemente desaparece porque aquél se esfuma para que este lo reemplace: la narración se vuelve entonces monólogo. Estas mudanzas ocurren a cada paso, a veces varias en una misma página, y, pese a ello, apenas lo advertimos, gracias a la maestría con que el narrador lleva a cabo sus transformaciones, desapariciones y resurrecciones. ¿En qué consiste esta maestría? En la sabia alternancia del estilo indirecto libre y del monólogo interior, y en una alianza de ambos métodos narrativos".

María José Vidal Castillo señala que la vida de Virginia Woolf hubiera sido mucho más sencilla si se hubiera conformado con ser lo que la sociedad londinense de principios del siglo XX esperaba de una mujer de su clase. Pero Virginia no era así, y lo supo desde muy joven. Ella jamás podría ser como la señora Dalloway. Porque no podía evitar sentir, amar y pensar por sí misma y, además, necesitaba escribir, a pesar de la limitación, que ella misma reconoció, de que “tenía los sentimientos de una mujer, pero solo el lenguaje de los hombres”. Clarissa Dalloway representa la mujer que Virginia se negó a ser: la que renuncia a sus propios sentimientos por hacer lo correcto, por casarse con el hombre adecuado y por asumir el papel de perfecta anfitriona de Westminster que por posición le corresponde.

En este artículo hemos citado varios fragmentos de 'La vida intensa y suntuosa de lo banal', capítulo dedicado a 'La señora Dalloway' en 'La verdad de las mentiras' de Mario Vargas Llosa, publicado por Alfaguara.

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