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Miércoles, 20 de Noviembre de 2019

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Eternamente joven

A sus 34 años Tiago Mendes está en su mejor momento futbolístico y se erige como el timón del Atlético de Madrid

Jorge Molina y Tiago saltan por un balón en el Betis 0 - Atlético 1. / ()

Seguro que les ha pasado alguna vez (hablo para los lectores digamos mayores de 30 años). Un día en una reunión familiar aparece una foto antigua, una en la que apareces con bastantes años menos y normalmente con una pinta bastante indecente. En la mayoría de los casos te das cuenta de que los años te han sentado bien y que estas bastante mejor que cuando eras joven.

Algo así le pasa al centro del campo del Atlético de Madrid poblado, en su posición de mediocentro, de ilustres veteranos como Gabi y Tiago. Y quién lo diría… El caso del portugués es extraordinario.

Su rendimiento no para de crecer y se refleja en el rendimiento del equipo. Llego en enero de 2010 cedido por la Juventus de donde llegaba tras un periodo frustrante. El de Viana do Castelo había pasado por grandes clubes como Benfica, Chelsea u Olympique de Lyon donde fue un jugador importante, pero nunca llegaría al grado de madurez que ha alcanzado a orillas del Manzanares.

Tiago es un jugador elegante en sus acciones, no exento de calidad pero sobre todo es un jugador práctico. El jugador que todo entrenador quiere en el terreno de juego, capaz de recibir y asimilar al instante las consignas del técnicos, capaz de leer lo que necesita el partido, y cuando le da el físico, capaz de poner su calidad al servicio de la distribución de juego. Pero su fuerte es el trabajo, trabajo a destajo. Tiago se pone el “mono” en cuanto aparece en el campo y no para de correr, corregir, trabajar y robar. En el partido del Villamarín Tiago robó 15 balones, record esta temporada en el Atlético.

¿Hasta cuándo le durará el físico? Es la pregunta que se hacen todos los aficionados y que entre dientes y con la mano encima de la boca, se hace también Simeone por que el equipo nota la ausencia del portugués en los momentos en los que se vuelve “humano” y nota el peso de los minutos y partidos. Hasta el punto de recuperarle en verano del 2014 cuando el jugador tenía pie y medio en el Chelsea y algunos le consideraban un traidor. Tiago dio un paso atrás, Simeone le convenció y, como le digo muchas veces a mis amigos valencianistas, el Valencia perdió una gran oportunidad de poseer a un centrocampista total.

Tiago ha superado en el Calderón la fama de gafe que le acompañaba en sus primeros títulos ganados con el Atlético cuando los rojiblancos ganaban las finales que él no jugaba, y perdía las que él estaba en el campo. Tiago ha revertido las dudas de aquel verano en alabanzas hacía su estado físico, ha regresado a Portugal muchos años después conscientes en el país vecino en que no tienen un centrocampista de sus características ni jerarquía en la selección y sobre todo, con su habitual humildad y timidez, sigue siendo un “entrenador del futuro” en el terreno de juego.

“Estoy liquidado… estoy muerto”, suele decir el luso cuando te lo encuentras tras un entrenamiento o partido, justo antes de volver a correr 10 kilómetros más en el siguiente partido…

Muchos son los directores y películas de cine que han buscado el secreto de la eterna juventud. Viene a mi mente la última entrega de Piratas del Caribe buscando el manantial de la eterna juventud, o por supuesto, la tercera aventura de Indiana Jones en busca del cáliz de Cristo que concedía la vida eterna. O el título de este escrito, la película de Mel Gibson titulada Eternamente joven, de un piloto al que congelaban en los años 40 y descongelaban en los 90.

Todos ellos tienen respuesta a orillas del Manzanares… Ahí juega un chico de melena, con el 5 a la espalda y que cuenta los kilómetros al revés, como los años… cada año, más joven…

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