La gran noche fue rojiblanca
Aduriz y Etxeita permitieron al Athletic de Bilbao alcanzar su trigesimoséptima final de Copa del Rey

El Athletic celebra su pase a la final / ALBERT GEA (Reuters)

Cornellá - El Prat se preparaba para vivir, por fin, su gran noche. Durante toda la semana, la célebre canción de Raphael se convirtió en un himno para la afición perica. El resultado de la ida logrado en el Nuevo San Mamés (1-1) les daba una ligera ventaja en la eliminatoria ante el Athletic. Conseguir el pase para vivir una nueva final ocho años después de la disputada ante el Sevilla en Glasgow, y hacerlo en Cornellá, colmaba de ilusión a los blanquiazules.
Los bilbaínos, que llegaron con retraso al feudo catalán por culpa de un atasco, se presentaban en Cornellá dispuestos a plasmar su buen estado de forma demostrado en las últimas jornadas. Los hombres de Ernesto Valverde estaban obligados a anotar para conservar sus opciones de alcanzar su tercera final de Copa del Rey en seis años. Quien si llegó puntual a su cita con el gol fue, como no, Aritz Aduriz. El delantero vasco adelantó a los rojiblancos en la eliminatoria al filo del cuarto de hora de encuentro después de controlar un balón en la frontal y batir a Pau con un disparo cruzado. Un gol de depredador del área que heló a la afición y a los jugadores pericos. El Espanyol entró en shock y las indecisiones defensivas se comenzaron a suceder, pero el Athletic no acertó a aprovechar ninguna.
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Tampoco aprovechó Stuani una mala cesión de Balenziaga, que prácticamente se convirtió en un pase de gol para el delantero blanquiazul. Sin embargo, en el mano a mano con Herrerín, el arquero le ganó la partida y despejó el peligro. La ocasión animó a Cornellá, que despertó y jaleó a los suyos, jugando así los catalanes sus mejores minutos del primer acto. Pero el Bilbao no estaba dispuesto a perder el billete que les llevase a jugar una nueva final ante el Barcelona y en un saque de esquina ejecutado a la perfección, Etxeita sorprendió a propios y extraños elevándose al cielo de Cornellá y cabeceando el balón al fondo de las mallas. Nuevo mazazo para un Espanyol, que ya no se repondría.
En la reanudación, la entrada de Felipe Caicedo y la sucesión de ocasiones sobre el área de Herrerín llevó de nuevo la esperanza a la grada de El Prat. Había tiempo y el Espanyol empezó volcado sobre el área rival. El propio Caicedo dispuso de una gran oportunidad con un disparo que el arquero bilbaíno rozó con la yema de los dedos para enviarlo al poste. Un poste donde se estrelló no solo el cuero, sino las opciones del Espanyol para alcanzar la final 100% catalana ante el vecino y eterno rival. El aviso sirvió al Athletic para volver a ordenarse y mostrar su versión más seria y ordenada de la temporada, minimizando las ocasiones blanquiazules y creando peligro sobre la portería de Pau.
La mala noticia para los de Valverde llegaría con la lesión de Herrerín, que se lesionó y, entre lágrimas, abandonó el césped sustituido. En los instantes finales, Williams, Aduriz y Etxeita gozaron de oportunidades para asestar la puntilla a la eliminatoria, pero no haría falta. El Athletic hizo suya la gran noche blanquiazul y alcanzó su trigesimoséptima final de Copa del Rey.




