Liga de Campeones/ Real Madrid y Bayer Leverkusen empatan en el Bernabéu (1-1)
El Real Madrid protagonizó una nueva noche negra en su aciaga temporada e hipotecó sus opciones de estar en octavos de la 'Champions' a un triunfo en la última jornada ante la Roma, después de firmar un empate con el Bayer Leverkusen (1-1) en un partido en el que ofreció su versión más calamitosa, en una primera mitad horrenda, y la más orgullosa, que evitó la debacle.
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En una segunda mitad frenética, el equipo blanco logró igualar un partido que había entregado desde el inicio con un juego que rozaba el esperpento y sin duda el peor de la era Florentino. Un Bayer tímido y especulativo sólo necesitó aceptar de buen grado el enésimo regalo de la defensa blanca, nuevamente de Samuel, para poner contra las cuerdas a todo el imperio madridista.
El Real Madrid, entonces, sacó a relucir ese gen ganador que le diferencia del resto y acosó a un Bayer que se resistía a ceder el empate refugiado en su área. Una genialidad de Figo, en un slalon perfecto en banda izquierda, y una pared precisa con Zidane sirvió para que Raúl hiciera soñar con la remontada.
El Madrid empujó y empujó, y disfrutó de francas oportunidades, incluido un penalti errado por Figo y un remate a bocajarro de Morientes, pero no encontró el premio, quizá porque la diosa fortuna también le haya abandonado.
Ahora, los blancos deberán ganar a la Roma en la última jornada si no quieren despedirse precipitadamente de la Copa de Europa, la competición en la que el equipo acostumbra a enjugar las lágrimas domèsticas.
Pobre imagen en la primera hora, ganas al inicio
La pobre imagen del equipo en la primera hora de juego no se correspondió con las ganas que ofreció de inicio. La derrota ante el eterno rival le espoleó en los instantes iniciales ante una grada dubitativa, esperando argumentos para entregarle su cariño o dictar sentencia en su contra. Durante esos breves instantes de toque y movimiento, el Real Madrid ofreció una versión notable aunque sin llegada a portería. El Bayer ayudó lo suyo. Lejos de ser un cuadro ambicioso, decididamente demostró su intención de luchar por salir indemne del coliseo blanco.
Sin embargo, el Madrid se fue diluyendo, incapaz de encontrar una referencia sobre la que construir la continuidad en su juego. Ni Guti ni Zidane servían porque a su lado no aparecían asociaciones. El equipo se fue gripando con el paso de los minutos. En eso se agigantaban Juan y Roque Junior en la defensa alemana y Nowotny y Ramelow rememoraban viejos tiempos en la medular, donde un solitario Guti asistía atónito al despliegue germano.
Los peores momentos del Madrid coincidieron con un histórico pecado, el de la leyenda negra que persigue a los centrales blancos. Nuevamente Samuel estuvo involucrado en una acción desgraciada para su equipo al impulsar hacia su portería un balón que había sido rechazado por el larguero. El escurridizo Berbatov, que ya marcó en la ida, agradeció el regalo y petrificó los corazones de la afición local.
Hasta entonces el Real Madrid, sin que García Remón hubiera asomado para modificar el guión de su equipo, había equivocado sus argumentos futbolísticos. Decadencia o no en sus jugadores más relevantes, el cuadro merengue ha perdido además la sapiencia que otorga la experiencia. Repitió jugada por el centro, entre imposibles paredes y arrancadas de Ronaldo, hasta la extenuación y se olvidó de las bandas ante una poblada defensa.




