Tarifa, mucho más que viento


El centro de Tarifa (Cádiz) está pensado para salvar los azotes de los vientos que arrecian la costa. Un laberinto de callejuelas y edificios blancos en cuyos bajos se apiñan docenas de bares; perderse por ellos es una atracción en sí misma. El legado histórico de una ciudad de frontera deja impronta en sus gentes así como favorece la integración de culturas. Y eso se nota al pasear por sus calles, en sus rincones e incluso en la manera de afrontar la vida.
Cuando uno piensa en Tarifa rápidamente piensa en playas soleadas de arena blanca y en windsurf. Pero no sólo de turismo de sol y playa vive este localidad gaditana; Tarifa permite a los visitantes un montón de experiencias relacionadas con el deporte, la naturaleza y la cultura. Os proponemos algunas de ellas.
En la ensenada de Bolonia, a tan sólo unos kilómetros del centro de Tarifa, se encuentra uno de los grandes yacimientos arqueológicos de Andalucía. La ciudad romana de Baelo Claudia fue construida en el siglo II a.C en un enclave puramente estratégico donde se desarrolló una importantísima industria de salazones. Hoy, gracias a un extenso trabajo de investigación y recuperación, podemos disfrutar de todo tipo de detalles que nos ilustran sobre los compartimientos de vida de aquellos antepasados romanos. Es posible deambular por el foro, las termas y el teatro, conservado en un excelente estado. Anexo a las ruinas se encuentra el gran centro de interpretación del Conjunto Arqueológico Baelo Claudia, un museo didáctico y entretenido que permite conocer los hábitos y costumbres de épocas pasadas.
Es difícil imaginarse el verano en Tarifa sin una bebida bien fría en la mano. Por ello existen cientos de locales de todo tipo y condición repartidos por todo la zona. Desde barecillos pequeños de toda la vida donde acuden los vecinos del pueblo a tomarse el café -en vaso y bien caliente, estilo tarifeño-, hasta lounge-bars hippie chics pensados para el turista extranjero de alto poder adquisitivo. No existe un estilo de cocina marcado que defina la esencia del lugar, aunque sí existe un producto: el atún. Es el elemento estrella de cualquier restaurante que se precie. Los amantes de este pescado están de suerte: lo podrán encontrar a la plancha, como steak tartar o bien presentado como tataki. Tradición y vanguardia ofrecidos para todos los paladres.
El Estrecho es lugar de tránsito constante. No sólo para las personas que cruzan en ferry, también para cientos de especies animales que realizan sus movimientos migratorios anuales en busca de mejor clima. Durante los cambios de estación Tarifa se convierte en el epicentro de paso de miles y miles de aves que revolotean sobre turistas y apasionados de la ornitología. Es posible ver pardelas, alcatraces y alcas desde las playas más pegadas a la ciudad. Otro de los grandes espectáculos es la llegada de buitres leonados al final de la primavera a la zona de Punta Carnero. Igual de impactante son las excursiones en barco para avistar cetáceos. La fauna marítima del estrecho presenta una gran variedad de especies como el delfín común, el listado o el mular, residentes en la zona, así como cachalotes y orcas que pueden ser vistos entre abril y julio. Junto al puerto se encuentra el centro de interpretación de Cetáceos donde es posible informarse con detalle sobre todas las particularidades de estos grandes y pesados viajeros del mar.
Las playas de Tarifa cuentan con la particularidad de estar bañadas por aguas de dos mares El Mediterráneo y el Atlántico se mezclan en la isla de las Palomas, un antiguo islote unido ahora a tierra por una carretera, cuyo espigón hace de frontera entre una y otra corriente. En esa zona, próxima al puerto, varias empresas y escuelas de buceo realizan cursos de iniciación y bautismos submarinos. Tarifa quizás no reúna las características más idóneas para los buceadores noveles debido a que al frecuente oleaje y los fuertes vientos. Pero no deja de ser una propuesta interesante; además bucear en dos mares por el precio de una inmersión no es algo que se pueda hacer en muchos lugares del mundo.
Tarifa cuenta con dos grandes dunas que confieren al paisaje cierto aire desértico, pese a estar encuadradas bajo el verdor del parque natural del Estrecho. La duna de Bolonia se ha formado como resultado de los vientos de levante que arrastran arena de la playa de Bolonia. Forman una gigantesca acumulación arenosa de más de treinta metros de altura. A su vez, la duna de Valdevaqueros, situada en la ensenada del mismo nombre, se extiende prácticamente sin control ladera arriba. En 1940, a raíz de una decisión militar, se construyó una carretera y se reforzó el pinar anexo con el fin de parar el avance de la arena. Sin embargo, el viento ha ganado la partida todo este tiempo y la arena ya sobrepasa árboles y asfalto, convirtiendo el escenario en una asombrosa sucesión de pinos y señales de tráficos enterradas bajo toneladas de fina arena blanca que los atrapa dejándoles aún más inmóviles.
Por supuesto, si hay algo que se relaciona con Tarifa son los deportes de viento. Su situación privilegiada -con frecuentes y fuertes vientos de levante- convierten la zona en el paraíso para los entusiastas de cualquier tipo de deporte relacionado con la vela. El kitesurf es el deporte estrella: consiste en atarse una cometa a través de un arnés a la cintura y deslizarse en una pequeña tabla sobre el agua. Aprovechando los golpes de viento, es posible saltar varios metros en el aire realizando todo tipo de piruetas.
La playa de Valdevaqueros es el epicentro de la acción: cada tarde se dan cita decenas y decenas de jóvenes llegados de todas partes del mundo que se baten contra las olas ataviados con ajustados neoprenos y cascos. Los cientos de cometas dibujan ondas en el cielo ofreciendo un verdadero espectáculo visual. Hay una gran cantidad de empresas dedicadas a la formación de kite, así como de windsurf, surf y paddle board -una nueva modalidad que consiste en remar de pie sobre una tabla-.
Cuando cae la tarde y el sol comienza a esconderse por detrás del Atlántico, se desdibujan las figuras de los deportistas creando contraluces mágicos de color naranja y rojo intenso. Un deleite para los ojos.
TEXTO Y FOTOS: Javi Meseguer




