La muerte del juez alemán por una jabalina recuerda a otra tragedia en España de 1987
La muerte de un juez alemán de atletismo al ser alcanzado en el cuello por una jabalina recuerda una tragedia similar que hace 25 años acabó con la vida del atleta Jesús Javier Gil
El juez, de 75 años, se lanzó a la carrera para medir el lanzamiento cuando la jabalina se encontraba aún en el aire y fue alcanzado en el cuello durante una competición de categoría juvenil.
La infrecuente tragedia ocurrió también en las pistas del INEF de Madrid en 1987, cuando a Jesús Javier Gil, de 25 años, le atravesó el cuello una jabalina lanzada por su entrenador, Javier Bugallo, mientras practicaban al atardecer, con poca visibilidad en las pistas. Murió pocas horas después en el hospital.
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El 13 de julio del 2007 la tragedia sobrevoló también el estadio Olímpico de Roma, donde, en el curso de la Golden Gala, el saltador de longitud francés Salim Sdiri fue alcanzado por una jabalina lanzada por el finlandés Tero Pitkamaki, en lo que la atleta española Mercedes Chilla consideró un "error de cálculo" de los organizadores. Para Chilla, que consiguió en los Europeos de Gotemburgo 2006 la primera medalla internacional del atletismo español en el sector de lanzamientos, "lo de Roma fue un despiste de los organizadores, al poner los bancos de longitud tan cerca del sector de jabalina.
Cuando hay gente que lanza 90 metros, no puedes ponerlos al lado", explicó en aquella ocasión. El presidente de la Federación Española, José María Odriozola, también consideró entonces que los lanzadores "no deben ser los proscritos del atletismo". "En Roma no calcularon bien las distancias. Había demasiado poco espacio entre el sector de lanzamiento de jabalina y la zona de salto de longitud, sobre todo teniendo en cuenta que allí había lanzadores de 90 metros", explicó.
Salim Sdiri, cuyas heridas en el costado derecho no revistieron gravedad, pidió a la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) que fijara nuevas normas para evitar este tipo de accidentes. "¿A qué esperan, a que haya un muerto?", se preguntó. El atleta francés propugnaba que los concursos de lanzamiento se disputen antes que las otras pruebas, "cuando no hay nadie en la pista o en los lugares de salto" y recordó que en los mundiales de París 2003 un martillo aterrizó en la pista en plena recta de meta y que en Helsinki, dos años después, sucedió algo parecido.
Ese mismo año, el checo Roman Sebrle, entonces plusmarquista mundial de decatlón, recibió también el impacto de una jabalina durante un entrenamiento, y en 2006 otra jabalina atravesó el pie de una juez brasileña durante una prueba local, aunque en ambos casos las heridas fueron superficiales. La IAAF modificó en 2002 la normativa de seguridad para el lanzamiento de martillo, pero ocho meses antes de su entrada en vigor, un joven atleta rumano, Ilie Ciurar, murió golpeado en la cabeza por un martillo lanzado por la atleta Diana Haratu en el estadio municipal de Roman (Rumanía) durante un entrenamiento. La bola reglamentaria pesa 4 kilos para las mujeres y 7,2 para los hombres en categoría sénior.
La apertura de la jaula de lanzamiento de martillo, diseñada en forma de U para que pueda detener la cabeza de un martillo de 7,26 kg moviéndose a una velocidad de hasta 32 metros por segundo, fue reducida de seis a cinco metros, y el ángulo de la zona de aterrizaje de la bola se redujo de 40 a 34,92 grados. La muerte del rumano se produjo sólo un día después de que otro joven atleta, el estadounidense de 17 años Samoa Fili, perdiera la vida en Wichita (Kansas) tras golpearse la cabeza contra el suelo al ejecutar un salto con pértiga.
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