Inmersión en el Thistlegorm, el pecio más famoso de la II Guerra Mundial


El nombre es casi impronunciable para un no angloparlante, sin embargo cualquier amante del submarinismo, hable la lengua que hable, ha oído hablar de él. El S.S. Thistlegorm yace en las profundidades del Mar Rojo, casi intacto, con toda la carga de municiones y pertrechos para las tropas británicas que llevaba el día de 1941 en que fue hundido por aviones alemanes. Una inmersión en nuestra historia más reciente.
De todos los ilustres nombres de la navegación que duermen el sueño eterno en los fondos coralinos del Mar Rojo, el más espectacular, famoso y visitado es sin duda el S.S. Thistlegorm, un mercante británico de 131 metros de eslora que en 1941 se dirigía hacia el Canal de Suez cargado de armas, combustible, vehículos todoterreno, motocicletas, munición, repuestos de avión, ruedas de vehículos y hasta dos locomotoras destinadas a la Octava División Armada de Tobruk, que luchaba en el desierto africano contra el mariscal alemán Rommel.
El Thistlegorm entró en el Mar Rojo a finales de septiembre de aquel año pero por problemas de tránsito en el canal de Suez se tuvo que quedar fondeado dos semanas en la costa oeste del Sinaí. Los alemanes, avisados de la presencia de un gran barco cargado de material militar, mandaron dos aviones cazabombarderos desde Creta. El 5 de octubre, cuando los aeroplanos estaban a punto de darse la vuelta por falta de combustible, lo localizaron en una noche de luna llena fondeado en una zona de arrecifes conocida como Sha’ab Ali. Un blanco fácil. Dos bombas penetraron en la bodega número 5 y provocaron su hundimiento. Murieron 16 tripulantes.
El pecio fue descubierto en 1956 por Jacques Cousteau durante una de las expediciones del Calypso, pero el comandante francés nunca reveló sus coordenadas para evitar que se saquera (aunque según algunas fuentes él mismo se llevó la campana, la caja fuerte del capitán y una de las motocicletas).
Fue redescubierto casualmente por unos buceadores en 1992 y desde entonces se ha convertido en una de las inmersiones más alucinantes del mundo. Entrar en las bodegas del Thistlegorm es volver a la II Guerra Mundial, a un mundo que permanece exactamente igual que estaba aquella madrugada de 1941. Anclado aún al fondo, erguido sobre un banco de arena a unos 35 metros de profundidad y con sus bodegas repletas del armamento que nunca llegó a su destino: motos BSA, camiones Bedford, tanques, torpedos, locomotoras, vagones de tren y botas para los soldados.
Hay barcos que ofrecen estas excursión a diario desde Sharmn el Sheik, e incluyen dos inmersiones, las mínimas necesarias para recorrer el pecho en su totalidad. En la primera se vuela por encima de la cubierta y se ve el cañón antiaéreo que no sirvió para protegerle, una de las locomotoras y el gran boquete abierto por las bombas alemanas. En la segunda se accede al interior de las bodegas donde aún aguardan perfectamente estibados motocicletas, camiones, tanques y otros pertrechos reconocibles pese a llevar más de 60 años bajo el agua, como armas, botas, medicinas y munición.
La presión diaria que sufre, con docenas de barcos amarrados a la propia estructura del pecio y casi un centenar de buzos soltando burbujas de aire que al quedar atrapadas en la estructura aceleran la oxidación, ha llevado a pedir una regulación en el número de visitas antes de que las bodegas colapsen y sellen definitivamente su contenido.
¿Te ha gustado? Pues imagínate disfrutar en persona del Mar Rojo y todos sus encantos. ¡A qué esperas!




