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Martes, 19 de Noviembre de 2019

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Muere Cohen, el poeta de las canciones

  • El artista canadiense Leonard Cohen ha muerto a los 82 años
  • A lo largo de su vida editó una decena de poemarios y catorce discos que le consagraron como uno de los grandes artistas del siglo XX recibiendo galardones como el Príncipe de Asturias de las Letras o el Grammy honorífico por su trayectoria

El último disco de Cohen sonaba a despedida / ()

Ha muerto el judío errante, el poeta del anhelo, el amante que escribía canciones para despedirse de sus amores, el músico que tenía miedo a cantar y que nunca llegó al número 1 en EEUU, pero cuyo legado, apenas catorce álbumes en cincuenta años de carrera, es parte de la historia de la música, a tal nivel que a las pocas horas de conocerse su muerte un centenar de personas cantaban a oscuras sus canciones en la puerta de su casa en Montreal (Canadá).

Leonard Cohen ha muerto a los 82 años de edad poco después de editar un disco sombrío que sonaba a despedida. Estaba en paz con la vida, aseguró, estaba listo para irse. Se ha ido por la puerta grande, firmando tres álbumes en su vejez que figuran entre lo mejor de su intensa y lírica obra. Se marcha el trovador canadiense, el Príncipe de Asturias de la Artes. Un poeta que no quería cantar y que regaló Suzanne, su primera canción, a su amiga Judy Collins, un hombre que tenía pavor al escenario, pero que se acostumbró y acabó tocando para enfermos mentales en una gira por centros psiquiátricos de la Inglaterra de los años 70. Cohen no quería cantar, pero se convirtió en cantante, en un artista capaz de sedar a medio millón de jóvenes alterados en aquella agitada noche del desastroso Festival de la Isla de Wight, en agosto de 1970. Aquel tipo al que recomendaron que incluyese cuchillas en sus discos, se ha marchado para siempre con la misma elegancia que vivió su madurez y vejez.

El legado de Leonard Cohen no es amplio, pero es profundo, es un universo que habla de mitología, sexo, amor, redención y dioses. Los mismos temas que han ido llenando las páginas de sus poemarios, algunos tan evocadores como El libro del anhelo o Comparemos mitologías. Su trabajo de orfebrería con las palabras lastró su productividad, pero dejó canciones perfectas que le brindaron un extenso repertorio para sus actuaciones. Su vuelta a los escenarios en 2008, tras más de una década de retiro, fue fruto de una traición, de una amiga desleal que se apropió de sus ahorros. Pero también fue una bendición. Aquella puñalada llevó a Cohen de nuevo a la carretera con una gira -de conciertos de tres horas- en la que el poeta mostró al mundo la brillantez de su legado. Con una voz más sabia y profunda, con un repertorio excelente y con humildad y cercanía, Leonard Cohen conquistó a su público por última vez. Pero aquella gira, en la que se hizo acompañar del instrumentista español Javier Mas, fue el germen de Old idea (2012), al que le siguió Popular problems (2014). Discos, junto al reciente I want it darker, que son enormes aportaciones en el ocaso de la carrera y vida del canadiense, trabajos que cierran una obra musical que emana poesía, que cuenta historias, canciones que contienen el mundo y la vida con toda su complejidad y todos sus matices.

Leonard Cohen nunca ha sido un artista de grandes éxitos, pero su carrera ha tenido en este siglo el reconocimiento merecido. Cohen ha recibido premios y ha sentido el aprecio por su obra y su persona en escenarios de todo el mundo, con momentos tan emocionantes como el que le brindó Madrid en 2012 con el Palacio de Deportes en pie en una ovación eterna. Cohen nunca reclamó nada, su modestia le hizo casi pedir perdón en la entrega del Príncipe de Asturias en Oviedo, pero se ha ido sabiendo el impacto que su obra ha tenido en la gente, en sus oyentes y en la cultura popular de dos siglos diferentes.

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