Sociedad

Un cura y su ‘papamóvil’ para todo el Camero Viejo

Antonio Arnedo es desde 2009 el párroco de las 20 localidades que integran el Camero Viejo y llega a oficiar 7 misas al día

Antonio Arnedo es desde 2009 el párroco de las 20 localidades que integran el Camero Viejo y llega a oficiar 7 misas al día

Antonio Arnedo es desde 2009 el párroco de las 20 localidades que integran el Camero Viejo y llega a oficiar 7 misas al día

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Logroño

Muchos municipios de La Rioja celebran hoy sus fiestas en honor a la Virgen. Hay un amplísimo calendario de actividades dependiendo de las localidades, pero también hay algunos elementos comunes que se repiten en todos esos escenarios festivos, y uno de ellos son las celebraciones religiosas, las misas.

Y esto es todo un reto no sólo en días como este sino durante todo el año para Antonio Arnedo, párroco de la veintena de localidades que integran el Camero Viejo.

Llegó a la sierra riojana en 2009, fue su primer destino después de ordenarse como sacerdote a los 41 años. Y es que como reconoce “la mía fue una vocación tardía”.

Desde el primer momento, se las arregló para oficiar las misas de cada uno de los municipios, “misas muy medidas en el tiempo para llegar a todos los rincones”.

Su herramienta de trabajo, un ‘renault twingo’ con los colores del Vaticano, amarillo y blanco, al que los vecinos denominan el ‘papamóvil’. Cuenta que “hasta que pinté el escudo del estado papal en las puertas, me decían que parecía de Prosegur”.

Desde entonces se las ha apañado para diseñar un concienzudo calendario para oficiar las misas de todos sus parroquianos, “hay fines de semana que me ha tocado hacer seis o siete misas al día”.

Y lógicamente tantos años han dado lugar a muchas anécdotas, “hay veces que me equivoco de santo, pero los vecinos saben lo que hay y lo entienden”.

Recuerda con cariño el que fue su primer cometido, “tenía que oficiar un funeral en Jalón de Cameros y después de recorrer la cuesta que llevaba a la iglesia, con lo que me cuesta mover los kilos, llegué sin aire. Los vecinos pensaban al oírme que hablaba así por la emoción”. Al final todo fue bien “porque ese día me los metí en el bolsillo”, cuenta entre risas.

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