Cosas que deberías tener en cuenta si te vas de crucero


Estamos ilusionados, ¡nos vamos de crucero! Además es la primera vez que nos embarcamos en una aventura así. ¿Qué hacer? ¿qué no hacer? ¿Qué llevar? Aquí van cinco recomendaciones sobre cosas y situaciones que deberías evitar en un crucero.
Que no te entre un sudor frío cuando veas a cientos de personas embarcando. En un barco hay sitio e instalaciones suficientes y muy medidas para todos esos pasajeros. Pero si aún así no te gustan las aglomeraciones, la solución es fácil: ir a contra corriente de los horarios de la mayoría. Los puntos más sensibles de concentraciones de gente son embarque y desembarque de excursiones, entradas al comedor, horas muertas entre comidas y espectáculos. En un barco español, elige el primer turno de cenas, al que solo quieren ir los extranjeros; luego además habrá mucha menos gente en el segundo turno del espectáculo. No seas de los primeros en desembarcar, ni embarques cuando llegan todas las excursiones. La zona más tranquilas de un barco es siempre la biblioteca. Y si quieres disfrutar del gimnasio y piscina, intenta elegir un horario en la que la mayoría de la gente está en excursiones de tierra.
Aunque estés navegando por una ruta dentro de la Unión Europea piensa que los barco están acogidos a la normativa del país en el que están matriculado. Con lo cual mi recomendación obligada es llevar un seguro médico con la cobertura máxima. La asistencia médica dentro de un barco de cruceros no está nunca o casi nunca incluida, y sí lo esta sus coberturas son mínimas. Los servicios sanitarios son astronómicos. Puede que te cobren 1.000 euros por un análisis y unos 100 por una simple consulta. ¿Y no digamos si tienes que ser evacuado por un helicóptero a un país en donde tu seguro médico europeo no tiene validez! Por unos 50 euros para un crucero de 10 días puedes contratar un seguro médico personal y evitarás problemas. Lleva provisión de tus medicamentos.
Me comentó en cierta ocasión una elegante señora en un gran barco: “¡Cielos, esto se nota!! A lo que le contesté: "Es lo que tiene el mar señora, no se para por usted". Recuerda que por muy grande que sea el barco, el mar es mucho más. No menosprecies al líquido elemento, usualmente tranquilo, ligeramente agitado a veces, raramente colérico. Jamás embarques esperando que no se va a mover nunca. Lleva una buena provisión de Biodramina, aunque uno de los mayores placeres de los cruceros es el ligero, suave, delicioso y sugerente bamboleo que de vez en cuando nos acompaña en nuestra travesía, como una especie mecedora. El movimiento de un barco, no es una maldición bíblica, es parte de su encanto. Además el mareo se controla fácilmente con decenas de soluciones: paseos por cubierta, manzanas, infusiones de jengibre, y para casos mucho más graves hasta medicación específica. Si se mueve el barco… disfrute porqué es parte del divertimento.
Estamos emocionados y bajamos a nuestra primera escala. La excitación nos hará callejear, visitar cosas y cuando nos damos cuenta de la hora… ¡el barco se ha ido! Si optamos por reservar una excursión del barco, nos traerá puntual, antes de que este zarpe. Pero si por el contrario quieres visitar el lugar por tu cuenta debes de ser consciente de que el capitán no espera. Las escalas son relativamente cortas y deberías intentar aprovechar lo máximo, llevando tu ruta planificada, teniendo previsto de antemano cómo se llega en transporte a los puntos que quieres visitar. Y asegurarte de regresar, dejando un tiempo extra de seguridad por si algún transporte público sufre una eventualidad. Perder el barco implica asumir los costes de llegar a la siguiente escala.
Estamos en el lugar perfecto, en una vacaciones maravillosas, a bordo de un barco en donde la comida y la bebida está habitualmente presente en cada esquina. ¡Al diablo la dieta, estamos de vacaciones! Sin embargo deberíamos ser conscientes de que los excesos de la buena vida se pueden pagar con una incómoda indisposición a bordo, que podría arruinar nuestras vacaciones. Alcohol sin control, una cantidad excesiva de comida, azúcar, grasa, madrugones, agua diferente, noches de fiesta… todo eso pasa factura. Las más leves: alteraciones en el transito intestinal. Intente pequeños trucos con la comida, como ingestas frecuentes y cortas. El consumo de alcohol debe acompasarse con aguas, zumos e infusiones. Tentaciones en forma de azúcar estarán omnipresente, modérate. Frutas y helados y postres sin azúcar son buenos sustitutivos de los postres calóricos. Un crucerista medio toma siete kilos de pan y dos tarrinas de mantequilla en cada crucero. Además, cuidado con el sol. En el mar es especialmente traicionero si no se toman medidas. Disfrute, pero sea consciente de los excesos o estará para el arrastre a los pocos días.




