Lunes, 14 de Junio de 2021

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Doña Felisa, la mujer que se cayó de una película de Berlanga

Mire, esa que pasa por ahí es Doña Felisa Ruiz, natural de Manresa. Su andar tiene la particularidad de ir derramando un tenue rastro de pasodoble. Cualquier parecido con la realidad es, bueno, ya saben

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Pues señora, esto es Madrid, no una ciudad española cualquiera, una ciudad española y libre. Y esta es su plaza con más renombre, la Puerta del Sol. Las cosas más importantes suelen ocurren aquí.

La plaza, como puede ver, tiene estatua ecuestre, parada de metro, tren de cercanías, zapatería, bancos, obras pintorescas, tienda de ordenadores, un oso para hacerse fotos y una fuente de la que no se puede beber, pero a cambio hay un reloj que da bien la hora. Este es el edificio de la Real Casa de Correos, sede del gobierno de la Comunidad de Madrid, con un balcón desafortunadamente en desuso, teniendo en cuenta el empaque que daría a los muy elocuentes discursos de su presidenta.

Doña Felisa Ruiz, natural de Manresa

Mire, esa que pasa por ahí es Doña Felisa Ruiz, natural de Manresa. Su andar tiene la particularidad de ir derramando un tenue rastro de pasodoble.

Sigámosla y así va familiarizándose con su habitantes y costumbres. Felisa viene a la plaza a comprar un galló de ración (siempre tuvo aspiraciones burguesas). En el bolso que lleva agarrado entre brazo y costado guarda el teléfono, un pañuelo de tela perfumado, las pastillas para la tensión, el monedero y un estuche de colorete. Ya se habrá dado cuenta de que Doña Felisa es una mujer en blanco y negro y necesita empolvarse los pómulos con frecuencia para no llamar la atención.

¿Por qué es una mujer en blanco y negro? Le cuento

Una pareja de guardia civil la encontró deambulando por una carretera de la comarca de Alcázar de San Juan en el invierno del año 1962. Desorientada y en mal en estado, la llevaron a unos corrales de ganado donde sabían que estaba el veterinario. El hombre, alarmado por lo que vio en aquella mujer, mandó avisar a las autoridades y Doña Felisa fue trasladada de urgencia a Madrid por orden del delegado general.

En el Hospital Provincial le hicieron todo tipo de pruebas, pero sólo encontraron luces y sombras, elementos que, por otra parte, nunca faltan en nuestras vidas. Pero es que, en el cuerpo de Doña Felisa, no hallaron más. Quiero decir que no tenía huesos, ni carne, ni sangre, ni páncreas, ni estómago, ni corazón. Inmediatamente se pensó en Satanás. Pero la aparecida demostró que podía rezar el rosario sin echar espuma por la boca y no fue necesaria la abjuración del obispo.

Entonces se recurrió a espías americanos disfrazados de comunistas. Y descubrieron que Doña Felisa era un personaje de figuración de una película de cine: Plácido.

El traslado de una película que descubrió un misterio

Según la reconstrucción de los hechos, el traslado de la copia de la película desde el Teatro Cine Crisfel de Alcázar hasta el Cine Teatro Principal de Tomelloso se hizo en motocarro. La carretera era muy bacheada y con el vaivén, Doña Felisa se desprendió del rollo y fue rodando hasta la cuneta sin que se dieran cuenta.

El celuloide, ya lo saben, es un material muy inestable. Es famoso el caso de “Solo ante el peligro”. En aquella ocasión, el conductor del coche de línea juntó los rollos de una película americana y otra española en la misma saca. Cuando ya en la sala, Gary Cooper debía entrar por la puerta batiente del salón Ramírez para pegarle un puñetazo a un insolente, apareció Pepe Isbert. Los americanos se lo tomaron mal, llamaron a consultas al embajador y para calmar a La Casa Blanca hubo que modificar el Pacto de defensa de Madrid y añadir más bases americanas.

Pero volvamos a la historia de doña Felisa. La copia defectuosa de la película Plácido se localizó en un teatro cine de Tarazona de la Mancha, provincia de Albacete. Y hoy se conserva aquí, en los Archivos de la Filmoteca Española. Veamos con detenimiento la escena original en buen estado.

Corresponde al final de la subasta a la que asisten familias pudientes para escoger un pobre al que invitarán a cenar esa Nochebuena. Presten atención a la mujer que pasará con marido y con hombre pobre por detrás de la actriz Amelia de la Torre y José Orjas, el notario en la película. Esa no. La segunda. Ahora. Volvamos atrás. ¡Ahí! ¿La han visto?

Ahora proyectamos la copia defectuosa. Dejemos la imagen fija. ¿Ven? La mujer al fondo con pobre ha desaparecido. Solo se ve una sombra. Y si comparamos los fotogramas originales que se conservan con la imagen actual de Doña Felisa sesenta años después, no hay duda de que es la misma mujer.

Hoy, Doña Felisa Ruiz camina por las calles de Madrid sin que nadie repare en ella, pero hace sesenta años, era una celebridad.

Escoltada por motoristas, policías a caballo y carrozas bellamente engalanadas, desfiló por las calles de ciudades y pueblos de toda España. Los periódicos y emisoras de radio anunciaban su llegada.

“¡¡¡LA TAUMATÚRGICA MUJER FÍLMICA!!!”

Las corresponsalías de medios extranjeros expandían la noticia.

“¡¡¡EL SOBRECOGEDOR FANTASMA CELULOIDAL!!!”

Los teatros programaban pases especiales.

“¡¡¡LA VENUS QUE ESCAPÓ DEL CINEMA!!!”

Todos la reclamaban.

Felisa, protagonista en muchos eventos

Hemos revisado los archivos del NODO. Recuperamos algunos fragmentos donde se la puede ver participando en muy diferentes eventos. Aquí, Doña Felisa acompaña al director Luis García Berlanga a recoger el premio Triunfo de 1962. En estas imágenes, la van a ver ahora… ahí está. Hace el saque de honor en un partido de fútbol benéfico.

Durante aquellos meses de fulgurante éxito participó en los más variopintos actos: como madrina en la botadura de un barco. Y por supuesto en el Festival de cine de San Sebastián. La verán ahora, rodeada de admiradores.

Reparen en esa escena. Es el 18 de julio del año 1963. Doña Felisa saluda al dictador Franco. Pero los ye-yes ganaron terreno, el SIMCA-1500 tomó las calles, Claudia Cardinale estaba por todas partes, llegaron las cintas de casete y los turistas en chanclas. Y el interés por Doña Felisa se perdió y acabó disolviéndose en la normalidad.

Desenfocada en la Madrid actual

¿Y qué más quiere que le cuente de Doña Felisa? No se mete en política y sólo cree en el garrote vil y San Dimas, aunque con la pensión tan corta que les queda a los incorpóreos, no tiene para ir al cine y el teatro y debe conformarse con las misas y fiestas de guardar.

No todos los días le salen buenos. Hoy, ya casi mediodía, primavera avanzada del año 2021, en esta ciudad de embozados, cañas a la madrileña y vacunas, se siente un poco desenfocada. Si por lo menos estuviera Don Luis.

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