Sábado, 06 de Marzo de 2021

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David Lynch: "Cuando un gobierno apoya el cine, es algo hermoso"

El mítico cineasta americano, plato fuerte del Festival RIZOMA 2013, hablaba hoy de la meditación trascendental y el efecto que ha tenido en su creatividad artística

El cineasta David Lynch hoy en Madrid

El cineasta David Lynch hoy en Madrid

Con su pelo blanco y plateado, David Lynch explicaba, educada y didácticamente, como un gurú de la Nueva Era, las enseñanzas de la teoría de Maharishi Mahesh Yogi. El genio de Missoula, Montana, sin embargo, también habló de su obra, del valor del apoyo del poder público a la cultura y por qué no hay que sufrir para mostrar el sufrimiento en el cine. Eso sí, según el director de 67 años, él "no sabe nada de cine"

El director de 'Cabeza borradora' (1977) o 'Terciopelo azul' (1986) cumple los sueños de muchos cinéfilos de nuestro país con su visita hoy y mañana a Madrid en el seno del Festival RIZOMA 2013, que este año viene acompañado del prefijo TRANS- ("en todas sus formas y variaciones") y que une cine, arte, música y conferencias. Según el propio Lynch, vino "para hablar de cine y de la meditación transcendental".

Y así es, porque si alguien no conociera este genio del surrealismo cinematográfico, este hombre renacentista de nuestros días, pensaría que se trata de un verdadero predicador. Pero resulta que Lynch lleva en esto de la meditación desde los 27 años. "Empezé a meditar el 1 de julio de 1973, un sábado por la mañana precioso. No sabía lo que me esperaba, solo sabía que quería alcanzar aquello que tantas veces había escuchado: la felicidad real no está fuera, sino dentro. El problema es que se trata de una frase muy frustrante, porque no te dicen dónde está esa felicidad ni cómo buscarla. Fue mi hermana quien me introdujo a la meditación trascendental".

El artista multidisciplinar (también es músico, por ejemplo, sacando en julio el disco al estilo blues The Big Dream), explicaba así que todo empieza con "un mantra -una vibración, sonido o pensamiento muy específico- que traslada la conciencia desde el exterior hacia el interior, sumergiendo al ser hasta los niveles más sutiles de la mente y el intelecto, trascendiendo y experimentando así el nivel más profundo y eterno de la vida donde solo reside la positividad, un océano de pura conciencia donde la creatividad, la inteligencia, la felicidad, el amor, la energía y la paz están libres de barreras. El efecto secundario de eso es que la negatividad se eleva y desaparece. El mundo sigue igual, pero lo que antes nos estresaba ya no nos afecta de la misma manera".

Esa positividad, paz y equilibrio del que habla sin embargo contrasta frontalmente con los mundos oscuros, siniestros y laberintescos que tanto caracterizan su obra cinematográfica. Ante ello el director de 'Mulholland Drive' (2001) o 'Carretera perdida' (1997) defiende que son totalmente combatibles. "Nuestro mundo es oscuro y angustioso, sobre todo en estos tiempos. Las historias, desde siempre, no representan solo la felicidad, pero eso es lo que justamente les hace historias: llenas de contrastes, de vida y de muerte, de personajes que interactúan. El artista, aún así, no tiene que sufrir para mostrar el sufrimiento. Lo que siempre he dicho es mantén el sufrimiento en tu guion, no en tu vida. Además, cuanto menos sufres, mejor puedes mostrar el sufrimiento. Esa es la clave. Otra cosa es que, mientras algunos directores felices cuentan cosas felices, yo me enamoro de otro tipo de historias".

Esa fuerza espiritual es lo que también le ha permitido desarrollar y mantener su estilo tan singular en un Hollywood que no siempre apuesta por la vanguardia. "La meditación nos sirve profesionalmente. Siempre me pregunto, ¿si no fuera por mi meditación, qué hubiera sido de mi trabajo? Si los productores me hubieran podido amedrentar, si no hubiera tenido esa fuerza, no hubiera podido conseguir que mis películas se hicieran de la manera en la que yo quería que se hicieran. Cuando eres feliz, las ideas fluyen con mayor libertad. La intuición crece. Ese océano interior es un océano de conocimiento, algo fundamental para el artista: el poder saber cuándo algo no está bien y cómo arreglarlo".

No se ciñó a hablar solo sobre la relación con la gran industria, sino que el cineasta -cuya última película fue 'Inland Empire' (2006)- también habló de la relación del cine con las autoridades públicas en respuesta a una pregunta sobre las recientes declaraciones del ministro de Hacienda Cristóbal Montoro sobre la calidad del cine español. Lynch lo llevó al terreno que conoce, diciendo que "el gobierno americano es un gobierno extraño al que no le importa en absoluto el cine, algo que me avergüenza, salvo en el caso de que produzca riqueza y entonces es cuando te lo gravan. El gobierno francés, sin embargo, sí apoya el cine y es una cosa muy hermosa. Dice mucho de un país cuando se apoyan las artes".

¿Y qué opina David Lynch entonces sobre el cine made in Spain? "Yo no sé nada de cine. No sé nada de cine yugoslavo ni de cine alemán. Me gusta hacer cine, pero no saber sobre el cine. Bueno, sí conozco Pedro Almodovar y puedo decir que es un hombre estupendo, un amigo mío".

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