Martes, 25 de Enero de 2022

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Rada de Haro, el pueblo "salvado por los chiquetes" de las pateras

La apertura de un centro de acogida para menores llegados solos a España, a través de la frontera sur, ha evitado "el cierre" de este enclave de la España "vaciada"

En tres años se han generado puestos de trabajo, reactivado la economía y la vida del pueblo y algunos chavales se han quedado a vivir tras cumplir los 18 y conseguir trabajo en el campo o con el ganado

Un pueblo del que estaba a punto de mudarse hasta el alcalde porque se quedaba sin vecinos ha vuelto a aumentar el censo municipal gracias a la acogida de estos chavales

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En Rada de Haro nadie habla de ellos con acrónimos ni apodos despectivos. “Ellos” han supuesto el mayor impulso de desarrollo en más de medio siglo, “han salvado el pueblo”, afirma rotundo el alcalde.

Sin escuela desde hace décadas, desde su cierre convertida en el ayuntamiento, sin una sola tienda o bar, con una población fija que no llegaba a una decena de vecinos en 2018, hasta el panadero se planteó borrar este menguado pueblo conquense de su ruta de reparto.

“¡Ahí va! Hoy viene de libre , sin uniforme ni na”, grita hoy ese mismo panadero, Julián Rabadán, a una de las vecinas. Es mediodía de un gélido martes de invierno y acaba de bajar de su furgoneta 30 barras para una sola casa. Gracias a ese vivienda, ideada como casa rural pero que nunca llegó a hospedar a ningún turista, y convertida hoy en el hogar de una decena de menores, el panadero vuelve a pasar a diario por Rada de Haro.

“Aquí estamos echando la cascaílla y poniéndonos al día con las cocineras, me equivoco muchas veces contando las barras porque me hacen reír”, dice Julián en presencia de 'la Resu', que consigue convencerle para que cuente cómo ha cambiado la película del pueblo en estos tres últimos años.

Tres barras cada tres días

Antes de la apertura de este hogar, en Rada solo quedaban tres vecinos fijos. “Llegué a traer solo 3 barras al día, la semana justo antes de abrirse este centro solo repartía tres cada tres días, es que no había nadie en el pueblo, era una pena. La semana antes de abrirse esto que me dije 'esto se ha terminado', pero el centro lo cambió todo, si no estuviesen estos chicos aquí no se podría dar servicio. Si no es por el centro, ni Resu, ni la Arsenia y otros estarían de vuelta en el pueblo, gracias a ellos esto sigue vivo", explica un sonriente Julián, que cree que, de no ser por estos chicos, este sería otro pueblo abandonado de Castilla-La Mancha.

“Ha frenado que se cierre. Si no, se habría cerrado el pueblo porque los pocos que quedaban se habrían ido y algunos que se habían mudado han vuelto al pueblo porque esto ha dado trabajo, porque si no esto ya no existiría", dice el panadero.

El alcalde, es aún más contundente con lo que han supuesto. "El pueblo lo han salvado, te soy sincero. Hasta yo me llegué a comprar una casa en Belmonte pensando en irme porque aquí veía que íbamos a quedar cuatro”, dice entre risas.

Repoblar la España vaciada

Francisco Arjona, para todos 'el Paco', es el único alcalde que ha conocido Rada de Haro desde la vuelta de la democracia. No se fue a vivir a la cercana y turística Belmonte gracias un proyecto que empezó “con la visita de la Amelia, que nos planteó esta oportunidad y lo pusimos en marcha junto con esta entidad, Diagrama, y le cedimos incluso el centro social para que hagan sus actividades”, recuerda el primer edil. 'La Amelia' es Amelia López, la Delegada Provincial de Bienestar Social de la Junta de Castilla-La Mancha en Cuenca y que está muy orgullosa, tres años después, del resultado que está dando para los chavales y para el pueblo “porque además nos ayuda a repoblar esta España vaciada”, afirma.

“Es enorme, precisamente soy yo la dueña de la vivienda, que estaba nueva a estreno, porque no tenía uso, estaba de casa rural pero nada, y ahora llevamos 3 años con ellos y estoy encantada y con Diagrama. Además me contrataron como una de las cocineras de los chavales. Son unos niños que no dan problema, en estos 3 años hemos conocido muchos, salen de aquí con sus papeles. Son muy trabajadores y nos han dado nombre por los pueblos de alrededor”, dice a las puertas del centro Resurrección Rubio.

Se refieren a los que han evitado el final del pueblo de muchas maneras: chicos, chavales, niños... Nunca con siglas o términos que tanto los deshumanizan desde algunas ciénagas políticas. En Rada no había miedo a lo desconocido. “Muy bien desde el inicio, pero yo me creí que eran negritos del to y cuando llegué al centro, que fui la primera cocinera contratada, entonces vi a los primeros y dije: '¡Pero si son como nosotros!'. Yo me pensaba que iban a ser como los negretes de África pero no, son bien guapos y amables”, dice orgullosa la Resu, que los cuida como si fueran sus hijos.

"Parecía familia mía"

Ha aprendido a cocinar cuscús y harira para el Ramadán, pero ha cocinado también muchos vínculos: “La relación es muy buena, pero me encariñé mucho con uno de los primeros, con Anas, le tomé mucho cariño, parecía familia mía”.

Un chaval nacido muy lejos de Rada y una vecina unidos por la empatía. "Me dijo que había venido en patera porque se había muerto su madre y la primera noche no quería ni cenar, se tiró a llorar. Le enseñé la foto de mi hermana, que también había muerto y se me abrazó, después ya cenó y me vinculé mucho con él, ahora ya intento no hacerlo tanto porque luego se van y da mucha pena”, dice Resurrección, a la vez molesta con aquellos que intentan dibujar una imagen negativa de estos chicos. “Cuando dicen que salen de los centros y salen por ahí a robar, no es cierto, aquí todos han salido de 10, todos muy estudiosos y trabajadores”, ensalza.

Tres días de pasodobles

Delante del Ayuntamiento hay un local convertido en centro social que también les han cedido a los chavales, donde se conectan a internet o guardan sus bicicletas. Eso sí, solo con una condición del alcalde, que el 5 de mayo se pueda seguir usando para las fiestas. “Ahí en esa barra nos echamos los whiskys y los cubatas”, bromean Paco y la Resu. “Eso es sagrado, hacemos tres días de pasodobles y de fiestas", y vuelven a cruzarse carcajadas.

La Resu desbloquea su teléfono porque nos quiere presentar a uno de ellos, que se ha quedado a vivir en el pueblo. Mohamed está en una ambulancia volviendo de rehabilitación por una lesión de rodilla: “Llevo 7 años en España, 4 en Ceuta y el resto aquí, en Rada de Haro, donde siempre me han tratado muy bien, como al resto de los menores”.

Mohamed Ahmidout fue el primer menor de este hogar de Rada. Llegó aquí con 16 años: “Fue un choque llegar aquí, pensé que me encontraría una ciudad como Madrid o Barcelona, pero al llegar a este pueblo tan pequeño, sin niños ni nada, tan vacío, pensé: '¿Me han traído a Marruecos otra vez?'", y ríe durante un rato este veinteañero, el segundo de los hermanos en entrar como menor en España.

Me gusta mucho cuidar corderos

“Esta es mi casa, es muy grande y estoy muy a gusto”, nos dice delante de su vivienda, en la zona alta del pueblo, cuyo alquiler paga con su salario de pastor. “Fui el primero en conseguir trabajo de los chicos que pasamos por el centro, y sigo en la misma empresa, cuidando corderos, me gusta mucho”.

Desde los 17 años envía dinero a su familia y reivindica que los niños que llegan solos a España sean tratados como cualquier otro menor o adolescente. "En todos los grupos humanos hay buenos y malos. Por que un menor pueda equivocarse o hacer algo malo no se nos puede acusar a todos. Hay buenos y malos en España, en Marruecos y en cualquier lado", afirma.

Casi 20 vecinos más

“Las vecinas salen a pasear y se encuentran a los chiquetes y les gusta . También es triste salir y no cruzarte con nadie, y ahora los chiquetes les saludan, les llevan las bolsas de basura y otras cosas. Aquí han caído muy bien, el pueblo está mucho mejor porque entre los chiquetes, educadores y otros tenemos 17-18 vecinos más", dice contento el alcalde.

Otro de esos primeros “chiquetes” que devolvió la vida al pueblo hace 3 años acaba de cumplir los 18. Es Achraf Joukh, uno de los últimos chicos que ha salido del centro de Rada, donde pasó 3 años hasta mudarse, hace solo unos meses, a la cercana Puebla de Almenara.

"Fue difícil llegar a un pueblo como este a los 14 años, llegas perdido, te sientes encerrado, pero vas abriendo la mente y al final comprendí que estaba mucho mejor aquí que en Madrid u otra ciudad. Los trabajadores de este centro te escuchan y te entienden, las posiblidades de este centro no las tienes en Madrid, allí no tienen tiempo para ti", dice el joven, que salió de Larache porque no veía allí ningún futuro, “Todavía me acuerdo perfectamente del viaje en patera en 2018, tardamos 9 horas y salimos de Tánger a Cádiz, éramos 86 personas”, detalla.

"Toda mi familia depende de mí"

“Decidí salí de Marruecos para hacerme un futuro, ya envío dinero a mi familia, toda depende de mí. Trabajo en una granja de ovejas, ordeño, les doy de comer y beber, saco algunos a la calle y las muevo", dice orgulloso este joven pastor que ahora quiere “buscar una mujer y tener hijos”, y que cuando llegó a Rada pensó en escaparse.

“El director del centro en el que estaba en Albacete me dijo que me trasladaban a un pueblo de Cuenca, y yo miré en internet y dije: 'Bueno, es una ciudad con buena pinta'. Pero cuando llegamos aquí, a Rada, no me lo creía, pensaba que estaba solo en el mundo, yo no sabía que existía esto tan pequeño, no había nadie y en el centro al principio estaba solo. Pensé en escaparme y todo, pero los trabajadores son muy buena gente”, afirma.

De Cádiz, a donde llegó en patera, a Hellín, después Albacete y 3 años en Rada de Haro. Ahí dice que encontró su camino: “Estoy muy contento porque me siento más responsable, me busco la vida y tengo en mente poner en marcha mi propio negocio, aunque mi sueño siempre ha sido ser camionero internacional”, sonríe.

"Pasaba cualquier cosa y venían a nuestro centro"

Asegura que crecer en un pueblo como este es mejor que en las ciudades. “Donde más sufrí racismo fue en Albacete y Madrid, porque por los pueblos la gente no se mete contigo, puede ser un tonto o dos, pero en Albacete, por ejemplo, pasaba cualquier cosa en la ciudad, un robo de un bolso o lo que sea, y venían a nuestro centro directamente a acusarnos, no solo hacia los marroquíes, lo hacían también con los rumanos y otros extranjeros", lamenta.

Ahora, encantado con la vida de pueblo, dice haber dejado atrás esos sueños de infancia de vivir en Barcelona o Madrid. "Fíjate que aquí vivo en una casa entera para mí por 250 euros al mes de alquiler. En Madrid pagas 600 por una habitación y aquí tengo todo amueblado, internet y todo. Es mucho mejor y a un precio razonable”, celebra.

"Arriesgamos, pero el pueblo ha ganado"

Que en Rada de Haro se haya incrementado el censo del pueblo en una docena de personas no es algo baladí. Hacía años que no llegaba a 60 empadronados, aunque muchos en realidad solo venían en verano. “Nosotros nos arriesgamos, pero el pueblo ha ganado. Se arriesgó bastante porque no conocíamos nada de este lío, dudamos algunos, pero ¡pa'lante! Porque algunos también enredaron con la política y con el miedo pero lo sacamos adelante”, dice orgulloso el alcalde.

Pasadas las dudas, ahora están encantados hasta tal punto de que han luchado para que el centro siga aquí. “Nos lo quisieron quitar. En Villaescusa se lo querían llevar para allá y les ofrecían una vivienda más grande, han visto que esto es bueno para los pueblos y se lo querían llevar, pero nos lo quedamos", dice Paco, recordando el al trago con La Resu.

Bueno para los pueblos y para los chicos. Mari Luz Esviad es educadora en el centro gestionado por la Fundación Diagrama: “Este es un proyecto muy bonito. La integración de estos chicos, acompañarlos en su proceso de vida para que estén preparados y salgan autónomos para poder defenderse. Llegan a España con los bolsillos vacíos y esperando un futuro mejor, y aquí Fundación Diagrama pretende enseñarles y acompañarlos en todos los ámbitos de su vida, educativamente y que salgan hombres autónomos”.

Salir del centro con trabajo

De lo más exitoso de este proyecto es que la mayoría de los chicos sale del centro ya con un trabajo. “De este pueblo pequeñísimo, que gracias al centro tiene ahora mismo 10 empadronamientos más gracias a los chicos, salen jóvenes preparados para trabajar y repoblar la España vaciada”, afirma Esviad, que deja claro que estos chavales merecen ser escuchados y entendidos. “Al final son niños con muchas carencias, muchas cosas con una mochila detrás muy importante. Entendemos que hay que escucharles y atenderles en todo lo que puedan necesitar”, insiste.

Una mochila que trata de descargar su compañero Borja Gallego, el psicólogo que los atiende en el centro: “Les damos curso de psicoiniciación para ayudarles a entender el cambio de sociedad, afrontar sus realidades y ayudarles a ser personas con sentido común o darles herramientas para su futuro”, dice el psicólogo, que acumula ya mucha experiencia con chicos en centros sociales, pero es la primera vez que convive menores extranjeros tutelados.

“Tienen un gran potencial. Estos niños han podido sufrir traumas, pero tienen enormes posibilidades de integrarse en nuestra sociedad”, añade.

"El solo hecho de haber arriesgado sus vidas les han hecho más fuertes", dice Gallego, que reflexiona también sobre la estigmatización y los prejuicios que se han ido difundiendo sobre estos chavales".

Lo que más les afecta

"Hay personas que los discriminan y esto es lo que más les afecta, que no les traten bien. Tanto a ellos como a cualquier persona del mundo, si te faltan el respeto y te tratan mal, te afecta. A todos nos pasaría lo mismo. A los adultos nos fastidia, pero a los niños, ser tratados como alguien que no tiene derechos, les cabrea mucho. Pero vamos, a mí me cabrearía también”, sentencia.

Internet y las redes sociales les ayudan a no tener la sensación de estar aislados. Gallego lleva esta enseñanza: “Tratando bien a las personas, sean de donde sean, esas personas te van a responder bien. Me han ayudado a afianzar todo eso, son chicos como cualquiera, de donde sea, que tienen necesidades iguales que todos los niños: cariño, atención, sentirse valorados"...

El mejor regalo posible

Rada de Haro ha sido premiado por la Junta de Castilla-La Mancha por su acogida a estos chavales. “Vamos a colgar el premio aquí, en el Ayuntamiento, para que todos lo vean y nos sintamos orgullosos”, dice Paco, el alcalde, mientras que La Resu, que acompañó al alcalde a Tarancón a recibir el premio, se emociona.

"Es que me pongo a llorar. Nos hizo mucha ilusión porque en un pueblo chiquitín, que estaba abocado ya al cierre porque no quedaba nadie, abrimos el centro y a los 3 años estamos con estos resultados y nos dan un premio. ¡Qué alegría!”, presume la cocinera y propietaria de este hogar situado en medio de La Mancha.

Sin ellos, “los chiquetes”, la economía y la vida del pueblo se habría acabado hace tiempo. Rada de Haro y un grupo de chavales, que se han premiado mutuamente con el mejor regalo posible: un futuro.

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