Internacional

Amal significa esperanza

La asociación Apainf ha trasladado a dos niños refugiados sirios palestinos del Líbano a Málaga para tratar su sordera. Amal y Nihad les acompañan en el viaje.

Iyad, uno de los niños refugiados sirios palestinos / Sara Selva Ortiz

Madrid

La cara de Iyad, de seis años, cambia cuando su tía, Amal, le pone el audífono en la oreja. De repente la escucha y sonríe. Mientras, Husfein, de cuatro años, da vueltas alrededor. Son los dos niños palestinos sirios que la Asociación palestino andalusí para la infancia (Apainf) ha traído a Málaga para tratar su sordera. Les han trasladado desde el campo de refugiados de Líbano donde viven. Esta semana cogen de nuevo el avión de vuelta.

Amal signfica esperanza

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Detrás de ellos está la historia de las mujeres que les acompañan en el viaje. Husfein viene con su madre, Nihad, de 28 años. Riéndose, esquiva la mirada. Se esfuerza por entender lo que hablamos en inglés pero resulta inútil. No sabe inglés, de hecho, tampoco sabe leer y escribir en árabe. Nihad se casó con 12 años y no pudo ir a la escuela. Ahora vive en un campo de refugiados en Líbano, a 30 km de la frontera con Siria, con sus tres hijos y su marido, enfermo del corazón.

Nihad y Amal

Nihad y Amal / Sara Selva Ortiz

Su tía Amal no deja de sonreir. "Estoy feliz porque ahora [Iyad] escucha y entiende lo que le digo". Ella en Líbano vive con sus dos hijas, sus dos hermanas y sus cinco sobrinos en una casa muy pequeña. La vida allí es difícil: "Es muy caro, yo soy maestra y allí no puedo serlo, allí solo trabajan los de Líbano; puedo ir a limpiar a casas pero soy profesora". Los de allí no nos quieren, nos ven como diferentes", se lamenta.

Amal y sus hijos continúan recordando lo que vivieron en Siria: "mi hija se levanta por las noches asustada. Me dice 'qué ha pasado mamá, qué ha pasado' y yo le digo que nada, que no estamos en Siria, que estamos en Líbano". Nos enseña fotos de su hijo mayor, que está siendo tratado en un hospital en Alemania. A la pregunta de qué le ha pasado responde señalándose la cabeza: "nada físico, es la guerra".

Husfein

Husfein / Sara Selva Ortiz

Amal reflexiona sobre cómo sería la vida aquí. Bromea dejando ver algunos pelos por debajo del velo, llega incluso a decir que se lo quitaría de inmediato. "Aquí se vive seguro, todo es bueno, incluso el gobierno, allí no". Con "allí" se refiere a Siria, donde vivió durante 30 años, en el campo de refugiados palestinos de Yarmouk, en Damasco.  "Antes vivir en Siria era complicado, pero podíamos salir por la noche, ir a ver a la familia, ahora no, ni siquiera de día".

La zona de Yarmouk nació como un campo de refugiados palestinos pero terminó siendo un barrio completamente integrado en la ciudad de Damasco. Es uno de tantos lugares de Siria que han sido duramente atacados desde el comienzo de la guerra. En él se han registrado intensos ataques por parte de las fuerzas del régimen y, desde julio de 2013, ha permanecido aislado, sin apenas acceso a comida, ni medicinas, ni ayuda. En abril de 2015 Daesh y el Frente al Nusra llegaron a controlar grandes zonas. Decenas de personas han muerto de hambre y malnutrición. Más de 3.000 refugiados palestinos han muerto desde que comenzó la guerra en Siria. Ahora todo está destruido y al menos 12.000 palestinos (de los 160.000 que vivían antes) continúan ahí atrapados. "Bashar al-Asad trajo la guerra a Siria. Si él no estuviera, Siria no estaría como está ahora". Afirma con seguridad que "Bashar continuará ahí por muchos años más, solo quiere el poder, le gusta matar a la gente… Ha matado a muchas muchas personas".

Husfein

Husfein / Sara Selva Ortiz

Amal salió a la calle cuando las protestas pacíficas comenzaron a extenderse por el país. Salió con su hija a hombros y se unieron al grito común: "vete Al Asad, no te queremos". "Un día llegaron los soldados y empezaron a disparar, murieron 13 personas, yo cogí a una y la metí en la primera casa que vi". Lo hizo porque si el régimen llegara a identificarlo buscaría a su familia para matarla también, solo por salir a la calle a protestar. Eso es, precisamente, lo que le pasó a Amal. "A mi marido lo mataron de un tiro en la garganta, yo lo vi".  Luego quiso escapar, pero no le dió tiempo: "el régimen me metió en la cárcel durante cinco días, con las manos atadas y los ojos vendados tirada en el suelo. Entraban en la habitación y me pegaban patadas". Cuando salió cogió a sus hijos y se fueron a Líbano.

Pese a todo, lo explica entre risas. Risas fruto de nervios o, simplemente, de resignación. Ahora no puede volver a Siria: "el régimen quiere matarme por haber salido a la calle. Todos quieren matarme". Ya no le queda familia en Siria "están muertos o en la cárcel o en Europa", concluye.

Amal

Amal / Sara Selva Ortiz

Por desgracia, la familia de Amal sabe bien lo que es vivir como refugiado. Son originariamente de Palestina, de donde sus antepasados huyeron a Líbano tras la guerra del 48. Cuando comenzó el conflicto en ese país, marcharon a Siria. De allí huyeron en 2011 para volver a Líbano.

Se distrae viendo como su sobrino y Husfein juegan al escondite con los miembros de la asociación. "Está feliz… antes estaba siempre de brazos cruzados, ahora escucha música y se pone a bailar". Para ellos lo más importante es la educación "solo quiero que mis hijos y sobrinos reciban una educación". En Líbano hay 500.000 refugiados sirios en edad escolar. De ellos, 250.000 no van al colegio, según un informe reciente de Human Rights Watch. Amal, antes de despedirse, nos cuenta que su nombre significa esperanza.

Sara Selva Ortiz

Sara Selva Ortiz

Redactora de la sección de Nacional. Antes trabajó en el equipo de Hoy por Hoy, en Economía, en Informativos...

 
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