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Bill Cosby, el cómico que violó a más de 60 mujeres después de cambiar la cultura afroamericana

El cómico W. Camau Bell dirige 'We need to talk about Cosby', una serie documental sobre uno de los grandes mitos de la cultura americano caído por abusar sexualmente de más de sesenta mujeres

Imagen del documental sobre Bill Cosby presentado en Sundance. / CEDIDA POR SUNDANCE

"Es un violador que una vez tuvo un programa de televisión", es una de las definiciones sobre Bill Cosby, que aparecen en la serie documental de Showtime que se ha estrenado en el Festival de Cine de Sundance. Una mirada casi ensayística a lo que fue el personaje y lo que supuso su condena por violación a más de sesenta mujeres. Es curioso que detrás del documental We need to talk about Cosby haya un cómico negro, un alumno de Cosby, como reconoce W. Kamau Bell, alguien que como todo Estados Unidos, creció con sus chistes, con su imagen y que vio en su figura un referente para dedicarse al humor y al espectáculo.

Bill Cosby fue la gran estrella televisiva norteamericana, el padre de América, el primer afroamericano que protagonizó una serie de televisión. Todos los logros del cómico se desvanecieron en 2014 cuando más de sesenta mujeres le denunciaron por violación. Las drogaba con pastillas, las dormía y después abusaba de ellas. Lo hizo desde los años sesenta hasta sus últimos días en televisión. Toda su carrera. En ese momento no solo cayó un profesional del showbusiness, también un mito para la comunidad negra.

En sus cuatro horas de duración, el autor trata de reflexionar sobre todos estos temas. Lo hace con un panel de expertos muy variado y también con el emotivo testimonio de algunas de las víctimas de Cosby. Hay cómicos del stand up, historiadores, críticos, académicos, periodistas y hasta un experto en drogas. Pues ese era el late motiv de todas sus fechorías. La película se adentra en varios debates que a raíz del surgimiento del Me Too han estado y todavía están en los medios de comunicación, como la separación del artista y su obra.

No hay mejor ejemplo para debatir esto que lo que propone esta serie. Recupera uno de los chistes más famosos del cómico que empezó a usar en los años sesenta: Spanish fly. Era un consejo que daba sobre el escenario o en la televisión a otros hombres para tener sexo de manera fácil, ponerle unas gotitas de Spanish fly en la copa a la mujer y listo. Una broma que incluso defendió en la televisión en los noventa, en el show de Larry King.

La cancelación es otra de las líneas que aparecen en el documental. Los límites de un artista y cómo una comunidad debe lidiar con la caída del mito. El caso de Bill Cosby plantea disyuntivas que van más allá del propio delito contra las mujeres. Cosby representaba a una comunidad. Los abusos de Weinstein no afean a ningún colectivo, ni al de los productores, ni al de los hombres blancos heterosexuales. Sin embargo, lo que hizo Bill Cosby dejó tocada y hundida a los afroamericanos. Lo dice una de las víctimas: "cuando le condenaron era un hecho justo, había cometido un delito y el criminal iba a la cárcel; pero ese día fue un día horrible para todos los negros".

Fueron muchos los logros de Bill Cosby en el plano racial. Es cierto que su humor era mucho menos político en los sesenta que el de otro cómico que no tuvo tanta proyección, Dick Gregory; pero su llegada supuso muchas cosas. En la época de la lucha por los derechos civiles, de Martin Luther King, del asesinato de JFK, él surgió. La serie I Spy le convirtió en el primer negro protagonista de un show, un espía que hacía escenas de acción, donde siempre luchaba contra los comunistas. Aquí no le faltaron las críticas de una parte del movimiento proderechos, por haberse vendido al sistema.

Es uno de los debates colaterales que despertó su figura. Por un lado, consiguió romper estereotipos de representación. Luchó para que existieran los dobles de acción afroamericanos, ya que hasta entonces se usaba a blancos con la cara pintada de negro. En los setenta se volvió más político y se preocupó por la educación y el legado de los niños de su comunidad. "Hizo a los afroamericanos reír en tiempos muy difíciles", dice uno de sus seguidores.

Por otro lado, dejaba fuera de su discurso cualquier crítica política al racismo, a la situación de sus conciudadanos. Luchar contra el comunismo en la ficción tenía una doble dimensión que beneficiaba al FBI. En ese momento, la lucha antirracial se unía a la lucha obrera, como muestra la película Judas y el mesías negro, y el sistema le usó contra eso.

En el último capítulo aparecen dos cuestiones relevantes. Por un lado el "solo sí es sí". La mayoría de las víctimas no pudieron denunciar porque la ley americana en muchos estados dice que no hay delito de violación si hablas más de cuatro años después de que ocurra. Esa fue la lucha de muchas víctimas: cambiar las leyes de los estados. Lo lograron en Nevada, por ejemplo. "Si una mujer no dice claramente sí y encima está drogada, es obvio que mantiene sexo contra su voluntad", dice una fiscal americana en una frase que no vendría mal que escucharan los jueces españoles.

El otro tema es el del legado. Cómo se redefine a Bill Cosby después de una condena y de este escándalo. ¿Quién es? ¿Quién debe ser? ¿Podemos reírnos de sus chistes todavía? ¿Podemos ver El show de Bill Cosby y seguir considerándolo el padre de América con defectos? ¿Por qué el legado de un hombre blanco no peligra tanto como el de un negro? Son los temas que apunta una magnífica serie que recorre las últimas décadas de la historia de Estados Unidos en torno a dos de sus grandes desafíos: la desigualdad de género y la desigualdad racial.

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