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Jueves, 12 de Diciembre de 2019

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Pero ¿esto qué es?

El quién es quién de la campaña estadounidense para liderar los partidos republicano y demócrata en la carrera a la Casa Blanca

Debate entre los candidatos republicanos organizado por Fox News del que se ausentó Donald Trump. / ()

Este primer día de febrero arranca el que quizá sea el mayor espectáculo político del mundo, que terminará ese famoso primer martes después del primer lunes del mes de noviembre: las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Hace menos de un año, se daba prácticamente por seguro que al final esto sería un duelo entre un Bush y una Clinton, algo más parecido a la coronación de una dinastía que a unas elecciones. Sin embargo, a fecha de hoy, las primarias están resultando las más sorprendentes en muchos años, sobre todo para las élites de los partidos y los votantes más moderados, que viendo la fuerza de candidatos como Trump, Cruz o Sanders, parecen preguntarse: ¿pero esto, qué es?

El proceso es largo y seguro que aún nos quedan por ver muchos cambios de tendencia. Pero cuando allá por el mes de julio el magnate Donald Trump anunció su candidatura nadie fuera de su entorno pensó que a estas alturas iba a estar el primero en las encuestas de su partido, y bien acompañado en casi todas por alguien como Ted Cruz.

En el otro lado, aún cuesta creer que alguien como Bernie Sanders, que se define como “socialista” en un país en el que ese término se asocia tradicionalmente a todo tipo de males, haya puesto más que nerviosos a los responsables del equipo de campaña de la que una vez más se presentaba como la “candidata inevitable”.

Trump, Cruz y Sanders tienen algo en común: están sacando ventaja del voto del descontento. En un caso, el descontento de los jóvenes idealistas que apoyaron el Yes, we can y el Forward de Obama, pero consideran a Hillary demasiado cercana al poder económico y a Wall Street. Demasiado casta…

En los otros, el descontento es el de esos estadounidenses medios que se preocupan por encuestas recientes que confirman que los cristianos ya no son mayoría en el país, y duermen intranquilos pensando que Obama deja un país más débil y susceptible de convertirse de nuevo en objetivo terrorista.

En Europa ese mismo descontento, o uno parecido, ha aupado a Corbyn en el laborismo británico, ha convertido a Podemos en España en una fuerza decisiva, y ha colocado al Frente Nacional de LePen como el partido más votado en las últimas regionales francesas.

Quizá en Europa, Trump, Cruz y Sanders, tendrían su propio partido antisistema, pero en EEUU el sistema da más margen para que los que nada a contracorriente encuentren su hueco dentro de los dos grandes partidos, y en ocasiones, como ahora, hagan temblar sus cimientos.

En todo caso, y aunque tarden más de lo esperado, no es en absoluto descartable que los dos acaben desinflándose y así lo señalan las encuestas a nivel nacional. En el caso de Sanders parece casi inevitable que más allá de los ahora previsibles buenos datos en Iowa y New Hampshire (donde sólo se eligen, por cierto, al 3% de los delegados que finalmente representarán a un candidato en las convenciones nacionales de verano), resista el tirón de Clinton en Nevada y Carolina del Sur, donde el apoyo de las minorías puede resultar clave para la que sería la primera mujer candidata.

Más preocupante para las élites resulta el caso de Trump y Cruz, que están resistiendo mucho más de lo esperado, quizá por el hundimiento precipitado de Jeb Bush, lo que coloca en posición privilegiada al que quizá se convierta en el primer latino en optar a la Casa Blanca. Porque estas dos primeras citas de primarias no son tanto de saber quién las gana, sino de ver quién lo hace mejor de lo previsto. Si dentro de 10 días, cuando ya hayan votado Iowa y New Hampshire, Marco Rubio sigue en pie y aguanta en tercer lugar, quizá las elecciones de noviembre vuelvan a ser históricas. Las de 2008 lo fueron por un candidato negro, éstas lo serían por jugarse entre una mujer y un hispano.

¿Quién es quién?

Hillary Clinton

Fue la candidata inevitable demócrata en 2008 y hasta hace poco parecía que lo volvería a ser ahora. Su Currículum impresionante (primera dama, senadora y Secretaria de Estado) tiene reciente la mancha del escándalo por de los correos electrónicos, que aún está por ver hasta dónde llega. Acaba de recibir el apoyo explícito, una vez más, del The New York Times.

Bernie Sanders

Senador independiente por Vermont, dice abiertamente que es socialista, lo que en EEUU levanta ampollas para la mayoría , pero ha demostrado no ser un problema para los jóvenes demócratas. Habla de la “revolución política necesaria”, pide más control sobre Wall Street y ha conseguido que se hable de igualdad en esta extraña campaña. Su punto débil, un historial poco contundente en un tema tan sensible para los demócratas como el control de armas, de momento parece que no ha restado entusiasmo entre sus entregados seguidores.

Donald Trump

El millonario del mundo de la comunicación, auténtica estrella de televisión, es la gran sorpresa de estas elecciones. Se autodefine como “un ciudadano más” que se atreve a decir lo que otros callan. Está haciendo una campaña innovadora, en la que no apuesta por los “cara a cara” con los votantes tan habituales en primarias, y confía en el impacto que tienen en todos los medios sus frecuentes declaraciones y comentarios fuera de tono sobre todo contra inmigrantes mexicanos, musulmanes y hasta discapacitados.

Ted Cruz

La esperanza del ultraconservador Tea Party. Abogado de prestigio y senador desde 2012, cuando consiguió su escaño por Texas en lo que el Washington Post calificó como “la mayor sorpresa de 2012”. Resulta significativo que eligiera para anunciar su candidatura una universidad fundada por un telepredicador evangelista y que se considera como la mayor universidad cristiana del mundo.

Marco Rubio

El sueño americano: hijo de emigrantes cubanos sin estudios, que se graduó en la Universidad de Miami y ha pasado por todos los niveles antes de aspirar a la presidencia: concejal, escaño en la Cámara de Representantes, portavoz del Parlamento de su Estado, y senador. Fue una estrella para el Tea Party, ahora puede ser la mejor baza para el establishment del partido republicano.

Jeb Bush

Hijo y hermano de presidentes, era el gran favorito antes de que todo empezara. Pese a haber caído muy pronto en las encuestas, cuenta con una recaudación electoral récord lo que aún puede permitirle una carrera larga a la espera de la caída de alguno de sus rivales. La cuestión es que con el panorama actual, serían necesarios más uno y de dos tropiezos. Su mujer es de origen mexicano y habla español perfecto, lo que no impidió que en 2003, poco antes de la intervención internacional en Irak que dirigió su hermano, agradeciera a Aznar el apoyo que estaba dando “el presidente de la República española”.

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