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Los amoríos musicales de Martin Scorsese

Repasamos los documentales musicales de Scorsese tras el estreno de 'Living in the material world', la visión del director sobre el guitarrista de los Beatles

Tráiler de 'Living in the material world' / Tras rodar conciertos y documentales sobre The Band, Bob Dylan, el blues o los Rolling Stones, Martin Scorsese se adentra en la vida del guitarrista de los Beatles para tratar de contar su historia / AVALON

Desde que participase en el documental sobre Woodstock el director neoyorquino ha rodado documentales sobre el blues, el final de The Band, los Rolling Stones, Bob Dylan o más recientemente sobre George Harrison. Más noticias de cine y series en la página web de 'La Script' | TWITTER

"Creo que amo la música más que al cine. La música es la forma más pura de arte", comentaba Martin Scorsese en un encuentro con Spike Lee. "La música sale directamente desde el alma", apostillaba. La relación de amor entre la música y el director de cine se remonta a una tarde de 1958 en la que un joven Scorsese se topó en la radio con See See Rider de Lead Belly. "Si en aquella época hubiera sabido tocar una guitarra, tocarla de verdad, probablemente nunca me hubiera convertido en director".

Poco después de aquel encuentro radiofónico Scorsese vio en directo a Bo Diddley y su mundo volvió a tambalearse. "Fui con unos amigos a verle en Brooklyn Paramount y Diddley hizo algo inusual: explicó los golpes de batería y qué partes venían de África. Nos dio un sentido de la historia detrás de la música, de sus raíces", explicaba el director al hablar de sus inicios musicales. Ese encuentro influiría muchos años después en Feel like going home, el documental que dirigió Scorsese sobre las conexiones musicales entre el blues y los ritmos africanos. Un proyecto ideado por él para investigar la historia del blues y para el que lió a otros seis directores como Clint Eastwood o Win Wenders.

La influencia de Woodstock

Con 28 años el director neoyorquino participó en la producción del mítico documental sobre el festival de Woodstock, aquella sería su primera aproximación profesional a la música. Durante la década de los setenta Scorsese se convertiría en una gran promesa del cine estadounidense con la edición de películas como Malas calles (1973), Taxi Driver (1976) o Toro Salvaje (1980). En la historia de Jake La Motta, que le valió el Oscar a De Niro, la música tuvo una vital importancia, tanta que Scorsese gastó 30.000 de los 700.000 dólares del presupuesto en los derechos de dos canciones de los Rolling Stones.

En 1978 Scorsese grababa el concierto despedida The Band, la banda que acompañó a Dylan cuando el músico de Duluth se electrificó. Para muchos es el mejor concierto de la historia con la participación de gente como Van Morrison, Neil Young, Eric Clapton, Ringo Starr, Muddy Waters, Mavis Staples, Dr John y muchos más. "Siempre me consideraré un privilegiado por haber estado allí, por filmarlo y por ofrecerlo de vuelta a la gente, fue un momento definitivo para mí", confesaría años después sobre El último vals.

De aquel concierto salió una amistad especial entre el director y Robbie Robertson, guitarrista de The Band. Desde entonces Robertson se ha encargado de la música de muchas de sus películas como El color del dinero, Shutter Island pasando por Casino o Infiltrados.

Tras grabar a The Band, Scorsese dirigió el video musical de Bad de Michael Jackson. Y tras este trabajo comenzó un receso musical de diez años, hasta que, por amistad, colaboró con Margaret Bodde en un documental sobre Eric Clapton llamado Nothing but the Blues, un trabajo que mezclaba actuaciones de Clapton con fotos y viejas actuaciones de bluesman. "Clapton es uno de mis músicos favoritos y sigo escuchando todo lo que hace", comentó recientemente al ser preguntado por sus gustos musicales.

Pasión por el blues

Tras el 11-S fue uno de los múltiples directores que participó en la grabación del concierto para los héroes de Nueva York y en 2003 se embarcaría en su gran proyecto musical: grabar la historia del blues. El director neoyorquino produciría un serial de siete documentales con otros tantos directores sobre este género musical que tanto le apasionó siempre. "Lo de Clapton nos dio la perspectiva para este proyecto. Cada director que participó tenía una profunda conexión con esa música y cada uno afrontó el tema desde su perspectiva personal. Para mi película la idea era llevar al espectador desde Misisipí hasta África de la mano de unos maravillosos y jóvenes músicos. Resultó fascinante escuchar las conexiones entre las músicas de África y EEUU, ver cómo las influencias viajaban en ambas direcciones", contaba Scorsese sobre su aventura musical.

A penas dos años después el director aceptaba un peculiar encargo: contar la historia de Bob Dylan. "Yo no llegué a grabar a Dylan, de hecho no conocí a Dylan durante el rodaje. Nos dieron un par de cientos de horas de imágenes y trabajamos sobre ellas para contar la historia de un joven que era un artista que seguía su propio camino. Esa era la clave, pero nos llevó dos años y medio encontrar las imágenes idóneas para la historia que queríamos contar". El extenso documental, brillante en muchos aspectos, carece de declaraciones de la familia del músico o de los miembros de su banda. Una historia profunda, pero ajena a la vida personal del músico, que viene a contar el camino de Dylan desde Duluth hasta el estrellato. Pero la historia da un giro y profundiza en la reacción del músico a los abucheos que le acompañaron cada noche de aquella maldita y genial gira de 1966. Al regresar a casa tuvo un misterioso accidente de motocicleta y no volvió a subirse a un escenario en ocho años.

En 2008 les llegaría el turno a los Rolling Stones, banda fetiche de Scorsese. Grabar al grupo liderado por Mick Jagger tampoco resultaría sencillo. "Tengo una historia con su música porque siempre ha influenciado mucho mi trabajo y no les conocía, apenas les había visto en directo un par de veces a lo largo de los años. La música que hicieron entre 1963 y los años setenta me marcó y es parte de mis películas de entonces, incluso algunas posteriores como Uno de los nuestros o Casino", explicaba el cineasta en una entrevista en 'The Guardian'. El experimento, con menos pretensiones que su antecesor, cautivó al público. Tras conquistar el ansiado Oscar, Scorsese ha vuelto a la carga y tras cuatro años de trabajo presenta Living in the material world, su peculiar visión sobre George Harrison.

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