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Martes, 18 de Febrero de 2020

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Una esperanza en medio del desierto

El padre Anselmo recoge a los emigrantes clandestinos que son abandonados en el desierto. Es 'el santo de los expulsados'

El padre Anselmo recoge a los emigrantes clandestinos que son abandonados en el desierto. Es 'el santo de los expulsados' /

"Yafany Mam, Abdoulaye Loume, Ismael Sidibe...". El padre Anselmo anota nuevos nombres en una pequeña libreta plagada de historias. Son los de nueve jóvenes que acaban de llegar a su pequeña parroquia, situada en la ciudad de Gao, al noreste de Mali. Le cuentan que han sido atracados y que les han dado una paliza en el desierto argelino.

Hasta la única iglesia católica en miles de kilómetros a la redonda llegan, prácticamente a diario, muchos de los emigrantes clandestinos que son expulsados desde Argelia o Libia y llegan hasta esta ciudad de pequeñas casas de barro a orillas del río Níger.

Buscan la ayuda de este espigado cura que se ha hecho famoso entre las personas que fracasan en su intento de llegar a Europa. Sólo este año, este religioso tanzano ha ayudado a más de 700 emigrantes clandestinos abandonados en el desierto.

Lleva ya una década haciendo este trabajo, pero los últimos tres años han sido especialmente duros. Son miles de vidas y de historias las que han pasado por sus manos pero algunas le han marcado especialmente.

"Tras los acontecimientos de 2005 de Ceuta y Melilla, que los españoles conocen bien, muchos jóvenes quedaron abandonados en el desierto", dice el párroco. "Había muchos jóvenes que sufrían en Gao, que no tenían qué comer, dónde dormir y sobre todo, que no podían viajar, que estaban bloqueados en Gao. Nos dimos cuenta de que había otra forma de sufrimiento. Así es como comenzó nuestra ayuda, con un lugar donde acogerles, escucharles, curarles, darles de comer, darles apoyo y sobre todo ayudarles a continuar su viaje. Es lo que hacemos por los inmigrantes".

"Y poco a poco, nos hemos percatado de que existe otro problema y es que muchos jóvenes creen que es suficiente con coger la carretera, ir al desierto, luego a Argelia, luego a Marruecos y ya están en España, en Europa. Así que hemos tenido que empezar a sensibilizarles sobre estos peligros", cuenta.

Las historias que le han marcado

Son miles de vidas y de historias las que han pasado por sus manos, pero algunas le han marcado especialmente.

"El primer caso que me tocó más profundamente", dice el padre Anselmo, "fue cuando quise acoger a toda una familia. Conocí a una mujer con seis hijos, una mujer camerunesa que acababa de instalarse en Argelia con su marido, que tenía todos los papeles en regla. Pero un día, mientras su marido estaba en Camerún construyendo su casa, hubo un problema en el barrio y la policía se presentó allí ordenando marcharse a todos los negros. Así que podéis imaginar a esa mujer con seis hijos atravesando el desierto en un camión".

"La segunda", dice Anselmo, "fue cuando fui a la frontera a Tinsawuatin con un camión pensando que todo el mundo iba a querer montar en el camión porque aquello es realmente un infierno, no hay agua, no hay casas... Pues bien, me encontré 64 personas y sólo 16 de ellas aceptaron venirse conmigo. Lo que me decían todos era: "Es tan difícil vivir en nuestra tierra que preferimos morir intentando llegar a Europa". Me impactó esa determinación, que estén dispuestos a morir antes que regresar al lugar donde creen que no podrán vivir. Me hizo comenzar a fijarme en cómo viven los jóvenes, cómo están dispuestos a sacrificar su vida. Me transformó, me tocó realmente y me hizo plantearme preguntas".

El padre Anselmo les proporciona comida, medicamentos y les lleva al hospital cuando están en muy mal estado. Es el caso del grupo de nueve chicos que atendía en su parroquia cuando le visitamos. Venían malheridos y describiendo el horror en el que se ha convertido intentar emigrar a Europa por el desierto del Sáhara. Wilson, nigeriano de 31 años, llevaba seis intentándolo, pero acababa de 'tirar la toalla'. Ha visto los cuerpos de más de 20 chicos muertos de sed en el desierto y siente terror por las bandas que se dedican a robarles en el trayecto.

La responsabilidad de la Unión Europea

El cura habla sin tapujos de la responsabilidad que tiene la Unión Europea en las innumerables muertes que se producen en el desierto.

"Sí, pienso que Europa tiene derecho a protegerse, pero al mismo tiempo tiene que plantearse preguntas. El Frontex lleva a que los jóvenes mueran en el desierto. Es normal que los países europeos se protejan, pero al protegerse, no es normal que dejen a la gente morir en el desierto.

Esa es mi reacción ante eso. Lo que sorprende sobre todo es el proyecto de Sarkozy de la Europa mediterránea porque quiere decir que quiere que las fronteras de Europa estén en el desierto para que la gente no pueda entrar más en Europa.

"La inmigración forma parte de la humanidad. No podemos evitar que la gente emigre."

En un país donde el 95% de la población es musulmana la 'Misión de los Padres Blancos' en Gao reparte salvavidas en forma de comida o de medicamentos ante el naufragio permanente de vidas en un desierto que miles de jóvenes seguirán cruzando en busca de Europa. Para los que fracasen, el santo de los expulsados estará esperándoles en su parroquia de Gao.

El sueño europeo

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