Miércoles, 12 de Mayo de 2021

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Esa manía de nombrar las cosas

Los políticos se empeñan en poner nombre a la realidad para intentar amoldarla a sus intereses. Según Mariano Rajoy, 2014 ha sido el año de la recuperación mientras 2015 será el del despegue

El presidente del Gobierno durante la rueda de prensa en la que ha asegurado que 2015 será el año del "despegue definitivo de la economía".

El presidente del Gobierno durante la rueda de prensa en la que ha asegurado que 2015 será el año del "despegue definitivo de la economía". / Javier Lizón (EFE)

Debe resultar irresistible. Los políticos –y Rajoy lo ha sido toda su vida, aunque pretenda aparentar lo contrario– se empeñan en poner nombre a la realidad para intentar amoldarla a sus intereses. Ya llevamos dos años bautizados. 2014, ha dicho el Presidente, ha sido el de la Recuperación. 2015 será el del Despegue. Y del mismo modo que a Zapatero se le reprochó su resistencia a pronunciar la palabra Crisis, a Rajoy se le exige que “no use la palabra Recuperación en vano”. Como si fuera una blasfemia.

Con la tenacidad de un contable Rajoy ha ido acumulando los datos que le servían para dibujar un futuro optimista: Un PIB del 1,3 ó del 1,4 para 2014 que puede llegar al 2 el año que viene; un aumento del consumo en más del 2 por ciento; mejoras sostenidas en las exportaciones; una inflación cero; un petróleo a la baja; y sobre todo, unas cifras del paro y de afiliación a la seguridad social que crecen ya en centenares de miles de personas.

Sería mezquino discutirle esas estadísticas. Son reales y deben ser bienvenidas. Todo apunta, además, a que en esta campaña navideña la economía se va a mover algo más que en años anteriores.

El problema es que hoy España es como una estrella: desde fuera se la ve brillar, dentro la cosa está que arde. Las encuestas nos dicen que se ha extendido entre los ciudadanos la sensación de que este país es hoy más pobre, más desigual, más injusto, con un estado del bienestar más arrugado y con una tremenda desconfianza en el futuro. Y esa realidad, a punto de comenzar un año electoral, Rajoy ha preferido obviarla. Peor que obviarla: ha decidido taparla a martillazos con la dichosa manía de acotar en una palabra el estado de las cosas. Le ha faltado a Rajoy la empatía que se esforzó en transmitir el Rey la pasada Nochebuena.

La economía despega, Cataluña es una balsa, la corrupción tiene respuesta, el bipartidismo es estabilidad y la desconfianza se ha transformado en seguridad. Ah, y a Esperanza Aguirre no la nombra, con lo cual su desafío no existe.

Con lo fácil que sería exponer los datos sin adornos, reconocer y compartir las dudas y temores que aún tienen millones de ciudadanos, intentar entender qué sucede en Cataluña sin tener que renunciar a los principios y esforzarse en resarcir el daño provocado por la corrupción pasada en vez de prometer –algo ingenuamente- que no habrá más en el futuro.

Y sin poner nombres que luego se puedan volver en tu contra.

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