A vivir que son dos díasLa píldora de Enric González
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Violencia

"No hay que ser feminista, ni siquiera inteligente, para comprender que la violencia contra las mujeres (desde el reptiliano "la maté porque era mía" hasta la simple amenaza genérica, esa que hace que tantas mujeres hagan con miedo el camino de vuelta a casa) está ahí y no puede aceptarse"

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Madrid

Yo comprendo que algunas personas de derechas puedan sentirse incómodas frente al feminismo. Porque el feminismo, y disculpen que me meta en este jardín, es de izquierdas. No sólo porque propugna un cambio estructural en la sociedad, sino por su propia morfología: es, como la izquierda, propenso a las divisiones internas, a los maximalismos y a arrogarse la superioridad moral. Esto último, creo yo, porque la tiene, como a veces le pasa también a la izquierda.

Me cuesta más comprender las razones de quienes se muestran indiferentes a la violencia machista, o incluso la niegan, alegando que las mujeres cometen también actos violentos. Este asunto es de primero de Epi y Blas: más, menos, mucho, poco. No hay que ser feminista, ni siquiera inteligente, para comprender que la violencia contra las mujeres (desde el reptiliano “la maté porque era mía” hasta la simple amenaza genérica, esa que hace que tantas mujeres hagan con miedo el camino de vuelta a casa) está ahí y no puede aceptarse.

La realidad es la realidad. Y esta realidad hay que cambiarla. Creo que antes de discutir sobre los detalles, todos deberíamos de estar de acuerdo en eso.

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