Los franceses ya pueden llevar el apellido de sus madres
Los expertos como "una pequeña gran revolución social" en la lucha por la igualdad de sexos
Los franceses podrán llevar el apellido de sus madres a partir del 1 de enero, cuando terminará en Francia una larga tradición patronímica que se remontaba a la Edad Media y que obligaba a transmitir a los hijos sólo el apellido paterno.
El fin de la preeminencia paternal del nombre llega con una ley considerada por y entra en vigor más de dos años y medio después de que se aprobara la reforma bajo el Gobierno socialista de Lionel Jospin.
Así, desde el próximo sábado se permitirá a los progenitores que escojan para su primogénito el apellido de la madre, el del padre o los de los dos, en el orden que elijan, con un guión entre ambos. Esta última de las tres opciones estaba autorizada desde 1985, pero hasta ahora sólo a título de uso y sin posibilidad alguna de transmisión.
La elección de los padres para el primer hijo se aplicará a los demás nacidos del matrimonio, pues es necesario proteger la unidad entre ellos, según el decreto de la reforma publicado en octubre pasado.
PREVALECE EL APELLIDO ETERNO
En caso de desacuerdo, seguirá prevaleciendo el apellido paterno y el registro de los hijos se hará de forma tradicional: el recién nacido recibirá el patronímico si los padres están casados o si ha sido reconocido legalmente como descendiente de la pareja.
Para los niños nacidos antes del próximo 1 de enero, los padres podrán solicitar hasta el próximo 30 de junio que su hijo lleve el apellido que le faltaba, aunque si tiene más de 13 años es necesario su consentimiento.
En caso de llevar los dos apellidos, el hijo deberá elegir, en la siguiente generación, sólo uno de ellos para sus propios descendientes.
SÓLO EL 42% DE LAS PAREJAS CADASAS
La reforma refleja la evolución de la sociedad francesa respecto a la variedad de uniones que se están produciendo en el país, donde sólo un 42% de las parejas están casadas legalmente, mientras que el resto forman uniones de hecho, monoparentales y homosexuales.
Y en especial toma en cuenta el número creciente de niños nacidos fuera del matrimonio tradicional, que se elevó a un 45,2 por ciento de los 792.000 nacimientos ocurridos en 2003.




