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Lunes, 16 de Septiembre de 2019

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Hace ya 25 años…

Recuerdo ver llorar a tipos de dos metros y recuerdo el silencio al lado del antiguo vestuario

Fernando Martín, en un partido con el Real Madrid

Tres y media de la tarde. 3 de diciembre de 1989. Redacción de deportes de la Cadena SER en Gran Vía 32. Carrusel Deportivo sonaba en las radios de fondo con Antonio Martin Valbuena al comando. Suena un teléfono. Un oyente nos advierte. Ha habido un accidente en la carretera de circunvalación M-30 de la capital y ha fallecido un jugador del Real Madrid de baloncesto. No hay más datos.

El club blanco entrenado por Lolo Sainz jugaba en el Palacio de los Deportes aquella tarde. Los jugadores del equipo iban llegando al escenario del choque. El Real Madrid se enfrentaba al CAI Zaragoza. Ese partido no lo iba a poder jugar Fernando Martín por molestias en la espalda pero quería estar viendo a sus compañeros. El partido no se jugó. Sus compañeros no pudieron verle más con vida.

"El Real Madrid perdía su referente. El baloncesto español su primer gran mito"

A las cuatro de la tarde el goteo de los jugadores llegando al escenario del choque se sucedía. La trágica noticia ya se conocía. Los periodistas esperábamos en la puerta del vestuario. E íbamos viendo cómo llegaban los compañeros de Martín. Por descarte en quién iba llegando supimos quién sería el protagonista de la tragedia de aquella tarde. El Real Madrid perdía su referente. El baloncesto español su primer gran mito. Hace 25 años de la manera más cruel posible los compañeros del 10 blanco conocían el suceso. Esperando en un vestuario a ver quién era el que no llegaba. Recuerdo para los muy jóvenes que en 1989 no existían los teléfonos móviles. No hubo otra forma que la brutal confirmación de primera mano de conocer la horrible noticia.

Recuerdo ver llorar a tipos de dos metros. Como Fernando Romay. Como Chechu Biriukov. La tristeza en la cara de Lolo Sainz. Recuerdo el silencio al lado del antiguo vestuario del Palacio que en los días de partido tenía un bullicio previo al choque digno de cualquier estreno de cine. Recuerdo irme al hospital después para saber cómo estaba el hombre contra cuyo coche chocó Martin. Recuerdo el apellido de aquel hombre porque era el mío. Delgado. Ricardo de nombre de pila.

No olvido a Lama haciendo el programa de la noche. Era amigo íntimo de Fernando Martín. No olvido cómo después de hora y media de programa se derrumbó a la salida del estudio. Y se puso a llorar en el suelo. Como cualquiera que pierde a un amigo. Yo no podía decir que lo fuera de Fernando. Lo conocía de apenas un año. Pero lo había visto jugar una década. Esa tarde-noche con menos de un año de experiencia en la radio aprendí lo que era que el deporte perdiera un mito. Y aprendí de todos mis compañeros una lección de periodismo que desde entonces no he podido olvidar. Como el baloncesto español no olvida a Fernando. El hombre que en la NBA exigió la tilde en su apellido en la camiseta. Martín era así. Y hace 25 años se fue como vivió: a toda velocidad y dejando un marcado acento en el baloncesto español.

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