El Madrid gana a Toronto y Memphis a Estudiantes
El conjunto blanco ganó al de Garbajosa y Calderón 104-103; y el de Gasol y Navvaro a los colegiales 98-73

Gasol

El Real Madrid esgrimió la casta de los grandes clubes del baloncesto europeo y se unió al exclusivo club de los equipos de este lado del Atlántico que han ganado ante un rival de la NBA, los Toronto Raptors, que salió del choque igual que Memphis de la pista del Unicaja el martes pasado (102-99) y que Philadelphia, hace un año, del Sant Jordi (104-99).
El segundo plato de la jornada NBA en Madrid reconcilió a los quince mil espectadores que llenaban el Palacio de los Deportes con el espectáculo. El Estudiantes - Memphis careció de atractivo. El choque entre el campeón de la ACB y los Toronto Raptors, por el contrario, si obedeció a lo esperado entre un conjunto como el blanco y una formación de la liga más poderosa del mundo.
Además, el bloque canadiense tiene una estructura muy europeizada. Para empezar, porque dispone de dos internacionales españoles campeones del mundo (Jorge Garbajosa y José Manuel Calderón). Para continuar, porque también ha confiado en el italiano Andrea Bargnani y el esloveno Rado Nesterovic, lo que le da un aire de cercanía con el estilo que impera a este lado del planeta. Antes de que acabase el primer cuarto todos estaban en pista acompañados por Jason Kapono. Por algo sería.
La puesta en escena del equipo dirigido por Sam Mitchell puso en evidencia al Madrid (3-13), pero en el equipo blanco había ganas de jugar. Charles Smith es un hombre con sello NBA. Entre otras cosas, ya acabó la Euroliga de hace dos años como máximo anotador. Luego está Raúl López, que interrumpió su etapa madridista para buscar fortuna en los Utah Jazz y también sabe lo que es la Liga norteamericana, Louis Bullock, un jugador de seda donde quiera que juegue, y Sergi Llull, de largo, lo mejor de la velada. Un hombre decisivo en los tiros libres decisivos y vital en el perímetro.
Smith se acopló perfectamente a la línea de triples más alejada (7,25 metros) y despertó al cuadro madrileño (6-13), aunque el Madrid empezó a sentirse verdaderamente bien sobre la cancha cuando Raúl López ocupó el puesto del turco Kemal Tunceri.
Al partido se le cayeron de la lista Chris Bosh, por parte visitante, y Felipe Reyes -lumbalgia-, por el lado español. Mala suerte, más que nada para el pívot madridista. Pero el choque cobró interés pese a las ausencias. El Madrid completó los primeros doce minutos a siete puntos (22-29) y creció a medida que avanzaba el reloj.
Garbajosa y Calderón ya habían recibido la ovación correspondiente al entrar en cancha. Con ellos el público ya tenía todo lo que deseaba. La velada estaba completa. López en su salsa.
Sus pases fueron lo más divertido del arranque y, también, la chispa que encendió al bloque de Joan Plaza.
Un triple de Louis Bullock y un contraataque culminado por el serbio Blagota Sekulic en solitario incrementaron las buenas vibraciones (29-33 m.16). Los blancos se habían enchufado a la fiesta. Por completo: 37-39 a los diecinueve minutos. Incluso más: Sergi Llull y Pablo Aguilar, los menos experimentados del banquillo, también entraron pronto en la rotación.
Toronto, sin síntomas de sorpresa por el repunte madridista, tiró de libreto para ganar tranquilidad. TJ Ford desgranó alguna de sus perlas, Bargnani explicó los motivos que hace un año le llevaron a convertirse en el primer jugador no estadounidense que logra el número uno del ''draft'' (sorteo universitario), y así, con un poco de aquí y otro de allá, bajar un poco los humos a los anfitriones (39-49 m.22).
En todo caso, dos detalles importantes: el Madrid mantiene las formas del curso anterior y la vocación colectiva; otra, Toronto es capaz de jugar en grupo. De esa forma replicó a los campeones de la ACB. Como un equipo. Ford, Bargnani, pero también Juan Dixon y Rado Nesterovic o Garbajosa.
Y el Madrid. Al filo del descanso se lo pasaba bien. Mucho, porque Smith soltó la muñeca desde el arco para empatar (54-54).
Nesterovic, no obstante, encontró un hueco para dejar a Toronto por delante en la primera parte (54-56). En la estadística, siete de quince en triples para los blancos.
Bullock y Smith palpaban su ambiente. Cerca de los suyos. El escolta, además, en el mismo papel que en la ACB, en el de máximo anotador. Un triple elevó su cuenta a dieciocho puntos y empató de nuevo el parcial (63-63). Le siguió Alex Mumbrú, que lo alteró a favor del Madrid (66-63 m.30). Y lo amplió el griego Michalis Pelekanos. El órdago iba en serio (68-63 m.31).
Los rumores de aquel choque contra los Celtics de hace veinte años en el que sobresalió Pep Cargol sobre el parqué del viejo Palacio capitalino y acabó en manos de Boston (111-96) resonaban por la pista de la calle Goya. Pese a todo, Mitchell mantenía a Garbajosa y Calderón sentados.
Los dos internacionales españoles regresaron al quinteto canadiense en el último trecho del tercer periodo. La experiencia de Memphis contra el Unicaja (102-99 para los malagueños) estaba aún fresca en la mente de todos. Toronto intuía problemas. El Madrid quería dárselos: 79-75 a un cuarto de la bocina.
Quizá por ese motivo surgió un bache anotador compartido por ambos cuadros al arrancar la cuenta atrás (79-76 m.40). El rebote ofensivo otorgaba segundos opciones de tiro muy interesantes al Madrid en un momento decisivo, pero acertó poco, así que Toronto lo utilizó para recuperar el sitio (81-82 m.42), al menos por un instante.
Bullock y Llull les arrinconaron otra vez tras una serie de tres triples seguidos (dos del catalán). A tres minutos y medio había margen para todo y la voz cantante hablaba castizo (90-86). Uno después nada había cambiado (92-88). Otro más tarde, casi nada (94-92). A sesenta segundos del final, la sartén estaba boca abajo.
Smith la giró con un triple desde la esquina. Era el triunfo (97-92). El Madrid ya puede presumir de haber ganado a un equipo de la NBA, igual que el Barcelona (Philadelphia) y el Unicaja (Memphis).
Memphis puede con Estudiantes
El Estudiantes ganó el domingo al Unicaja y el equipo malagueño, dos días después, lo hacía frente a los Memphis Grizzlies que, sin embargo, liquidaron de un plumazo a los chicos del Ramiro de Maeztu en el último compromiso de su gira de pretemporada fuera de las fronteras del Tío Sam.
El baloncesto internacional le ha comido mucho terreno al estadounidense. A la propia NBA, a la que ahora llegan refuerzos de todos los rincones el planeta, pero sobre todo de Europa. Y, además, a la otrora omnipotente selección nacional de las barras y las estrellas, que marcó un hito en Barcelona''92 con el ''Dream Team'' (Equipo de Ensueño) y ahora atraviesa una crisis galopante de resultados y de identidad.
Pero la visita de Memphis al Estudiantes supuso un paso atrás en el tiempo. No es la primera vez que un equipo de la NBA pierde contra un rival foráneo. El Maccabi Tel Aviv israelí abrió la caja de los truenos hace dos años, cuando ganó a Toronto en su propia casa. Luego vinieron otros. El Barcelona rebasó a Philadelphia en la gira europea de la pasada pretemporada. El Unicaja, hace dos días, hizo presa en Memphis (102-99). En la cita del Palacio, por el contrario, renació la era de la dominación incontestable de los americanos.
Memphis, al que sólo excusa de la derrota en Málaga el hecho de estar al principio de su preparación, puso más de su parte contra el Estudiantes para evitar otro tropiezo inoportuno. Lo que sucedió entre el equipo de Pau Gasol y Juan Carlos Navarro y la formación colegial rememoró la época en la que el Atlántico parecía un obstáculo insalvable para la canasta europea y mundial.
Memphis ejecutó un monólogo sin emoción. Actuó como en un entrenamiento contra universitarios en la cancha privada de calentamiento. En términos boxísticos, hizo guantes, cambió unos cuantos golpes contra un ''sparring'' que el sábado (22.00) juega contra el Barcelona en el Palau.
Estudiantes se reservó
El Estudiantes guardó la gasolina que va a necesitar en la Ciudad Condal en cuanto vio el panorama de Memphis, que salió con Pau Gasol en el quinteto inicial y dejó a Juan Carlos Navarro en el banco hasta el minuto ocho. La irrupción del escolta internacional llenó de aplausos el Palacio.
Los americanos, sin embargo, comprobaron que el público aún recuerda las explosivas declaraciones del serbio Darko Milicic cuando su selección fue eliminada del Europeo. Fuertes manifestaciones contra los árbitros y contra todo lo que se le puso por delante que la grada le recordó con silbidos en todas sus intervenciones.
El cambio de reglas, con la línea de triples a 7,25 metros, las seis faltas personales y los cuartos de doce minutos, así como el resto de pequeñas diferencias que existen entre la normativa de la NBA y la del resto del baloncesto, tampoco ayudó a los colegiales.
En especial para los triples. Cerraron la primera parte -veinticuatro minutos- con un tres de catorce desde el arco. Por suerte para los madrileños, los Grizzlies tampoco anduvieron finos (dos de quince).
Pancho Jasen, Javier Beirán y el estadounidense Larry Lewis fueron los destacados entre los de casa, los que mejor se acoplaron a las circunstancias, los que más quisieron divertirse en un choque desigual. Sólo el goteo de lanzamientos errados por los locales abrió un abismo en el rebote. Memphis cogió diecisiete más en los dos primeros cuartos (19 por 36).
Ni Gasol ni Navarro acapararon un gran protagonismo, pero los Grizzlies fueron sobrados a partir de un acertado inicio del alero Mike Miller y, sobre todo, de un mayor arsenal físico y técnico que un adversario ajeno a la Euroliga y a la Copa ULEB esta campaña, es decir, fuera del circuito VIP continental, no aguantó.
Memphis, con el uniforme adornado por la bandera de España en los laterales de la camiseta y del pantalón, demostró que la diferencia entre un equipo de clase media europea y otro de clase media en la NBA, como puede catalogarse a la franquicia de Tennessee, o incluso menos de acuerdo a sus resultados de la última Liga, es aún notoria según qué casos. La elite continental ha crecido mucho y muchos jugadores dan el salto al campeonato estadounidense, pero la NBA no es, a día de hoy, territorio estudiantil.




