Despidan al entrenador
"Nada se parece al despido de un entrenador de fútbol: es carísimo y vulgar, una mezcla de tragedia y placer"

Madrid
Nada se parece al despido de un entrenador de fútbol: es carísimo y vulgar, una mezcla de tragedia y placer. A veces necesitas una buena frase antes de ponerlo de patitas en la calle, del tipo «perdóname si te amé», o «Cometimos el error de hacerlo demasiado bien desde el primer día». Jesús Gil, por ejemplo, asimilaba el despido del entrenador a beber una cerveza. «Puedo echar a 20 en un año. Hasta cien si hace falta», decía. Le gustaba redondear. Qué eran cien cervezas al año, además. No es fácil ser técnico. Te cuestiona todo el mundo: la directiva, la grada, a veces tus jugadores. El argentino Pancho Villegas contaba cómo uno de sus entrenadores improvisó una vez una charla táctica en una comida. Agarró lo que había en la mesa: vasos, cucharas, corruscos de pan…, y explicó a la plantilla: «Tú eres esta botella, que se la pasas a él, que es la cucharilla, que abre a banda, donde estás tú, que eres este vaso…». En unos pocos toques el míster metió un golazo con el salero. El partido parecía ganado. Entonces Villegas le hizo una de esas observaciones que te cuestan el banquillo: «Mire que en el gol el rival tenía un jugador menos». El entrenador arrugó la frente y contó. «Qué raro», dijo, «estaba seguro de haber alineado a once». «Sí, pero es que yo me comí un bollo sin querer», confesó Villegas.




