Campeón del mundo de marcha... por casualidad
Miguel Ángel López se inició en la marcha cuando tuvo que cubrir la baja de un compañero de su equipo: quince años después, se ha proclamado campeón europeo y mundial de 20 kilómetros

Miguel Ángel López en el mundial de Pekín / Alberto Pozas

Pekín
Detrás de un título de campeón mundial hay una cantidad infinita de entrenamientos, trabajo, esfuerzo, sudor y capacidad de competición, pero si revolvemos en los cajones del éxito de los deportistas también encontramos casualidades que ayudan a poner en perspectiva su trayectoria. Pocos minutos después de coronarse como campeón del mundo de 20 kilómetros marcha en el asfalto de Pekín, el murciano Miguel Ángel López ha revelado cómo fueron sus comienzos en la disciplina que ahora lidera a nivel global: una casualidad cuando tenía once años.
López empezó a dar sus primeros pasos en este deporte con siete años, y su primer encontronazo con la marcha llegó a los once años de edad: un compañero de su club se puso enfermo, y le tocó hacer la sustitución en una liga de clubes. "Yo no iba porque no era el bueno en ninguna prueba, y yo por ir con los compañeros dije: 'Venga, voy", ha asegurado en zona mixta.
El recién proclamado campeón mundial, con la mirilla puesta en el oro de los Juegos Olímpicos el año que viene, se ha limitado a afirmar con media sonrisa que "al final he descubierto que se me da bien".
Pero Miguel Ángel López tiene claro que en su caso, casualidades y suerte las justas y necesarias. Le pone nombres y apellidos a su triunfo: José Antonio Carrillo. Su entrenador - con el que quería dar la vuelta de honor, algo que no le han permitido los jueces - que ha guiado sus pasos desde categoría cadete: "Si no hubiera estado Carrillo, igual hubiese acabado en cualquier otro sitio, todo lo que he conseguido es gracias a él", asegura López.
José Antonio Carrillo, el hombre que lleva las riendas de la marcha murciana, de donde no sólo ha salido Miguel Ángel López sino también Juan Manuel Molina, bronce mundial y europeo en 20 kilómetros marcha: "El motor que mueve eso es la ilusión que tiene por sacar gente, por entrenar, por seguir con ese trabajo. Por medios no es, ya te lo puedo decir", afirma el campeón mundial.
La de Miguel Ángel López y su compañero enfermo no es la única circunstancia poco habitual que desembocó en el nacimiento de un gran marchador: es algo que se repite en los otros dos miembros de la selección española de 20 kilómetros marcha que han competido este año en Pekín.
UN MARCHADOR VOLUNTARIO


En el caso del joven Diego García Carrera (Madrid, 1996), se trata de una casualidad mezclada con ganas. Cuando tenía quince años y por tanto competía en su primer año en categoría cadete, se enteró por un chivatazo (de un futuro periodista de un diario de tirada nacional, cómo no), de que la selección de Madrid estaba sin marchador, y que tenía pensado acudir al campeonato nacional de federaciones autonómicas con un agujero en esa prueba. Fue en ese momento cuando Diego, que corría fondo y había intentado sin éxito clasificarse en los 3.000 metros lisos, (ganado por el hermano de autor del chivatazo), le dijo a sus entrenadores en las escuelas de San Sebastián de los Reyes que quería aprender a marchar dignamente en un par de días.
De la mano de un entrenador de pruebas combinadas que en ocasiones se viste de marchador – y ante la atenta mirada de todos los atletas de San Sebastián de los Reyes – Diego aprendió a marchar sin hacerse daño y fue undécimo en el campeonato de España. Esa era la última prueba de marcha dentro de nuestras fronteras en la que Diego García Carrera no pescaría una medalla: en dos años consiguió el bronce en el mundial juvenil, después fue campeón de Europa junior y acaba de terminar el mundial absoluto en la posición nº 30, un resultado que, asegura, no le termina de convencer: “No me voy a excusar, no lo he hecho bien, lo sé perfectamente, normalmente me salen las cosas bien pero hoy no ha sido así”, aseguraba en zona mixta.
UN MARCHADOR INVOLUNTARIO


En el caso de Álvaro Martín Uriol (Llerena, 1994), que acaba de proclamarse el 17º del mundo en Pekín, sus comienzos en la marcha llegaron de la mano del evento más temido por un atleta: una lesión. Álvaro Martín era en categoría cadete un prometedor fondista que conseguía medallas a nivel nacional en los 3.000 metros lisos, pero una lesión en una rodilla le obligó a replantearse su futuro como atleta.
Fue entonces cuando este joven extremeño se fijó en la prueba que practicaba su hermana, mucho más benevolente con las rodillas: la marcha. Ese mismo año fue campeón de España cadete en la tierna distancia de los cinco kilómetros, al cabo de los años consiguió el bronce en el europeo junior sobre la distancia de diez y en la actualidad ha competido a nivel absoluto en un mundial (17º en Pekín), en un europeo (6º en Zurich) y en unos Juegos Olímpicos (terminó retirándose en Londres en 2012), con cinco internacionalidades a sus espaldas con 21 años.
“La marcha es una prueba que ha fallado después de la generación de Juanma Molina”, asegura Martín, recordando que “la marcha española tiene de las mejores escuelas del mundo y el equipo español de hoy está compuesto por el campeón de Europa absoluto, el campeón de Europa junior y el subcampeón de Europa sub23, no hay mejor escuela”, ha dicho.
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DescargarTres casualidades que han desembocado en una medalla de oro en un campeonato del mundo y en una selección que, sumando juventud y calidad, ilusiona no sólo a los espectadores sino a los cuadros técnicos de la Federación Española. Con Miguel Ángel López con 27 años, Álvaro Martín con 21 y Diego García con 19 – y jóvenes marchadores en el tintero como Luis Alberto Amezcua – la continuidad está asegurada. Decía en zona mixta el recién proclamado campeón mundial que “tenemos un futuro muy esperanzador con Álvaro y Diego, son grandes competidores que necesitan tiempo como cualquiera”. Necesitan tiempo porque, según explicaba, los 20 kilómetros marcha es una prueba “muy longeva y de mucha experiencia”.
Tres marchadores que son producto del trabajo, del esfuerzo y también de grandes entrenadores, pero cuyo idilio con la marcha atlética… por casualidad.




