Sábado, 22 de Enero de 2022

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Una vida sin sabor: tratamiento para recuperar el gusto y el olfato

Los contagiados de Covid-19 pueden tardar hasta 60 meses en volver a oler o saborear

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Cristina perdió el gusto y el olfato en marzo de 2020, cuando comenzó la pandemia y se contagió de coronavirus. Hace un año, cuando llevaba ya seis meses sin poder saborear la comida, decidió que era el momento de buscar soluciones. Fue entonces cuando empezó un tratamiento para rehabilitar el olfato en el que sigue a día de hoy. "Se nota mucho a nivel social, pierdes las ganas de salir a comer con amigos, de probar nuevas comidas, de interaccionar, al fin y al cabo", afirma Cristina que, desde hace un año y medio, le ha sido "imposible" hacer una vida normal.

De los más de cinco millones de contagiados por coronavirus en España, entre el 40 y el 60 por ciento han perdido el gusto y el olfato. La mayoría, en alrededor de un mes, han recuperado los sentidos una vez pasada la enfermedad. Sin embargo, hay una minoría de un 20 por ciento, como Cristina, que puede estar hasta entre tres y cinco años sin oler o saborear, según la Sociedad Española de Neurología.

Esta enfermedad recibe el nombre de anosmia y, aunque no es un trastorno nuevo, sí es un síntoma llamativo desde marzo de 2020. El otorrinolaringólogo del Hospital Ruber Internacional, Adolfo Toledano, explica que es una pérdida de olfato que se recupera de "forma muy lenta", en años, y que "la persona comienza a notar las primeras mejoras entre 18 y 36 meses". Hasta los 60 meses, es decir, casi cinco años, no vuelve a tener la capacidad olfativa que la Covid-19 le quitó. Por eso, el Ruber Internacional lleva a cabo un tratamiento del olfato con el que pretenden que este proceso "sea más rápido".

Nieves Martínez, una de las terapeutas, cuenta que el proceso consiste en "evaluar a los pacientes, diagnosticar su punto más débil, dónde están las mayores dificultades del olor y entrenarlos". El Hospital ha imitado la técnica que siguen los catadores de vino para afinar el olfato. Las sesiones van evolucionando desde los olores más característicos, como pueden ser unos langostinos, hasta los más parecidos, como el café y el cacao. De esta forma, comprueban si el porcentaje del olfato del paciente va creciendo o se mantiene. También incluyen olores que les resulten familiares a sus pacientes, como el perfume de su pareja o hasta el de una goma de borrar o la tierra mojada.

Toledano asegura que el no tener este sentido afecta mucho al día a día, desde "no poder disfrutar de una copa de vino con amigos, hasta sentir inseguridad por no poder olerte ni a ti mismo". Cristina afirma que está siendo un proceso muy "frustrante". Lleva ya un año con el tratamiento, viene desde Burgos cada dos meses solo para acudir a las sesiones. Sin embargo, también cuenta que cuando reconoce un olor de nuevo o vuelve a saborear, siente alivio al saber que poco a poco sus sentidos "volverán a ser los que eran".

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