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Jueves, 20 de Febrero de 2020

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Los barrios parisinos acribillados por los terroristas recobran la vida poco a poco

Un año después de la masacre 20 personas siguen hospitalizadas y cientos siguen traumatizados

La sala Bataclan, que esta noche acogerá un concierto de Sting cuya recaudación se destinará integramente a las víctimas del atentado. / ()

Este otoño de París no tiene la temperatura primaveral de hace un año. Pero las terrazas cubiertas están llenas y animadas. Si no lo supiéramos y no viéramos las flores frescas enganchadas en las vallas (todo París está vallado) delante de Bataclan, el drama ocurrido hace un año en estos lugares no se percibiría.

Paso por el café restaurante Comptoir Voltaire donde el terrorista Ibrahim Abdeslam -hermano de Salah, el único miembro del comando yihadista encarcelado- estalla su cinturón explosivo en el interior de la terraza cubierta. Milagrosamente solo provocó su propia muerte y quince heridos graves. Fue el primero de los cafés en reabrir.

Siguiendo el recorrido contrario al que hicieron los terroristas esa noche, a diez minutos a pié, está la Belle Equipe. El comando conducido por Salah Abdeslam ( todavía con su hermano Brahim abordo) acribilla durante un eterno minuto a clientes y personal. El conductor de un taxi, Ahmed, pasaba a pocos metros y su cámara de video registro los tiros y la conversación con su cliente: "son tiros, ráfagas... recule, recule, puede haber una bala perdida..? quien tira?". El coche de los Abdelslam, aparcado en segunda fila con los faros encendidos, arranca y pasa junto al taxi.

Ahmed y su cliente llegaron a socorrer a las víctimas antes que la policía y las ambulancias. "Las imágenes de esa noche se me repiten todas las noches cuando quiero dormir", confiesa el taxista.

El propietario de la Belle Equipe, Grégory Reibenberg, acaba de publicar un libro, 'Para Tess', su hija que ha cumplido ya 9 años. En un estudio de televisión ha contado como la madre de su hija Djamila, de origen tunecino, murió en sus brazos, herida de bala en la espalda. Otras 19 personas fallecieron al lado y diez eran amigos muy próximos.

"Se puede sonreír con la cara llena de cicatrices", dice Reibenberg quien asegura no tener odio, sino sólo "comprender" y mirar hacia adelante, recordar su terraza cosmopolita y mestiza, donde se mezclaban como en la ciudad, clases, razas y religiones..."Esto es lo bonito de la República, que permite sumar, en lugar de restar".

Soul y Reggaeton compiten con las voces alegres de los clientes que llenan esta noche de noviembre la Belle Equipe. Puertas nuevas, las paredes renovadas. En una de ellas cuelga un luminoso que reza "sólo el amor puede vengarnos de los golpes bajos de la vida". Y al lado, un juego de palabras en francés: "sólo porque no tengas nada que decir debes cerrar el pico".

El domingo el restaurante no abrirá. Así lo ha preferido el jefe, nos dice la camarera con acento americano, que asegura que muchos de los antiguos clientes siguen yendo.

La gente de estos barrios de París maltratados ese maldito viernes por la noche quiere sobre todo volver a la normalidad. Como Helen, que unos días después de la masacre tiene la iniciativa de colgar guirnaldas con telas de colores que atraviesen las calles. "Todo el mundo miraba hacia abajo, fotografiaban las flores, los impactos de balas, la acera que ya no queríamos pisar...yo quería que miraran hacia arriba, porque el barrio es también la fiesta...".

Los diez terroristas armados de kalashnikov y cinturones explosivos (sólo el conductor Salah Abdeslam sobrevivió), comenzaron su ruta mortífera en Saint Denis junto al estadio de Francia y terminaron en la sala Bataclan. Asesinaron a 130 personas, 1.952 (según las asociaciones de víctimas que incluyen los traumas psíquicos) resultaron heridas, de ellas más de 350 fueron internadas en clínicas.

Un año después, 20 víctimas continúan hospitalizadas y centenares siguen todavía tratamiento psicológico

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