Sábado, 27 de Noviembre de 2021

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Jane Campion revisita el wéstern y la masculinidad en 'El poder del perro'

La directora neozelandesa, ganadora de la Palma de Oro por 'El Piano', trae a Venecia una propuesta perturbadora y bella sobre los hombres y la tierra que estrenará Netflix

Fotograma de 'El poder del perro', película de Jane Campion que compite por el León de Oro en el Festival de Venecia de 2021

Fotograma de 'El poder del perro', película de Jane Campion que compite por el León de Oro en el Festival de Venecia de 2021 / NETFLIX

La debilidad es cuestión de perspectiva, viene a decirnos Jane Campion en El poder del perro, adaptación de la novela de Thomas Savage, que va a publicarse en unos días por fin en España. En su primer filme desde 2009, la primera directora en ganar la Palma de Oro en Cannes, se adentra en un wéstern deconstruido sobre hombres, masculinidades y juegos de poder, que ha dejado boquiabierta la crítica en el Festival de Venecia.

Pocos realizadores tienen la capacidad de Campion para releer historias, para contar con una mirada única y especial que se sitúa en puntos y perspectivas que hasta antes nadie se había posicionado. Nadie ha hablado mejor del amor y la renuncia de las mujeres como lo hizo ella en El piano, su gran obra maestra. O de las musas y la poesía, como en Bright Star, ni nadie ha reivindicado a las mujeres artistas como la Campion en Un ángel en mi mesa, su ópera prima. 

En El poder del perro cuenta la historia de dos hermanos y socios que viven y trabajan en un rancho en Montana en 1924. No tienen nada que ver. Uno es tierno, tímido y poco viril para lo que se espera de un hombre en esa época y en ese lugar, es el actor Jesse Plemons, a quien por primera vez Campion le da un personaje más allá del villano asqueroso que ha venido interpretando hasta ahora en títulos como El irlandés, El vicio del poder o Judas y el mesías negro. El otro es atrevido, fornido, alto, insolente y provocador, un retrato formidable del actor británico Benedict Cumberbatch. Forman el tándem perfecto, hasta que el primero se casa con Rose, una delicada mujer viuda que trae a la hacienda a su hijo adolescente y afeminado.

Mucho se ha hablado en los últimos meses del nuevo wéstern, con obras tan interesantes que hablan del aquí y el ahora en el imaginario del oeste, como Noticias del gran mundo de Paul Greengrass, o First Cow de Kelly Reichardt, o incluso que introducen los códigos del wéstern en historias ambientadas en la actualidad, como la ganadora del Oscar Nomadland, de Chloé Zhao, jurado en esta edición de Venecia.

Campion usa la cámara, los movimientos, el punto de vista, el paisaje y la iluminación para mostrar varios tipos de ser hombre, pero también el erotismo, la violencia soterrada hacia las mujeres. El poder del perro es una coreografía perfecta de cómo sucede el bullying en el marco de un wéstern. El conflicto con los indios, el trato a los animales y la naturaleza, la diferencia de clases o la homosexualidad -en un acercamiento inteligente a Blockback Mountain-, completan esta poliédrica e intensa película que se verá en plataformas, concretamente en Netflix.

Hay dos temas más en El poder del perro que nos interpelan con el momento presente, son esa dicotomía entre nostalgia y traición, que la directora mezcla con elegancia en la que es su primera película con un protagonista masculino. Y es que si algo tiene Campion es que ha forjado y construido un lenguaje cinematográfico plenamente femenino, emotivo y emancipador, que se ha centrado en cómo las mujeres han estado oprimidas. Por eso es tan curiosa la propuesta que nos hace ahora, la de mirar con esos mismos ojos a los hombres, justo cuando la masculinidad está en el centro de todo debate.

En realidad, lo que ha contado Campion en sus películas es la inadaptación social. Ya sea por una acusación no veraz de esquizofrenia hacia la escritora Janet Frame, como ocurría en Un ángel en mi mesa, o el mutismo de Holly Hunter en El Piano. Es la incapacidad de comunicar y de poder ser de las mujeres en la sociedad patriarcal, como le ocurre en este último trabajo a Kristen Dunst, dos veces casada y dos veces arrinconada y acosada y dada a la bebida. Lo que añade es a un tipo de hombre que también es alienado en este régimen masculino y capitalista que en ese incicipiente siglo XX empieza a forjarse. Sin embargo, en Campion hay esperanza, porque la condición de debilidad es el paso previo para crear toda una fortaleza y para poner en duda todas las relaciones de poder. Como diría Foucault, detrás de un poder hay un contrapoder. Y Campion lo sabe.

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