Jueves, 16 de Julio de 2020

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"Las palabras heridas son las más peligrosas" (sobre todo en un tuit)

El periodista Javier Rodríguez Marcos publica su cuarto poemario, 'Vida secreta' (Tusquets), en el que bucea en sus orígenes rurales, en su memoria, y que abre con un poema en el que rinde homenaje al buen uso de las palabras, en estos tiempos de tuits y caracteres que se vuelven en contra de uno

Javier Rodríguez Marcos, en la redacción de 'Babelia' en EL PAÍS/ Ricardo Gutiérrez

Javier Rodríguez Marcos, en la redacción de 'Babelia' en EL PAÍS/ Ricardo Gutiérrez

 "Las palabras son/ animales salvajes/ Nacen y crecen/ y se reproducen, mueren/ de agotamiento" son los primeros versos de 'Zoología', el poema que abre 'Vida secreta' de Javier Rodríguez Marcos, un aviso para navegantes de quien escribe que "las palabras heridas son las más peligrosas": "Las palabras heridas, como los animales heridos, pueden revolverse y hacer mucho daño. Y lo estamos viendo ahora. Un tuit de hace unos años dicho como si estuvieses en la barra de un bar puede terminar arruinándote la vida y generando desilusión en mucha gente que estaba ilusionada".

Más allá de que este primer poema de 'Vida secreta' sea un homenaje al buen uso del lenguaje y que nos parezca que su lectura es muy oportuna un día como hoy, en el que son noticia los 140 caracteres escritos por un ya exconcejal de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, Rodríguez Marcos escribe en su cuarto poemario de muchas otras cosas: "De la infancia, el pasado, el paso del tiempo, el cambio de un pueblo a una ciudad, de una ciudad pequeña a una ciudad grande". Son asuntos, explica el periodista de El País, "a los que yo, que siempre he escrito en los periódicos, nunca he dado importancia, nunca pensé que pudieran ser objeto de un poema y ahora creo que casi es lo único sobre lo que me importa escribir".

De su infancia en un pueblo de Cáceres; de sus mayores, "que pasaron de la viña al asilo/ sin pasar por la fábrica"; del paraíso, que era "un lugar sin agua caliente, en una casa partida en dos por una cortina"; de la belleza que se mide por milímetros, de la soledad que conlleva hacerse mayor y de aquella que habita en todas las habitaciones de hotel. Uno bucea en la memoria para escribir poemas, dice Rodríguez Marcos, porque "te haces mayor y la edad te da conciencia de que era importante algo a lo que no dabas importancia y encuentras poesía donde todo era prosaico y vida cotidiana".

Sin embargo, la memoria, escribe Rodríguez Marcos en este poemario, "no es un lugar seguro/ Está llena de trampas/ consuelos, desconsuelos/ atajos, emboscadas/ pistas falsas, canciones/ lacrimógenas, torpes/ maneras de quedar bien". Explica el escritor que "cuando uno piensa en su propio pasado se ve más lúcido, más inteligente, piensa que ha sufrido más de lo que ha sufrido, la escritura es una manera de indagar en todo eso y tratar de poner en claro cómo fueron las cosas".

¿Uno escribe para encontrarse? "La poesía es un sitio donde se puede ejercer la impunidad, la debilidad y la sentimentalidad porque vivimos en un mundo donde todo se rige por criterios profesionales, en la poesía se puede y está bien visto ser débil, ser indeciso, ser raro, y te terminas refugiando ahí porque puedes decir todavía: Este mundo no me gusta, soy así, soy una persona nerviosa, indecisa, débil y frágil, sin temor a que eso te pase factura".

"Las palabras heridas/ son las más peligrosas/Las palabras heridas/son capaces de hacer/ todavía mucho daño", escribe Javier Rodríguez Marcos. Que se lo digan a Guillermo Zapata.

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