Las Vegas, una ciudad con pecado concebida


La ciudad que nunca duerme, del pecado, casinos y hoteles bañados con el neón de Welcome to Fabulous Las Vegas es como una máquina tragaperras que regala emociones fuertes. Es atravesar el Strip, la avenida principal de la ciudad, y entrar a una nueva dimensión donde las cosas suceden pero no trascienden, y si trascienden nunca suceden. Porque lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas, o al menos se intenta refugiar en el sonido de la ruleta gira que te gira y las luces centelleando.
En el desierto de Nevada se halla el que fuera un refugio del dinero de capos y gabardinas de acero. De la nada surgió una ciudad basada en el juego y la diversión que para los años treinta era un espectáculo indecente. Aparecieron los hoteles, los neones y décadas más tarde no había artista de postín que no hubiera actuado en Las Vegas guardándose una pequeña fortuna en el bolsillo. Hoy la perdición es de todos los que se ven atraídos por el show constante que se vive en sus calles y puertas adentro. Una ciudad que permanece despierta las 24 horas y donde la palabra aburrimiento no tiene cabida.
Aunque de fondo quedan los casinos, las calles están vestidas de hoteles grandiosos y casi siempre temáticos. El Luxor es una pirámide de cristal con una esfinge como la de Giza, el Venetian tiene canales con gondolieri cantando en italiano y en el New York New York, con montaña rusa incorporada, uno puede alojarse en una suite del Empire State Building. Pero son muchos más, el Circus Circus en el que no faltan ni las carpas ni los payasos, el Excalibur con un castillo de película o uno dedicado por entero a París con una Torre Eiffel de 164 metros y olor a croissant del que podría ser un café del Barrio Latino.
Los más glamurosos como el Bellaggio son un espectáculo tanto por dentro como por fuera. Este, por ejemplo, tiene un juego de fuentes, música y luces que hipnotiza a los paseantes del Strip como si vivieran un concierto de una estrella del Rock. Y es que todo es show en Las Vegas, desde los bailes que se organizan en los grandes salones de los hoteles hasta el último busca-propinas a pie de calle.
Luego están los visitantes ocasionales, que absorben el shock de la ciudad del pecado independientemente de su receptividad. Grupos de amigos juerguistas, solteros y solteras, novios que salen casados y casados que salen divorciados. De fondo el tema de Elvis “Viva Las Vegas” recuerda que las emociones son las que mandan en aquel rincón generado de forma espontánea en el Estado de Nevada.
Otro tipo de turistas son los que se encuentran haciendo un circuito por la Costa Oeste o quien sabe si la Ruta 66 al completo. Los Ángeles quedan suficientemente cerca para ser un destino usual y fácil de llegar. Al otro lado, adentrándonos por la salvaje Arizona tenemos el Gran Cañón del Colorado. Son unas pocas horas de conducción, aunque hay quien prefiere llegar desde Las Vegas en helicóptero y regresar a la hora del cóctel para proseguir la fiesta.
La presa Hoover Dam, sobre la que se retroalimenta la ciudad, es otra de las atracciones turísticas dignas de ver. Es la explicación más evidente de por qué existen Las Vegas actualmente.
Pero por la noche… ¡ay la noche! Las luces vuelven a ejercer su extraño influjo y hacen que te sientas en el único lugar habitado de la Tierra. Lo demás parece dejar de tener sentido, de existir si quiera. Conciertos, espectáculos y un poco de black jack son el festejo que toda la gente espera sin saber cómo va a ser su final.
Al rojo o al negro, tres en línea, premio, dulce derrota y amarga victoria… en soledad o en compañía. Un viaje a Las Vegas se puede imaginar pero la realidad te invade superando todas las expectativas. Eso sí, con la premisa de que todo lo que pasa no sale de allí. O al menos ese es el tópico. Pero, ¿quién lo sabe?
¿Un viaje tentador verdad? Descubre todos sus atractivos, sus espectaculares calles, edificios y la vida de una ciudad mítica de Estados Unidos. Escápate estas vacaciones a Las Vegas y conoce parajes tan impresionantes como el Gran Cañón de Colorado. ¿Te lo vas a perder? ¡No te resistas y disfruta!




