Jueves, 27 de Enero de 2022

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"Tengo 23 años y me he gastado 7.000 euros en operaciones estéticas"

Cada vez más jóvenes de entre 18 y 25 años pasan por quirófano

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Rafael Muñoz tiene 23 años, ha pasado dos veces por quirófano y se ha inyectado ácido hialurónico. Su familia no lo entendió, pero a día de hoy él no se arrepiente de haberse gastado 7.000 euros en esas intervenciones. "Es la mejor decisión que he tomado en mi vida. Ahora es mi familia la que se ha ido subiendo al carro de la medicina estética", bromea Rafael. Su caso encaja con lo que se encuentran los cirujanos plásticos en las consultas. La Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SEPCRE) ha detectado un aumento de los pacientes de entre 18 y 25 años. Nélida Grande, vicepresidenta de Estética de la SEPCRE, apunta que este aumento ha sido progresivo y advierte que es llamativo dado que no tienen los recursos económicos para hacerlo.

La cirujana Pérez Sevilla ha notado también cómo ha subido la demanda entre los jóvenes: "Ahora estamos viendo más pacientes en la veintena que consultan por cirugías para aumentar el labio y retocar la nariz. Algunos son incluso menores de edad. Por otro lado, aumenta la demanda de los pacientes de 50 años que quieren parecer más jóvenes. Quieren tener una buena competitividad laboral, frente a los más jóvenes que llegan pisando fuerte".

Rafael Muñoz trabaja ahora en una clínica de medicina estética y comprueba que los jóvenes cruzan la puerta o contactan a través de las redes sociales para encontrar solución a las partes del cuerpo que les acomplejan. En algunos casos, lo que piden no se puede hacer o no es necesario. "En la clínica donde yo trabajo se rechazan a diario tratamientos porque realmente no existe una necesidad real de hacerlo. De hecho, cuando les pides una fotografía te sacan una foto suya con un filtro de Instagram", explica Muñoz. La situación se repite en la clínica de la doctora Pérez Sevilla: "Toca decir no y además es que debemos decir no. No les haces ningún favor operándoles. El fin último de nuestra profesión es dar felicidad, dar autoestima y, si de verdad quieres mirar por el bien de estos pacientes, muchas veces, aunque sea duro para ellos, hay que decir no".

Xesca Román es psicóloga clínica y por su consulta están pasando personas que tienen una peor percepción de su cuerpo desde que estalló la pandemia. "Me parece muy saludable querer mejorar alguna parte de nuestro cuerpo, querer mejorar la nariz o los pómulos, querer mejorar las mamas o el abdomen. Pero cuando hay un profundo rechazo, ya hay una patología. Por tanto, toca hacer un trabajo psicológico", aclara Román. Detectar un comportamiento patológico no es fácil, pero sí hay algunas pistas que permiten averiguar si una persona necesita ayuda. Por ejemplo, cuando dedica mucho tiempo a procedimientos correctores.

¿Esta obsesión por la belleza es nueva? En absoluto. Jordi Roca es profesor de antropología de la Universidad Rovira i Virgili. "La belleza, tanto en las sociedades tradicionales, modernas o posmodernas, implica prácticas artificiales. Basta pensar en las cicatrices, pinturas, estiramientos, compresiones, inserción de objetos, amputaciones del cuerpo, escarificaciones. La cirugía plástica no deja de ser una evolución de todo eso", explica Roca.

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