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Lunes, 09 de Diciembre de 2019

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Músicos callejeros latinoamericanos con su arte al hombro

Los parques y los restaurantes latinoamericanos también son concurridos por estos músicos errantes

La oferta musical callejera de Madrid es variada y extensa, pero es el metro de Madrid el escenario favorito que eligen intérpretes recién llegados de casi todo el mundo, en especial de Latinoamérica a la espera de la fama mientras se ganan unas cuantas monedas para sobrevivir .

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Trabajo es trabajo, y su arte, la canción, es lo que regalan a cientos de pasajeros del metro o en los restaurantes latinoamericanos a cambio de una retribución voluntaria. No tienen vergüenza ni temor a que los desalojen de los vagones los guardias de seguridad del suburbano. Los que pertenecen a los países andinos visten sus coloridos ponchos y llevan a cuestas sus intrumentos peculiares como los charangos (una guitarra pequeña), las zampoñas y las quenas (una especie de flautas)

En la estación de Metro Pacífico, entre una marea de caras morenas, toca casi todos los días el peruano Yascar Prudencio. Tiene 35 años y nunca pensó que terminaría tocando su guitarra y cantando en el metro de Madrid todo los días. "Siempre quise ser cantante y llevaba mi guitarra a todas partes, también me la he traído a Madrid y ahora me gano la vida de esta manera", dice tímidamente mientras enfunda su instrumento para cambiarse a la otra vía de salida.

"Es extraño, quienes más te dan monedas son tus mismos paisanos porque se identifican con las canciones", aclara, aunque su repertorio empieza por temas más universales como el "Y nos dieron las diez" de Joaquín Sabina y termina con el vals de "La flor de la canela" de Chabuca Granda, una de sus coterráneas.

Cada vez se observan másmúsicos callejeros latinoamericanos y no sólo en el metro, sino también en zonas concurridas como el parque del Retiro en Madrid. Los fines de semana, especialmente si hace buen tiempo, acuden varios grupos musicales de ecuatorianos, bolivianos y peruanos con su indumentaria correspondiente y sus instrumentos musicales. "Mirá están ahí los hermanos de Evo (presidente de Bolivia)",explica una de las transeúntes a su hija, pero se equivoca, los músicos son peruanos y sus ritmos son similares a los de Bolivia al igual que la pielmorena de sus músicos.

Los restaurantes latinoamericanos, especialmente sudamericanos, son otro punto de encuentro donde dicen sentirse más a gusto porque la policía no los persigue. Los hay buenos, malos, profesionales y principiantes, solistas y en grupos. Todos con el mismo objetivo, hacer de su música su fuente de ingreso.

Francisco Sánchez, 'Pancho Villa' para sus amigos, se gana la vida cantando en la estación del metro de la Gran Vía los meses de verano y a finales de año, cuando hay más concurrencia de compradores en el centro de la capital. El resto del tiempo recorre Barcelona, Bilbao y Sevilla ataviado con un ajustado traje de mariachi y su guitarra al hombro. "Es una forma sana de ganarse la vida y como hay días malos también los hay bastante buenos", sostiene este mexicano de 45 años que vive en España desde hace 14 años.

Un domingo a la hora de la comida, los restaurantes latinoamericanos de Usera, Villa Verde Alto, Pueblo Nuevo, Cuatro Caminos, Vallecas, entre otros,se convierten en un lugar de encuentro obligatorio para los inmigrantes y también una oportunidad de trabajo segura para estos músicos errantes que saben que al menos los aplausos están garantizados.

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