Últimas noticias Hemeroteca

Sábado, 24 de Agosto de 2019

Otras localidades

“Vivo enjaulada en una cárcel sin barrotes. Una madre nunca olvida”

Bárbara García perdió a sus dos hijas hace un año cuando su expareja asesinó a Amets y Sara. Un año después, relata su historia a la Cadena SER en esta carta

Cuando ya ha pasado un año sin mis niñas, Amets y Sara, estoy haciendo un recuento de estos doce meses dolorosos, de cómo se me desgarraba el corazón cada vez que recordaba sus risas y pensaba en ir a cogerles unas playeras o unas mallas. Después me daba cuenta de que ya no estaban, que todo era un sueño.

No deseo que nadie pase por un trance similar y quiero poner en conocimiento de la opinión pública que el tiempo pasa, la gente olvida, pero una madre nunca olvida y se consume en silencio sintiendo una pesada losa sobre sí.

Deseo que las autoridades reflexionen sobre nuestra situación, víctimas vivas de la peor violencia que se puede imaginar una madre en la más horrible de las pesadillas. Que te arrebaten lo que más quieres de una forma tan cruel. No, no quiero dar lástima. Para mí hay un antes y un después, desde aquella tarde del 27 de noviembre. Vivo enjaulada en una cárcel sin barrotes que me recuerda cada día esta condena.

Estos hechos, de alguna manera, siguen siendo invisibles, solo contemplados como un número de expediente y un año en el que ocurrió. Fueron contabilizadas solo durante un mes porque a finales de noviembre las asesinaron. Las leyes deben cambiar, no me importa quién lo haga, lo que sí tengo claro es que la protección es insuficiente, solo hay que remitirse a los hechos. Las noticias, un día sí y otro también, van sumando los casos de una forma escalofriante.

Las madres a las que nos arrebataron a nuestros hijos somos doblemente víctimas porque en el fondo de nuestro corazón pensamos por qué no nosotras en lugar de esas criaturas inocentes. Sencillamente porque el que comete la atrocidad sabe que hace más daño así.

Un crimen estremecedor

MARIOLA LOURIDO

Dentro de dos días, el viernes, se cumplirá un año del asesinato de las dos pequeñas asturianas Amets y Sara. Tenían siete y nueve años. Su padre las mató durante el régimen de visitas que le había concedido el juez. Después se suicidó. Y las mató para vengarse de la madre, Bárbara García. El matrimonio se había separado. Bárbara denunció a su exmarido por acoso, por maltrato psicológico y pidió una orden de alejamiento. El juzgado de Pravia se la denegó y decidió archivar la denuncia

¿Por qué? El motivo que adujo el Tribunal Superior de Justicia de Asturias fue que Bárbara no presentó parte de lesiones físicas, que no le pegó y que solo refirió insultos en una discusión subida de tono, discusiones que se venían repitiendo. Así que el juzgado valoró la denuncia simplemente como un caso de posibles vejaciones leves en el ámbito familiar y decretó el sobreseimiento de las diligencias. En el mismo juzgado la mujer había presentado otra denuncia por impago de la pensión de alimentos. Bárbara tenía miedo de que su exmarido se llevara a las niñas a su tierra, al País Vasco, aprovechando las visitas. Así que el hermano de Bárbara lo vigilaba. El agresor lo denunció y al hermano de Bárbara si le pusieron una orden de alejamiento. 

Bárbara se encuentra en una situación de completo abandono institucional. A los ojos de la administración no está reconocida como una víctima de la violencia de género. Parece un sinsentido pero es así. Le han matado a las hijas, pero no es víctima porque su denuncia se archivó. Por lo tanto, no percibe ninguna ayuda económica pública. La ha pedido pero no se la concedieron. Estaba en paro pero ahora un empresario amigo de su hermano le ha dado un empleo. Sin embargo, muchos días no se siente capaz de ir a trabajar. Sobre la terapia psicología, acude al servicio de Salud Mental de Gijón, a 40 kilómetros de su casa. También la atienden en Cavas la asociación de ayuda a las maltratadas. 

            Gobierno y oposición coinciden en que hay que reformar la ley integral para contemplar este tipo de situaciones tan duras. Pero Barbara, Ruth Ortiz, Margarita Dopico y otras madres tendrán que esperar uno, dos o tres años a que el nuevo gobierno y el nuevo Congreso modifique la norma. Y mientras necesitan comer, pagar la hipoteca y seguir viviendo. Estas víctimas tampoco reciben ninguna reparación ni indemnización como otro tipo de víctimas del terrorismo. 

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?