Mundial femenino de balonmano: España empata con Rusia (25-25), las actuales campeonas del mundo
La selección española femenina culminó otra gesta en el Mundial, quizá la de mayor calado hasta el momento, al igualar con Rusia (25-25), la actual campeona del mundo, y abrir así un camino nuevo e insospechado hacia las semifinales del torneo.
España suma ahora los mismos puntos que las rusas (cinco). A éstas les espera mañana la rocosa selección francesa, y a España la veloz Corea del Sur. Una victoria más y la puerta de la semifinal estará abierta para las hispanas, aunque la derrota posiblemente las transportaría al partido por el quinto puesto, que es el de la pelea por una plaza olímpica.
Tras el fragor de lo que fue una verdadera batalla, el empate fue festejado por las españolas en la cancha como si de una victoria se tratase. No fue para menos.
Por palmarés, lejano y reciente, por calidad global de las 15 jugadoras y por la abismal diferencia física, lo consumado por España fue una nueva gesta, un partido para la historia del balonmano femenino nacional tan necesitado, en el ámbito de selecciones, de codearse con la elite de este deporte.
El encuentro con las rusas se convirtió en una película diferente a lo vivido por el equipo español desde que comenzó el Mundial. Así lo entendió José Francisco Aldeguer, el seleccionador español, y así lo afrontaron sus jugadoras.
El dilema principal español se basó en reconvertir en positivo y durante 60 minutos de juego el contraste entre mujeres de parecida dotación técnica pero con una desventaja media en estatura de unos 20 centímetros por jugadora.
Las "bajitas" españolas optaron por un paciente y constante traslación de balón en ataque, en busca de penetraciones frente a una muralla de centímetros y kilos, y por una defensa abierta pero más cercana a los 6 metros (5-1 ó 3-3), para impedir espacios a una extraordinaria pivote como Luidmila Bodnieva y en previsión del tremendo poder lanzador de sus rivales.
La mayor virtud de España fue no dejar que el partido se rompiera en momento alguno, ante un rival que devora a sus "tocados" adversarios con contraataques definitivos. Un 7-4 desfavorable a los 11 minutos fue disuelto por España, e igualmente un 13-10 ocho minutos después, con un tiempo muerto providencial solicitado por Aldeguer.
Eli López, bajo palos, y la dirección magistral de la veterana Montse Puche, con sus lanzamientos en apoyo, resultaron claves para que España se marchara al descanso con el tanteador equilibrado.
España fue a más tras la pausa. Mantuvo a toda una selección rusa sin anotar 10 minutos -los cinco últimos de la primera parte y los cinco primeros de la segunda-. El partido entró en una fase de control defensivo. Un pulso que se fue decantando progresivamente por el férreo 6-0 ruso.




