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Martes, 20 de Agosto de 2019

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Sabina en Israel: ¿es política la cultura?

Joaquin Sabina, en una foto promocional. Joaquin Sabina, en una foto promocional. Joaquín Sabina actuó anoche en el Museo de Arte de Tel Aviv. No fue un concierto, sólo un cameo en la presentación del último disco de Noa, Achinoam Nini, la cantante más reconocida fuera de las fronteras de Israel. Ambos entonaron un tema compuesto por Noa y su mano derecha, Gil Dor, adaptado luego por el artista andaluz, y que se incluirá también en su futuro trabajo, además de una adaptación en hebreo y castellano de A la sombra de un león, uno de los clásicos sabineros.   El auditorio estaba entregado a Sabina, pero fuera aún se oía el rumor de la polémica. Esta su segunda visita a Israel ha estado, de nuevo, como la primera, marcada por las críticas de la campaña BDS (Boicot, Desinversión, Sanciones), promovida por la sociedad civil palestina y grupos internacionales pro palestinos, que le reclamaban que no cantase en un estado que ocupa suelo palestino. El movimiento BDS trata, sobre todo, de aislar a Israel en el plano económico (centrándose en impedir el comercio con empresas alojadas o relacionadas con las colonias en las que viven ilegalmente 600.000 israelíes), pero también en el académico y en el cultural, buscando que investigadores, profesores o artistas desistan de ir a Israel como medida de presión a su Gobierno. Sabina ya desoyó el ruego hace dos años, cuando actuó en Tel Aviv con Joan Manuel Serrat. El catalán llegó a visitar Ramala (capital administrativa de Cisjordania) y a entrevistarse con miembros del BDS. Sabina se quedó en el hotel, "leyendo a Amos Oz".  Ahora, la RESCOP (Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina), avalada por las 40 entidades que la forman, volvía a insistir en el mensaje y lamentaba que Sabina "mirase hacia otro lado de forma descarada", cuando, por ejemplo, seis civiles palestinos han muerto en las redadas del Ejército y la Policía de Israel en busca de los tres jóvenes estudiantes secuestrados en zona ocupada hará mañana dos semanas. Sabina, antes de salir anoche al escenario, se explicó a la Agencia Efe: "Vengo por amistad y por admiración a Noa. A veces entiendo el boicot económico y armamentístico, pero no el cultural o artístico. Estamos para tender puentes, no para dinamitarlos". Ese es justamente  uno de los puntos esenciales de debate respecto a la campaña de boicot. ¿Es política la cultura? ¿Deben separarse las dos realidades o hay que actuar en todos los registros por igual? Para Sabina hay que distinguir. Para Omar Barghouti, uno de los fundadores del movimiento, lo claro es lo contrario. "Nadie quería tocar o hacer teatro en la Sudáfrica del Apartheid. Porque cualquier normalización y aval a una tierra dominadora sirve para alimentar su maquinaria y robustecer el status quo. En Palestina no hay diferencias". Hay dudas también sobre si hay que boicotear a Israel de forma global o sólo a las colonias. El propio presidente palestino, Mahmud Abbas, está en contra de ir más allá del cerco a los asentamientos y apoya que se respeten las actividades de Israel en el suelo que le pertenece, reconocido internacionalmente. Más allá de los importantes matices, la campaña gana terreno y preocupa mucho al Ejecutivo de Israel. Hoy mismo, Francia ha advertido a sus compañías y a sus ciudadanos de que no es conveniente hacer negocios o consumir productos que vengan de las colonias, porque se perpetúa una situación ilegal. Además del daño en la "reputación", apunta Exteriores, las firmas se exponen a tener un día una denuncia por usar recursos que no pertenecen más que a los palestinos. Reino Unido ha lanzado un aviso semejante. España no se ha pronunciado con esta firmeza, pese a los requerimientos del Gobierno palestino.

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