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Viernes, 13 de Diciembre de 2019

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Escribir o cobrar la pensión

Es el dilema al que se tienen que enfrentar los escritores jubilados. Tienen miedo a publicar porque una ley muy polémica les obliga a elegir entre cobrar la pensión o percibir los derechos de autor

Es el caso de escritores consagrados como el premio Cervantes Antonio Gamoneda, Caballero Bonald, Eduardo Mendoza y de tantos otros como Javier Reverte  al que le ha salido caro escribir. Superó por derechos de autor los 9.000 euros del salario mínimo interprofesional y le han quitado la pensión. "Es una barbaridad, una injusticia porque se considera que el trabajo del arte es un trabajo normal, pero no lo es. El trabajo intelectual está expuesto a muchos riesgos. Puedes tener éxito o no y puedes no vender tu obra. Deberían perseguir más el dinero negro o el que se está fugando al extranjero que perseguir al autor cuyo único delito es crear", explica el periodista jubilado y autor de novelas y libros de viajes, que tiene su caso en los tribunales.

"Se puede alquilar, pero no crear"

Es la frase literal que utiliza Manuel Rico, presidente de la Asociación Colegial de Escritores, para explicar la situación que ha forzado a intelectuales a dejar de escribir para cobrar una pensión que les garantice una vida digna y estable. Es decir, un escritor mayor de 65 años, como cualquier otro ciudadano, puede cobrar sin límite ingresos por herencias, puede especular con acciones en bolsa y puede alquilar pisos sin que la ley se aplique en estos casos. Pero si realiza una actividad intelectual no puede pasar del límite que marca el salario mínimo interprofesional. La ley perjudica a los escritores consagrados y a los que no tocan la gloria de la fama. Muchos se han unido en pleitos y demandas que lleva el abogado Carlos Muñoz, convencido de que "al final ganarán pero entretanto el coste es altísimo. El proceso es largo, caro y está causando estragos", explica el letrado.

Cervantes no hubiera escrito el Quijote.

El abogado Carlos Muñoz ilustra con un ejemplo lo que denomina "terrorismo cultural. Si Cervantes hubiera tenido que elegir entre la pensión que cobraba del ejército o escribir nos habríamos quedado sin la segunda parte de El Quijote que terminó cuando tenía 67 años". Las grandes obras de grandes autores como Jose Luis Sampedro o Ana María Matute fueron escritas con más de 65 años. Es en la madurez y en la jubilación cuando normalmente, por tiempo y por experiencia, se escribe más y mejor.

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