Jueves, 25 de Febrero de 2021

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Un puente hacia la memoria

Alcoy homenajea a las víctimas del campo de concentración de Mauthausen

Puerta de entrada al crematorio del campo de concentración de Mauthausen.

Puerta de entrada al crematorio del campo de concentración de Mauthausen. / CARLOS CALA

La ciudad de Alcoy (Alicante) ha rendido homenaje a uno de sus habitantes más reconocidos: Francisco Aura Boronat, uno de los españoles que logró salir con vida del campo de concentración de Mauthausen. En un acto cargado de simbolismo, en el que también se ha recordado a otros veintiún alcoyanos que sufrieron el horror nazi, el ayuntamiento de Alcoy ha bautizado con su nombre a uno de los puentes que dan acceso a la ciudad.

La alambrada (antiguamente electrificada) y un puesto de vigilancia al fondo. Había orden de disparar a todo aquel que se acercara a la alambrada. Debían morir de un disparo antes que electrocutados. Aun así, muchos murieron por las descargas eléctricas (preferían eso, a continuar dentro de aquel infierno). / CARLOS CALA

Todavía no había cumplido los 18 años, cuando Francisco Aura Boronat se unió al bando republicano y luchó en él durante la guerra civil. Tras la contienda, huyó a un campo de refugiados de Francia. Fue allí donde lo detuvo el ejército de Hitler, y unos meses después acabó en el campo de concentración de Mauthausen. "Al llegar", recuerda Aura Boronat, "daban chillidos, que no entendíamos lo que decían. Los perros ladraban y abrían las puertas de de los vagones de golpe. Te indicaban que bajaras del tren con señales que sí comprendíamos, aunque no lo que hablaban. Su interés principal era que formáramos, a culatazos o como fuera. Y una vez en formación, entrábamos. Cuando alguien se caía al suelo, porque no podía andar, se escuchaban los disparos. Y eso era que lo remataban".

Unos cuatro años estuvo Francisco Aura en Mauthausen, hasta que el campo fue liberado por el ejército estadounidense el 5 de mayo de 1945. Fue uno de los más de siete mil españoles que pasaron por sus barracones, y de los que apenas unos dos mil lograrían sobrevivir. En ese campo de concentración austriaco, Francisco vivió un horror que aún no ha conseguido olvidar, a pesar de haberlo intentado durante toda su vida. Su hija, Lucía, cree que "cada día lo recuerda, en un momento u otro lo recuerda. Aunque a nosotros [sus hijos] nunca quiso contarnos nada hasta que fuimos mayores. De política nunca se ha hablado en casa. Nunca ha guardado rencor a nadie. Nos enseñó a no ser rencorosos. Pero es evidente que es algo que siempre ha estado presente en casa".

La imagen de la liberación de Mauthausen deja constancia, precisamente, de la presencia de españoles en ese campo. La fotografía que captó el momento de la entrada de la 11ª División Acorazada de EEUU en el campo muestra una enorme pancarta sobre la puerta principal en la que puede leerse "Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras". Sin embargo, la alegría de los prisioneros tras la clausura del campo de concentración no fue completa para los españoles. No podían regresar a España, que llevaba casi seis años bajo la dictadura franquista. Así que tuvieron que optar por el exilio. Francisco Aura volvió a Francia. Como señala su hija Lucía, "mi padre tenía un primo en Camplong, un pueblecito al sur de Francia. Llegó hasta allí, lo acogieron y lo cuidaron mucho porque iba muy mal de salud".

Cuando se recuperó, Francisco Aura consiguió un empleo en una mina de carbón, un trabajo tan duro y pesado que le provocó un resentimiento de su salud, demasiado maltrecha por los años en Mauthausen. Fue entonces cuando su hermano hizo todas las gestiones para que pudiera volver a España, a Alcoy, adonde regresaría en 1953. Tenía 37 años. Habían pasado dos décadas desde que se marchara a la guerra. Una larga pesadilla de veinte años que llevaría siempre sobre sus hombros, que no le impidió tomar la decisión de empezar de nuevo, formar una familia y, sobre todo, pasar inadvertido.

En Alcoy, Francisco Aura Boronat se casó y tuvo tres hijos, y trabajó desde el principio en el sector textil, primero con su hermano y más tarde montando su propia fábrica. Cambió la pesadilla de Mauthausen por el temor constante de sentirse vigilado. "Él sabía que la Guardia Civil hablaba con los vecinos. Les preguntaban qué tipo de persona era, si se reunía con gente en casa", dice Lucía Aura, "pero él se dedicó sólo a trabajar y trabajar. Siempre ha tenido un poco de miedo. Más que por él, por la familia. Por mi madre, por nosotros... Era un tiempo en que no se podía hablar de según qué cosas. Él no contó lo que le había ocurrido hasta que no tuvo por lo menos 65 años, cuando ya se podía hablar. O cuando él pensó que ya se podía hablar sin tener miedo".

Francisco Aura Boronat, poco amigo de los reconocimientos públicos o de los protagonismos, se ha dedicado a contar su historia a todo el que la ha querido escuchar, especialmente a los jóvenes. Porque al salir de Mauthausen se prometió a sí mismo que contribuiría, dentro de sus posibilidades, a evitar que horrores como el suyo pudieran volver a repetirse. Por eso, la inauguración de este puente de Alcoy que, desde ahora, lleva su nombre, es un paso más hacia la consecución de ese objetivo. Y, como tal, lo ha expresado: "nunca he buscado ningún protagonismo", ha dicho Francisco Aura. "Sólo espero que este puente se convierta en símbolo de paz y concordia y sirva de recuerdo de lo que un día ocurrió y que nunca debería volver a pasar. Un puente hacia la memoria".

Entrevista a Paco Aura, superviviente del campo de exterminio de Mauthausen

Barbero en Mauthausen

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