Domingo, 28 de Noviembre de 2021

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Amparo Baró, la ‘roja’ de la tele que dijo "no" a Almodóvar

Su personaje en '7 vidas', famoso por sus férreas ideas políticas, encumbró a esta actriz que no abandonó nunca la ficción en televisión

FOTOGALERÍA | Amparo Baró dio vida a Sole en '7 vidas' / MEDIASET

No ha habido en televisión roja más roja ni más orgullosa de serlo que Soledad Huete. Era tan roja Sole que, aun resignándose a que los verdaderos ideales del comunismo parecían enterrados en la sociedad capitalista en la que vivía ("Lo malo de ser comunista es que puedes acabar como el Che Guevara: en la sección de regalos de El Corte Inglés"), ella seguía creyendo en ellos y defendiéndolos, con fina ironía, frente a todos. Era un comunismo romántico el suyo.

Amparo Baró era la roja de la tele… pero solo en la tele, como Soledad Huete. Fuera de '7 vidas' se cansó de explicar que no, que aquello era su personaje pero que ella no simpatizaba con la ideología de Sole. Sin ir más largo, en agosto de 2012 confesaba a El País que votó a Rajoy, el cual no tardó mucho en decepcionarle con sus primeras medidas. En esa misma entrevista calificaba de "campaña infantiloide" aquella de la zeja emprendida por muchos intérpretes para apoyar a Zapatero.

Pero si para el gran público Amparo Baró era la roja (ha contado muchas veces que una vez, ante la insistencia de un taxista llegó a espetarle: " No, no soy roja. ¿O es que cree que si hiciera de puta lo sería?") es porque Amparo, encima de un escenario o delante de una cámara, no interpretaba, sino que era su personaje.

Ancló sus raíces en el teatro, para ella el género madre de la interpretación, y sobre las tablas los actores y actrices aprenden que el valor de su trabajo está en ser un personaje y no en parecer serlo. En crearlo, en dotar de vida a las líneas del texto. Un complejo proceso en el que el actor se abre ante el público en una especial conexión en la que él da a su personaje y el personaje le da a él. Solo los grandes actores y las grandes actrices son capaces de alcanzar tal dimensión. Y Amparo Baró nunca interpretó, siempre fue. Fue la roja.

El de Soledad Huete significó, sin duda, su papel más mediático pues supuso conectar a espectadores de todas las generaciones. Los jóvenes fans de '7 vidas' se enamoraron de aquella anciana gruñona. Sole era en sí la esencia de '7 vidas'. El plantel de actores de la serie cambiaba, pero Sole perduraba. Sin ella, '7 vidas' hubiera sido menos. Los guionistas, con Velilla a la cabeza, le entregaron a Amparo Baró uno de los personajes mejor esbozados de la historia de la ficción española en televisión, ella se metió dentro de él como si aquello fuera tan sencillo como ponerse un jersey.

Amparo Baró, que ya llevaba décadas trabajando en televisión desde que en 1959 Jaime de Armiñán la hiciera debutar en 'Galería de maridos' (TVE), pensó en descansar de este agotador medio que tanto le había dado (pasó por cerca de 50 ficciones televisivas). Pero en 2007, poco después de acabar '7 vidas', la Sole era ya toda una institución entre el público televisivo, especialmente entre los jóvenes. De ahí que Globomedia -la misma productora de '7 vidas'- volviera a llamar, a tender la mano y abrazar a Amparo Baró para que se metiera en esta vez en la piel de Jacinta en 'El internado', la conserje del misterioso colegio Laguna Negra. No se atisbaba ni rastro de la roja Sole en Jacinta. Menos ácida, más consejera y experimentada, Jacinta entendía que aprendía más quien escuchaba que quien hablaba. El silencio y la discreción caracterizaron al último gran personaje de televisión que encarnó Amparo Baró. En 2011 aceptó la oferta de Velilla para aparecer como personaje capitular en la sitcom 'Los Quien' y reencontrarse con Javier Cámara después de los momento gloriosos que ambos protagonizaron en '7 vidas'.

Amparo Baró fue una actriz que dignificó el trabajo actoral en televisión desde sus primeros tiempos, aquellos en los que muchos actores miraban la ficción en la pequeña pantalla por encima del hombro, como algo menor. Ella, sin embargo, se permitió el lujo de rechazar una propuesta de Almodóvar en los inicios del cineasta manchego por no comprender su propuesta: "recuerdo una anécdota antes de que Almodóvar fuera tan conocido. A mí­ me dieron un guión de cine, me dijo mi representante: léete esto. Yo me leí­ aquello y leí­ unas cosas muy raras… una señora que se meaba en la boca de otra señora… y yo le dije: Oye, este chico está loco, el que lo haya escrito. Así­ que no, dale las gracias por acordarse de mí­ pero yo no hago esto. Pues ese era Pedro Almodóvar con 'Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón'.", contaba en 2009 a PuntoEncuentroComplutense.es

No pecaba de grandilocuencia; declinaba ir a recoger premios, no le gustaban los saraos. Decía que le daba vergüenza eso de saber que subía a un escenario para que la aplaudieran. Amparo Baró entendía su profesión desde el enfoque más puro, sin parafernalias. La roja que solo lo fue en la tele, la que dijo "no" a Almodóvar, la que provocaba que un teatro se pusiera en pie. La que no interpretaba, la que era sus personajes. Una actriz enorme.

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