Lunes, 17 de Enero de 2022

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"Putin tiene el síndrome del imperio perdido"

Marina Fernández analiza como la Rusia de Putin ha conseguido marcar la agenda internacional

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¿Qué tiene que ver la crisis entre Ucrania y Rusia con la caída de la Unión Soviética hace 30 años? Mucho, porque para Vladimir Putin la tensión con Ucrania no es únicamente un asunto de política exterior. Para entenderlo, hay que leer y escuchar al presidente ruso. Putin sostiene que la caída de la URSS fue la mayor tragedia geopolítica del siglo XX. Esa reflexión no es casual y marca su política exterior. "Ha detallado un poco más su pensamiento, explicando que, de hecho, lo que se quería hacer desaparecer era Rusia. Cuando él habla de la Unión Soviética, él piensa en Rusia", explica Carmen Claudín, analista del Cidob. "Para él no es concebible que los Estados ex soviéticos, que nominalmente para él son estados soberanos, no obedezcan o no signa la línea del Kremlin", resalta Claudín, una de las analistas que mejor conoce la realidad rusa y la de los países que formaron parte de la URSS. Comparte esta tesis, la corresponsal de EL PAÍS María Sahúquillo: "Putin tiene el síndrome del imperio perdido".

Tatiana Vorosheykina es profesora de la Universidad Libre de Moscú. Sobre la hipótesis de un enfrentamiento abierto en la frontera entre Rusia y Ucrania, aclara que los rusos que no comparten la política de Putin son conscientes de que no va a llegar ningún apoyo militar desde Europa o Estados Unidos. El presidente ruso -capaz de tejer alianzas con Salvini o Le Pen y ser socio de Maduro- es un pragmático. Por lo menos, en lo comercial, porque sabe que la Unión Europea sigue siendo su mayor socio comercial y el mayor cliente de su gas.

El nacionalismo y la nostalgia por el pasado soviético han dado pie a la Ley de Agentes extranjeros que dificulta el trabajo de todos los que se salen del discurso oficial. "Esta ley refuerza mucho la vigilancia administrativa y empuja a que sea imposible hacer ese trabajo. Estigmatiza mucho a las personas que la tienen, con lo cual la ciudadanía tiene reticencias, por ejemplo, en hablar con medios que están declarados agentes extranjeros", aclara María Sahuquillo, corresponsal de EL PAÍS. Con esa ley en la mano, la justicia rusa acaba de liquidar 'Memorial', una entidad que denunciaba la vulneración de derechos humanos en la Unión Soviética y en la Rusia de hoy. Tatiana Vorosheykina ha coperado con ellos. "La sentencia contra 'Memorial' es un salto cualitativo porque supone convertir a los tribunales en una arma de represión en una parte de la máquina represiva del régimen", aclara la analista rusa. Sin embargo, este incremento de la vigilancia y de la represión es, para ella, una señal de debilidad. Aun así, hay una carta que Putin sabe que puede jugar de cara al exterior: la del gas. Más del 40% del gas que llega a la Unión Europea sale de Rusia. Y él tiene la llave.

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