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Lunes, 01 de Junio de 2020

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Indeciso, a su pesar

Odia reconocerlo, pero aunque Richard Rutledge siempre ha votado republicano, esta vez no sabe si apoyará a Trump

Indeciso, a su pesarR.P.

“Aún tengo que decidir cuál de los dos es el mal menor”, admite. Tiene 68 años y dedica casi todo el tiempo libre que tiene desde que se jubiló al Museo de la Imprenta de Lancaster (Pensilvania), su gran pasión.

Allí explica a todo el que se para y le presta atención qué quiere decir el 0.918 con el que han dado nombre a la asociación que mantiene la exposición; o explica que la declaración de independencia de los EE UU, antes de ser redactada a mano en el documento que normalmente se cita como el original, pasó por la imprenta para que todos los firmantes lo pudieran revisar con calma en sus casas: o descubre por qué los términos upper case y lower case (mayúsculas y minúsculas en castellano) tienen su explicación histórica.

Es la inmigración, ridículo

En mitad de Pensilvania hay una ciudad donde el 60% de sus habitantes es de origen hispano.

Entre los textos que se pueden imprimir con su ayuda en máquinas para las que no ha pasado el tiempo se encuentra uno de Benjamin Franklin, que le sirve para destacar una de las cosas que sí le gusta de Donald Trump: “Si las imprentas sólo publicaran lo que saben seguro que no molestará a nadie, no se habría impreso casi nada". Lo que traducido a esta campaña podría ser “Trump habla claro aunque moleste”. Pero más allá de eso, Richard admite que muchas de las cosas que dice, como lo que tiene que ver con las mujeres, no las puede entender.

Recuerdos de las visita de algunos colegios y Universidades, entre ellas, la Universidad Gutenberg de Alemania / Rafa Panadero

Por eso aún no sabe qué hará y aunque parece que le da remordimiento no votar republicano, se consuela pensando en que por algún lado se puede compensar la posible traición: “Mi mujer es demócrata y esta vez puede que vote a Trump porque cree que traerá más empleos a la región, así que el uno por el otro….”.

Más allá de cuál sea finalmente el resultado, lo que más le duele es que ni uno ni otro, ni Trump ni Hillary, sean capaces de llegar a un compromiso para que los dos partidos trabajen juntos por el bien común. “La culpa de eso la tienen los republicanos, que en 2008 cuando ganó Obama, dijeron públicamente que su objetivo principal iba a ser que no consiguiera la reelección”, añade desde el fondo Ken Kulakowsky, un buen amigo suyo, demócrata otro de los voluntarios de este museo, que hasta que se ha decidido a intervenir, seguía la conversación desde la parte de atrás trajinaba con unas planchas.

Richard Rutledge y Ken Kulakowsky, republicano y demócrata, en el Heritage Press Museum de Lancaster / Rafa Panadero

Según las últimas encuestas Hillary también tiene aquí en Pensilvania una ventaja que parece cada vez más estable. En 2012 fue uno de los Estados sobre los que Obama fundamentó su victoria y para muchos analistas, Trump no puede llegar a la Casa Blanca si no gana aquí.

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