Cultura y telecabinas contra 'sicarios'
Medellín, Colombia
La fórmula Medellín para la paz se puede reducir a dos palabras: Cultura y movilidad. Por eso coger el metro es ya parte de la experiencia para saber cómo esta ciudad se ha transformado hasta ser un escaparate de lo mejor de Colombia.
A unas pocas paradas del centro, transbordamos a la Línea K. No compre billete, le vale el que tiene, pero no busque los andenes, vías, ni mucho menos vagones. Lo que se encuentra es un telecabinas; como el que trepa a tantas estaciones de esquí, pero que en este caso sube por las escarpadas laderas llenas de casitas, en su mayoría humildes construcciones de rasilla sin enlucir y con tejados de chapa.
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La 'línea K' termina en Santo Domingo, en la Comuna 1. Si eso no dice mucho, sepan que es la misma en la que el 'narco' Pablo Escobar reclutaba a sus sicarios en los 80. La policía no entraba; ahora cualquiera va cómodamente en 10 minutos. "El metrocable -ese es el nombre comercial- no da transporte, da dignidad", dice orgulloso Mauricio Facio Lince, secretario de Gobierno en el ayuntamiento de Medellín.
Otra manera de dar dignidad ha sido a través de la cultura. También en Santo Domingo, casi al lado del telecabina, se levantan sobre la ladera tres imponentes cubos que finjen piedra negra. Es el 'parque-biblioteca España', uno de los cinco levantados en las zonas más deprimidas de Medellín.
Todos han sido construidos con proyectos de grandes arquitectos, y con las mejores instalaciones posibles. "Podíamos haber hecho 25 bibliotecas pequeñas. Esta biblioteca podía haber sido un cubo sencillo -explica Facio Lince-, pero era importante que fueran las mejores bibliotecas con los mejores arquitectos".
Ese principio de trabajar con lo mejor, lo introdujo Sergio Fajardo, un matemático que se cansó de ver lo bajo que había caido su ciudad y se presentó a las elecciones. En su mandato de alcalde, de 2004 a 2007, llegó a dedicar el 40% de su presupuesto a Cultura. Ahora es gobernador de Antioquía, la región de la que es capital Medellín. Pero los dos sucesores que ha tenido desde entonces, Alonso Salazar y el actual, Anibal Gaviria, han continuado en gran medida con sus programas.
A primera hora de la mañana, la 'España' es un edificio bullicioso. Porque cada biblioteca va acompañada de otros servicios, para convertirla en centros de vida en el barrio. En la de Santo Domingo hay chicos haciendo trabajos para el colegio, madres y padres que llevan a sus hijos a la ludoteca, o vecinos que van a hacer papeleos a lo que sería una especie de oficina de la Seguridad Social.
Gran parte del trabajo consiste en atraerse a la gente joven. Al principio no fue fácil, entre personas que desconfiaban del Estado. Yelena, una de las trabajadoras, pone el mejor ejemplo de que los jóvenes de Santo domingo creen en el proyecto: "para sacar libros o usar los ordenadores, necesitan traer su tarjeta de identidad y lo hacen. Gente que no se lo enseñaría a la policía, que normalmente se lo dejaría en su casa para que no les puedan identificar".
Santo Domingo sigue siendo un barrio de infraviviendas. Muchas casas todavía son peligrosas para quienes las ocupan por estar en zonas inestables. Ni los que viven allí, ni las autoridades de Medellín pretenden lo contrario.
Pero se sienten orgullosos de los resultados. Al bajar en el 'telecable', dos vecinos ocupan con los periodistas una de las cabinas. Sonrien llenos de satisfacción cuando escuchan a alguien de fuera el entusiasmo visitando su rincón de la ciudad.




