Este no es mi Levante, es un avatar
VALENCIA
Yo fui de un Levante humilde, integro, frontal, transparente y sincero que renació de sus propias cenizas gracias al empeño personal de un director general y de una administración concursal que creían en la salvación de un club centenario, al magnifico trabajo de un secretario técnico denostado por Villarroel y al compromiso diario de una plantilla y de su cuerpo técnico. Ese Levante ya no está. Ahora me lo han cambiado por un avatar, con hechura europea, mucho más elegante, perfumado, engominado, poliglota, mediático y presumido pero al que le quitas la envoltura y está completamente vacío de emoción porque se le ha parado el corazón.
Yo fui de un Levante distinto, en el que el cariño de sus gentes lo convertían en un club especial, inimitable, incomparable e indestructible por minúsculo que fuese el reducto de aficionados que existiera, porque el gen granota no admitía mutación. Por un momento, llegué a pensar que el Levante podría arrebatarle una importante cuota de mercado a un Valencia en fase de autodestrucción. Lo tuvo muy cerca, pero le pudo la soberbia. Empujado por una euforia efímera empezó a jactarse de sus traspasos, de sus fichajes, de ser un club multimedia y estuvo más preocupado de exportar el milagro granota por diferentes foros que acogían a un presidente ejecutivo y conferenciante, que de generar un ambiente favorable hacia la continuidad del director deportivo que estuvo a punto de marcharse y de un entrenador decapitado desde el día en el que fue esquivo ante una posible renovación.
Yo fui de un Levante que era gentil, atento, amable y cuidaba las formas hasta el último minuto con sus empleados. Ahora es un club vulnerable por sus propios miedos, atrapado en la incomunicación, acorazado y protegido para contrarrestar el ataque invasor de los medios de comunicación críticos y que no damos crédito a la celebración de un Consejo de Administración en el que se termina brindando con mojitos y cubatas por el despido del mejor entrenador de la historia o en el que máximo responsable deportivo es incapaz de explicar las razones por las que JIM no continua. Este no es el Levante puro, abierto y cristalino del que yo me he sentido muy orgulloso, porque desgraciadamente se está convirtiendo en una oligarquía que confunde la representación con la propiedad. Y como dice Quico Catalán, nadie es imprescindible. Feliz verano.

José Manuel Alemán
Redactor de Deportes en Radio Valencia




