Jueves, 24 de Septiembre de 2020

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Carlos Llamas

Carta a un amigo

Luis Fernández, presidente de RTVE, escribía a su amigo Carlos Llamas, días antes de su muerte

Luis Fernández mantenía una larga e intensa amistad con Carlos Llamas. El ahora presidente de Radio Televisión Española, envíaba a su amigo una carta el pasado día 21 de septiembre, que él mismo ha hecho pública tras el fallecimiento de 'Charly'. A continuación, reproducimos el texto íntegro de la misma.

21 de agosto de 2007

Querido Charly:

Te dije anoche que te escribiría. Aún en la distancia, cuando o bien vivía en Estados Unidos no más allá de siete meses, bien cuando ya trabajo aquí en España, he hablado contigo muchas veces. Pocas, sin embargo, te he hecho explícito mi aprecio personal por ti. Ya sabes, cierto pudor absurdo que nos impide decir las cosas que sentimos. Te podía haber comentado que desde aquel sábado en que me enteré de tu enfermedad, un día después de que te la diagnosticaran, han sido pocos los días que no he tenido un recuerdo para ti. Que hablo frecuentemente y con orgullo de mi amigo Charly. Que con los amigos comunes siempre acudes a nuestras conversaciones. Que rememoro mil y una anécdotas de ese personaje entrañable que se llama Charly, que me honra con su amistad. Al que conocí un día detrás de la taquilla de un polideportivo municipal. Quién me iba a decir a mi, a punto de cumplirse veinticinco años de aquel encuentro, que estaba delante de todo un personaje radiofónico, clave para interpretar la actualidad y la información de este país en las dos últimas décadas.

Ya te ganabas la vida, mientras terminabas Periodismo. Compartimos entonces un proyecto nuevo que concitó la ilusión y la energía de muchos de los que luego han triunfado en este mundo del periodismo. Por no llevar ni llevabas cinturón. Te sujetabas los pantalones con un artilugio extraño, del que nos hemos reído recurrentemente. No te gustaba entrar en los restaurantes que estaban vacíos, leías y hablabas el francés, te sulfurabas con nuestro común amigo Juanra porque él lo hacía en inglés, y jamás te he visto pisar un solo callo para ser algo o alguien en el periodismo. Ambición Cero. No te hacía falta. Y no sólo porque te sobraban aptitudes para ser de los mejores. ¡Es que no te ha movido nunca un pelo en el combate de la jungla laboral y profesional! Anoche me decías que tenías clara tu elección: la de ser buena persona, o intentarlo al menos. Cabezón, sieso, refunfuñón? entrañable. Si no, ¿de que ibas a haber cosechado esa legión de amigos? A pesar de ser del Atleti. O quizá por ser rojiblanco hasta las cachas. ¿Cómo has tenido, Charly, el morro de llevarme al Calderón a ver como el Barca os metía seis? ¡No será por ser de Muelas de los Caballeros (León), como orgullosamente has proclamado siempre!

Me decías este agosto que sigues consumiendo tu "verano quimioterápico, y que espero todo se torne favorable". Que cruzabas los dedos y te encomendabas a tus amigos. Tienes millones. En estos meses aquí en España, de las cosas que más me han sorprendido han sido las permanentes referencias a tu persona, cuando sabían de nuestra amistad. En algunos casos, insólita. Como la de una importante política que me decía que se acostaba todas las noches contigo.

Nos fuimos juntos a la SER; empezamos juntos tu aventura de Hora 25. ¿Cuántos enfados y peleas no hemos tenido tú y yo? ¿Cuántas veces nos hemos sacado de quicio mutuamente? Eran famosas nuestras disputas en la reunión de las 16.30 todas las tardes en la SER, preparando el Hora 25 por el que te quiere media España y te has llevado un Ondas. El día que volvías al micrófono después de ganarle al dichoso cáncer, me enseñabas la nueva redacción. No me sorprendía que lo hicieras sacando pecho. Pocos conocemos tu lado oscuro romántico. Un día, con nuestro grupo de amigos más íntimo, sí me pusiste nervioso. Me señalabas que todo lo que eras se lo debías a dos personas. Y me citabas entre ellas. Me molestó muchísimo y fiel a mi ancestral y virulento estilo de callarme pocas cosas, te recriminé delante de todos. Sabes quiénes formamos ese grupo (nunca supe porque no estaba Gema, y siempre debió estar Agustín). Te señalé que todo lo que eras se lo debías en primer lugar, en segundo y tercero a ti mismo. Y que luego, a nadie más.

Aún conociéndote bien, sí me ha sorprendido que este partido complicado y difícil que estás jugando, lo estés peleando como el más aguerrido de los redactores, como el más invulnerable y luchador de todos. Este Charly sí que yo no le conocía. Y hace infinitamente mucho mejor al Charly que quiero.

Un abrazo fuerte de tu amigo

Luis Fernández

Luis Fernández, presidente de RTVE, lee en la SER la carta enviada a su cimigo Carlos Llamas

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