Tarn, la Francia tranquila


Descorchar una botella de vino es una invitación a compartir una experiencia, una historia. Por eso reservamos las mejores botellas para una ocasión especial. Hoy nos vamos de ruta eno-gastronómica por el departamento francés de Tarn, en la región de Midi-Pyrénées. Donde saben bastante de la vida pausada, el buen vino y el buen comer.
El Tarn es tierra de viñedos (dicen que aquí están los más antiguos del país), pero también de fortalezas, de buena gastronomía y de pueblos coquetos que parecen vivir al ralentí. Es la Francia rural y tranquila, en la que parece que nunca pasa nada. Un sitio para disfrutar de la vid, de la cocina que provoca sensaciones casi perdidas en la memoria de nuestra infancia; y para no desperdiciar la oportunidad de conocer de cerca la obra de Toulouse-Lautrec, nacido en Albi, la capital del Tran, donde está su mayor museo.
Para quienes viajáis desde Madrid hay vuelos directos con Toulouse de no más de una hora de duración. Una vez ahí, si tenéis ganas de relax no olvidéis descubrir Terre de Pastel, un complejo con una superficie de 400 metros cuadrados dedicados a las bondades estéticas y la historia de la planta de glasto, con cuyas hojas se fabricaba un tinte azul que proporcionó gran riqueza a la región.
Unos cincuenta kilómetros al norte llegaremos a Montauban, capital del departamento de Tarn-et-Garonne y reconocida como la primera Bastida de la historia, un tipo particular de desarrollo urbano construido con una finalidad defensiva y de explotación económica.
Coincidiréis conmigo en que la cultura culinaria hace tiempo que no se esconde detrás de platos con laboriosas recetas, sino de la maestría de rescatar la verdadera esencia de las materias primas. No caeremos en los tópicos: mi primera recomendación es hacer parada en Albi para conocer el restaurante L’Esprit du Vin.
Se trata de un lugar perfecto para disfrutar de un vino de la tierra, labrada sin ayuda de una compleja ingeniería. Sabores sin aditivos, ni laboriosas formulas que homogenicen su estructura. La cocina de David Enjalran, poseedor de una estrella Michellin desde el 2006, concibe el escenario perfecto para disfrutar de un menú degustación que en cada plato nos recuerda que la cocina es un arte y su responsable un virtuoso.
La explosión de los sentidos comienza con una apuesta visual que elevará la estética de cada plato hasta transformar una simple ensalada en la expresión artística de un jardín de flores. Apetecible, estético, delicioso… ¡No se puede pedir más! Pero la escenografía no estaría completa si no lo maridamos con algún producto de los viñedos de Gaillac, los más antiguos de Francia, que deben su perennidad al empeño de viticultores concienciados en defender la agricultura sostenible.
La tradición vitivinícola se remonta a la Antigüedad Clásica, cuando los romanos quisieron extender la cultura de la vid desde Provenza hasta Aquitania. Hoy la Denominación de Origen Gaillac cubre 2.500 hectáreas y agrupa a un centenar de bodegas.
Pero no todo va a ser comer y beber. En el año 2010, el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO reconoció el valor universal y excepcional de la ciudad episcopal de Albi, la ciudad más grande del Tarn -que recibe más de 800 000 visitantes al año- y la designó entre las maravillas del Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Por ello, no podemos marcharnos sin descubrir su casco histórico y deleitarnos con la fortaleza de la catedral de Santa-Cecilia, la mayor catedral de ladrillo en el mundo; o con el palacio de la Berbie, sede del museo Toulouse-Lautrec, que posee la mayor colección pública del pintor que representó la vida nocturna parisiense de finales del siglo XIX. Su obra se caracteriza por su estilo fotográfico y desenfadado en el que destacan imágenes de los prostíbulos de la época.
Para descansar, L'Hostellerie du Grand Saint Antoine resulta la mejor alternativa de la zona, ya que permite moverse caminando por toda la zona. Y desde ahí podemos seguir nuestra ruta en coche por el sudoeste de Francia, unos parajes en los que la denominada ‘Toscana Francesa’ se torna cada vez más íntima, ofreciéndonos la posibilidad de conocer de primera mano la relación entre los habitantes y sus productos.
Así, entre la brisa del campo y un clima favorecedor llegamos hasta un lugar de aquellos en los que desearías que el tiempo se detuviera y la cuenta corriente no fuera una preocupación: el hotel Du Chateau de Salettes, mezcla exacta entre el lujo y la sencillez situado en el corazón de los viñedos de Gaillac, a treinta minutos de Albi, es una maravilla. Las habitaciones (con precios que oscilan entre los 200 y 400 euros), son impresionantes, espaciosas, minimalistas y en todas destaca una fantástica vista a los viñedos. Y por si todo ello fuera poco, sentarse a la mesa del restaurante es descorchar todo nuestro viaje en una copa y beberla con calma, con la mirada perdida en el horizonte.
Aquí, en Tarn, deseas que la pasarela desde la cocina a la mesa continúe con la sencillez y elegancia de aquellos que se saben observados y deseados.
TEXTOS: KAREN VON BURUCKER
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